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SOMBRAS QUE NO SEVAN

SOMBRAS QUE NO SEVAN

Status: En proceso
Genre:Escuela / Fantasía LGBT / Traiciones y engaños
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.

Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.

Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…

Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

TEMPORADA 2: CAPÍTULO 5: EL DOLOR QUE SOLO TÚ

La rejilla de ventilación parecía demasiado pequeña para que cupiera nadie, pero al menos era la única salida que tenían. Mientras Tomás y Lucas intentaban soltarla con una barra de hierro que encontraron en un rincón, el silencio volvió a caer sobre la jaula de barrotes fríos. Izack se sentó en el suelo, abrazando sus rodillas contra el pecho, y sintió que se le rompía el corazón en mil pedazos.

Todo lo que habían descubierto, toda la frialdad de Elvira, la forma en que habló de sus padres como si fueran objetos que estorbaban… le dolía más que cualquier golpe. Hundió el rostro entre sus rodillas y empezó a llorar, sin hacer ruido, con un llanto silencioso que le apretaba la garganta hasta dolerle. Se sentía tan pequeño, tan solo, tan cansado de pelear contra algo mucho más grande que él.

No intentó ocultarlo cuando Axel se sentó a su lado. Al contrario, se giró y se escondió en su pecho, aferrándose a su camisa con todas sus fuerzas, como si él fuera el único ancla que le quedaba en el mundo. Axel no dijo nada al principio. Solo lo rodeó con sus brazos, lo cubrió con su propio cuerpo para darle calor, y le acarició el pelo muy despacio, dejando que llorara todo lo que necesitaba.

—Siento que nunca termina —dijo Izack al final, con la voz rota y húmeda—. Siento que todo lo que hago es inútil. Que ellos siguen ganando, que mis padres siguen muertos y nadie les va a pedir cuentas. Que… que no merezco estar aquí, que solo traigo dolor a los que quiero.

Axel le levantó suavemente el rostro, limpiándole las lágrimas con las yemas de los dedos, mirándolo a los ojos con una ternura tan inmensa que le hizo llorar más fuerte.

—No digas eso —le pidió muy bajito—. No sabes cuánta fuerza tienes. No sabes lo valiente que eres al seguir adelante, aunque te duela el alma. Y el dolor que sientes… no es culpa tuya. Es porque los amaste mucho. Y eso no es nada de lo que debas avergonzarte.

Lo atrajo de nuevo hacia sí, y esta vez el abrazo fue distinto: más lento, más íntimo. Izack sintió cómo los latidos del corazón de Axel se mezclaban con los suyos, cómo sus manos recorrían su espalda con un cariño que nadie le había dado nunca, como si quisiera reparar cada pedazo roto que llevaba dentro. Se besaron despacio, sin prisa, mezclando las lágrimas con el sabor de los labios del otro: un beso que no era solo deseo, sino consuelo, un refugio en medio de la tormenta. Axel le besó las mejillas húmedas, la comisura de los labios, la frente, cada lugar donde el dolor se le había marcado en la piel, prometiéndole sin palabras que no lo dejaría caer.

—Te quiero tal como eres —murmuró Axel contra su oído—. Con todo tu dolor, con todo tu pasado, con todo lo que eres. Y voy a estar aquí hasta que dejes de sentirte solo.

Izack cerró los ojos y se dejó querer, sintiendo por primera vez que no tenía que ser fuerte siempre, que podía mostrarse herido y no lo rechazarían. Pero entonces, al mirar la carpeta roja que habían salvado, volvió a ver la foto pequeña de sus padres, sonriendo en un día de campo, y el llanto volvió a subirle por la garganta.

—Nunca les dije lo orgulloso que estaba de ellos —susurró—. Nunca les dije cuánto los amaba de verdad.

Axel tomó su mano y la apretó contra su pecho, justo sobre su corazón.

—Ellos lo sabían —le dijo con mucha calma—. Lo sabían. Y ahora ellos saben que sigues luchando por ellos. Y eso es lo que más les habría gustado.

En ese momento escucharon un ruido fuerte: la rejilla se soltó. Pero nadie se movió de inmediato. Izack apoyó la cabeza en el hombro de Axel, sabiendo que por difícil que fuera el camino, ya no caminaba cargando su tristeza solo.

**FIN DEL CAPÍTULO 15**

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