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LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

Status: En proceso
Genre:Aventura / Hijo/a genio / Fantasía LGBT
Popularitas:189
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Un paseo escolar a una isla prohibida se convierte en una pesadilla mortal. Una empresa secreta oculta experimentos genéticos con dinosaurios modificados, y cuando alguien libera a todas las criaturas, los barcos huyen en pánico… olvidando a cinco estudiantes abandonados a su suerte.

Dan, un chico de 16 años con una inteligencia que nadie imagina, deberá ocultar su verdadero potencial y sus poderes sobrenaturales mientras él y sus compañeros luchan por sobrevivir. Entre la selva llena de depredadores, secretos terribles, peleas, traiciones, miedos y lazos que se rompen o se fortalecen, tendrán que aprender a confiar los unos en los otros… antes de que se conviertan en la próxima presa.

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NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: EL SEÑOR DEL AGUA

Las reservas de agua potable que habíamos encontrado empezaron a escasear de forma alarmante. Los bidones estaban casi vacíos, el agua de lluvia no bastaba para todos y el calor húmedo y pesado nos deshidrataba mucho más rápido de lo que mis cálculos iniciales habían previsto. El único cauce grande y continuo de toda la isla cruzaba la zona oeste: un río ancho, profundo y de corriente lenta, que nacía en las montañas del centro y desembocaba directamente en el mar.

—Es el único sitio seguro para abastecernos —dije señalando con el dedo el plano dibujado sobre una hoja sucia—. Allí el agua es clara y se puede potabilizar sin problemas. Pero es también, sin discusión, el lugar más peligroso después de la zona de los recintos originales.

—¿Por qué exactamente? —preguntó Bruno, que ya se sabía casi de memoria todos los informes y apuntes que habíamos encontrado—. ¿Qué vive ahí?

—Ahí vive el más grande de todos —respondí, y solo de pensarlo sentí un frío cortante recorriéndome la espalda—. El **SPINOSAURUS MUTANTE**. Más de veinte metros de largo, más grande y pesado que el propio T‑Rex.

Salimos al amanecer, cuando la luz todavía era débil y difusa: nosotros cinco más los tres empleados, caminando siempre en círculo cerrado, mirando en todas direcciones al mismo tiempo. Llegamos a la orilla después de una hora y media de camino. El agua era verde oscura, profunda, tan quieta en la superficie que parecía un espejo de cristal sucio. Pero yo sabía perfectamente que **ESA CALMA APARENTE ERA SU MEJOR Y MÁS CRUEL ARMA**.

—Escuchad muy bien las reglas y nadie las rompe —ordené con seriedad total—. No nos acercamos más de dos metros al borde. Llenamos los recipientes desde la orilla más alta y pedregosa, siempre de espaldas a la vegetación, NUNCA de cara al agua ni agachados demasiado. Él no sale a la luz si no es estrictamente necesario. **PUEDE PERMANECER TOTALMENTE SUMERGIDO, INMÓVIL COMO UNA PIEDRA, DURANTE DÍAS ENTEROS, CASI SIN RESPIRAR, SIN MOVER NI UN SOLO MÚSCULO, HASTA QUE CREES QUE NO HAY NADA VIVO EN EL RÍO. Y EN ESE INSTANTE EXACTO, TE ARRANCA HACIA ABAJO SIN DARTE TIEMPO NI DE GRITAR**.

Empezamos a llenar bidones y botellas con mucha calma, nerviosos de punta a punta; cada crujido lejano nos hacía saltar del susto. Javier y Marcos vigilaban río arriba y río abajo con atención. Bruno estaba agachado en el punto más bajo y llano, casi rozando la superficie con las rodillas, demasiado distraído repasando mentalmente datos técnicos de los informes.

Vi entonces cómo el tono del agua cambió muy levemente, una sombra oscura, alargada y enorme, que no era reflejo de nube ni de árbol. Se deslizó sin levantar ni una sola ola, sin soltar ni una burbuja de aire. Mi cerebro calculó velocidad, peso, profundidad y trayectoria en menos de una décima de segundo.

—¡BRUNO, SALTA DE INMEDIATO, HACIA ATRÁS, YA! —GRITÉ CON TODAS LAS FUERZAS QUE TENÍA EN LOS PULMONES.

Bruno reaccionó tarde por la sorpresa. De las profundidades salió de golpe una garra inmensa, del tamaño del torso de un hombre adulto, uñas largas como cuchillos de carnicero, curvadas y negras como el carbón. El agua estalló como si hubiera explotado una bomba debajo. Apareció la cabeza larga y estrella, llena de dientes cónicos y afilados como agujas de coser, y sobre el lomo, **LAS ESPINAS GIGANTESCAS QUE BRILLABAN CON UN TONO VERDE AZULADO TÓXICO INCLUSO BAJO LA LUZ PÁLIDA DEL SOL**, otra modificación de laboratorio para intimidar y, según los papeles, para secretar sustancias dañinas por contacto.

La garra pasó a escasos centímetros de la pierna de Bruno, le rasgó el pantalón y la piel dejando una herida larga y profunda que manchó de rojo el agua clara, y el animal cayó de nuevo al río con un estruendo que nos mojó hasta los huesos a todos. Bruno resbaló hacia atrás, deslizándose peligrosamente cerca del borde otra vez. El Spinosaurus giró ágil bajo la superficie y volvió a asomar la cabeza abriendo las fauces de par en par, con un rugido que sonaba mitad metálico mitad agudo, capaz de doler en los oídos.

Todos gritamos, corrimos, levantamos palos y lanzamos piedras, pero sabíamos con total claridad que nada de eso le haría ni un simple rasguño. Él estaba en su elemento, nosotros solo éramos intrusos. Podía sentir nuestras vibraciones en el agua, oler nuestra sangre desde cientos de metros de distancia. **ERA EL DIOS ABSOLUTO DE ESE RÍO, Y ALLÍ ERA PRÁCTICAMENTE INVENCIBLE**.

Vi que iba a lanzar todo su cuerpo fuera del agua para aplastarnos o atrapar a cualquiera que tuviera más cerca. Calculé el punto exacto donde su peso chocaría contra la orilla blanda, el ángulo de caída, la fracción de segundo que tardaría. Corrí hacia Bruno, todavía aturdido en el suelo, lo agarré con fuerza del brazo y la ropa y lo tiré hacia un lado y hacia atrás con una precisión de milímetros, justo en el instante en que la mandíbula gigante cerró de golpe en el MISMO LUGAR donde había estado su cabeza medio segundo antes. Los dientes chocaron entre sí con un sonido seco y fuerte, como un martillo golpeando un bloque de acero.

Salimos corriendo desesperados, sin mirar atrás ni una sola vez, hasta que estuvimos bien lejos, sobre terreno alto, seco y cubierto de árboles gruesos. Nos dejamos caer al suelo agotados, tosiendo, temblando de pies a cabeza. Bruno lloraba a moco tendido por el dolor y el susto, la pierna completamente manchada de rojo. Mia corrió de inmediato a curarlo, desinfectar con lo que tenía y vendar bien fuerte la herida.

—Me… me agarró solo de los pelos —balbuceaba entre sollozos—. Sentí su aliento caliente en la cara. Huele a muerte podrida y a metal frío.

Todos me miraban ahora con los ojos muy abiertos y sorprendidos. Lo hice tan rápido, tan perfecto y calculado, que pareció magia o que sabía el futuro antes de que llegara.

—¿Cómo… cómo reaccionaste tan rápido y tan bien? —preguntó Marcos, uno de los empleados, sin poder creerlo—. Cualquier otra persona habría fallado por un pelo y estaría muerto ahora mismo.

Me limpié el sudor frío de la frente y me encogí de hombros con total naturalidad, ocultando muy bien que mi mente había procesado más de trescientas variables en un instante.

—Fue pura suerte y reflejos —respondí como si nada—. Nada más.

Nadie dijo nada más en voz alta. Pero en sus miradas se notaba que ya no creían del todo que fuera solo suerte. Y yo, por mi parte, seguí guardando para mí el secreto más grande: **esa velocidad de pensamiento no tenía nada que ver con la suerte**.

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😈 Hunter. 😈
Me encantó 🥰 quiero más.
saludos.
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