En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Liam 2 - Lista 1- Lista 2
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Perdón hubo un error y faltaron dos capítulos.
Por eso modifiqué este.
Gracias por avisarme 😸
Cariños ✨
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Liam 2
Liam permaneció varios minutos mirando la luz que entraba por la ventana.
El aire fresco seguía recorriendo lentamente la habitación.
Era una sensación extraña.
Hacía tanto tiempo que mantenía las cortinas cerradas que casi había olvidado cómo se veía el amanecer desde su dormitorio.
No podía dejar de pensar en aquella joven.
En su forma de hablar.
En la tranquilidad con la que lo había obligado a enfrentarse a sus propias palabras.
Y, sobre todo...
En aquella simple pregunta.
"¿Qué quiere hacer?"
Nunca había sabido responderla.
Unos golpes suaves interrumpieron sus pensamientos.
—Mi señor.
Era el mayordomo.
—Adelante.
El hombre entró con la misma elegancia de siempre.
Hizo una leve reverencia.
—¿Desea desayunar?
Liam asintió.
—Sí.
Hubo una breve pausa.
Luego preguntó, casi sin darse cuenta:
—¿Dónde está esa maga?
El mayordomo respondió con naturalidad.
—Está desayunando.
Liam se incorporó un poco sobre la cama.
—Bien. Iré al comedor.
El mayordomo pareció confundirse.
—Mi señor... La señorita Lila no está en el comedor principal.
—¿No?
—Está desayunando en la cocina. Junto a las doncellas.
Durante unos segundos, Liam creyó haber escuchado mal.
—¿En la cocina?
—Sí.
El mayordomo asintió.
—Como...
No alcanzó a terminar.
La expresión del duque se endureció.
—¿Es una representante oficial del templo?
—Sí, mi señor.
—¿Y la hicieron comer con el personal de servicio?
El mayordomo abrió ligeramente la boca.
—En realidad...
Pero Liam volvió a hablar antes de que pudiera explicarse.
—Es una invitada de esta casa. No una criada.
Su voz era firme.
—Aunque sea joven. Aunque vista una túnica sencilla. Representa al templo. Y merece el mismo respeto que cualquier otro mago.
El mayordomo permaneció completamente inmóvil.
Intentó nuevamente intervenir.
—Mi señor, la señorita Lila fue quien...
—No importa.
Lo interrumpió Liam.
—Tráiganme el desayuno aquí. Y, cuando termine... Pidan a la maga que venga. Quiero hablar con ella.
El mayordomo realizó una reverencia.
—Como ordene.
Sin embargo, mientras abandonaba la habitación, no pudo evitar suspirar para sus adentros.
[En realidad...]
[Fue ella quien pidió desayunar con las doncellas.]
En ese mismo momento, Lila terminaba tranquilamente su desayuno en la amplia cocina de la mansión.
Las cocineras conversaban entre ellas mientras preparaban el pan del día.
Las doncellas entraban y salían llevando bandejas.
El ambiente era cálido y animado.
Lila sonreía mientras una de las cocineras insistía en servirle otra taza de té.
—Está delicioso.
Comentó con sinceridad.
La mujer sonrió satisfecha.
—Me alegra que le guste.
Lila era incapaz de sentirse incómoda allí.
Después de todo, durante años había comido en el comedor común del templo junto a aprendices, sanadores, cocineros y jardineros.
Nunca había entendido por qué algunas personas consideraban que compartir una mesa hacía a alguien más o menos importante.
Mientras ayudaba a recoger su bandeja, el mayordomo apareció en la entrada.
Las doncellas hicieron una pequeña reverencia.
—Señor.
El hombre buscó con la mirada hasta encontrar a Lila.
—Señorita Lila.
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
—Mi señor desea hablar con usted cuando le sea posible.
Lila asintió.
—Por supuesto.
Luego miró discretamente el estado de su túnica.
Había pasado toda la noche viajando.
Después había utilizado casi todo su maná.
Y finalmente se había quedado dormida junto a la cama del duque.
Debía de verse bastante desarreglada.
Sonrió con cierta vergüenza.
—Antes quisiera darme un baño, si es posible.
El mayordomo asintió.
—Naturalmente.
Lila volvió la cabeza hacia una de las doncellas.
—¿Podría indicarme dónde puedo asearme?
—Con mucho gusto.
Respondió la joven.
Como la llegada de Lila había sido completamente inesperada y el duque aún no la había recibido oficialmente como huésped de la familia Lovelace, nadie había preparado una habitación para ella en el ala de invitados.
Por ello, la doncella la condujo hacia una pequeña habitación destinada normalmente al personal de servicio que permanecía varios días en la mansión.
—Disculpe que sea una habitación tan sencilla.
Dijo la joven con cierta timidez.
Lila observó el lugar.
Era pequeña.
Había una cama individual.
Un armario de madera.
Una mesa.
Y un baño modesto, pero perfectamente limpio.
Sonrió con la misma calidez de siempre.
—Es más que suficiente.
Muchas gracias.
La doncella pareció aliviada.
—Le prepararé agua caliente enseguida.
—No se preocupe.
Con esto estoy muy bien.
Cuando la joven salió, Lila dejó su bolso sobre la cama y miró alrededor.
[Es muy cómoda.]
[Pasé años durmiendo en una habitación parecida en el templo.]
No sintió el menor desagrado.
Al contrario.
Le resultaba acogedora.
Mientras comenzaba a preparar el baño, ignoraba por completo que, en el segundo piso de la mansión, el duque Liam seguía convencido de que sus sirvientes habían tratado con descortesía a la joven maga que acababa de aliviar el peor dolor que había sufrido en años.
El mayordomo abandonó la habitación para revisar la correspondencia que había llegado durante la madrugada.
El dormitorio volvió a quedar en silencio.
Liam apenas había terminado una parte del desayuno cuando escuchó unos golpes suaves en la puerta.
—Adelante.
Una joven doncella entró inclinando la cabeza.
—Mi señor, he venido a retirar la bandeja.
Mientras recogía los platos, Liam preguntó sin levantar demasiado la vista.
—¿La maga ya terminó de desayunar?
—Sí, mi señor.
⸺¿Dónde esta ahora?
⸺En la habitación.
—¿Dónde está alojada?
La doncella respondió con total naturalidad.
—En una habitación de servicio.
El silencio fue absoluto.
La muchacha levantó la vista con cautela.
La expresión del duque se había endurecido por completo.
—¿Qué acabas de decir?
Ella tragó saliva.
—La... la habitación de servicio, mi señor.
Liam dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—¿Creen que esa es una forma adecuada de tratar a una representante oficial del templo?
La doncella abrió la boca para explicar la situación.
—Mi señor, en realidad...
En ese momento la puerta volvió a abrirse.
Lila apareció en la entrada.
Su cabello todavía estaba ligeramente húmedo por el baño y llevaba una túnica limpia del templo.
Al escuchar las últimas palabras del duque, comprendió enseguida lo que estaba ocurriendo.
Sonrió con tranquilidad.
—No tengo ningún problema con esa habitación.
Liam volvió la cabeza hacia ella.
—Sí lo hay.
Su respuesta fue inmediata.
—Es una invitada de esta casa. No corresponde que duerma en las habitaciones destinadas al servicio.
Lila negó suavemente.
—De verdad, estoy bien. Es limpia, tranquila y tiene todo lo necesario.
Liam la observó unos segundos.
Luego habló con firmeza.
—Será trasladada inmediatamente a una habitación de invitados.
Lila iba a responder, pero el duque ya había tomado la decisión.
Miró a la doncella.
—Organice el cambio.
La joven hizo una rápida reverencia.
—Sí, mi señor.
Lila soltó un pequeño suspiro resignado.
—De acuerdo.
La doncella sonrió.
—Yo la ayudaré con sus pertenencias.
Lila respondió con una pequeña risa.
—No hará falta mucho esfuerzo. No traje casi nada.
La joven la miró con curiosidad.
—¿Solo ese bolso?
—Sí. Después de todo... No pienso quedarme mucho tiempo.
Las palabras salieron con absoluta naturalidad.
Pero apenas terminaron de pronunciarse...
Liam sintió una extraña molestia.
Frunció ligeramente el ceño.
[No pensaba quedarse...]
Aquella idea le resultó desagradable por un motivo que ni él mismo comprendía.
La doncella, ajena a aquel cambio en el ambiente, realizó otra reverencia y salió de la habitación para preparar el traslado.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, quedaron nuevamente solos.
Lila tomó asiento junto a la cama.
Lo observó unos instantes.
—¿Pensó en lo que hablamos?
Liam desvió la mirada hacia la ventana.
Permaneció varios segundos en silencio antes de responder.
—No quiero hacer el ridículo.
Su voz sonaba cansada.
—Estoy harto de probar tratamientos que no funcionan. Harto de ilusionarme. Y de terminar exactamente igual.
Lila escuchó sin interrumpir.
Luego asintió lentamente.
—Entiendo.
No intentó convencerlo.
Ni discutir.
Simplemente aceptó sus palabras.
Después habló con la misma serenidad de siempre.
—Entonces... Ordene su vida.
Liam volvió a mirarla.
Ella continuó.
—Ponga en orden todos sus asuntos. Designe claramente quién continuará con cada responsabilidad. Entregue aquello que desea dejar a las personas importantes para usted. Resuelva los conflictos pendientes. Deje instrucciones para su ducado. Y despídase de quienes ama.
El duque permaneció completamente inmóvil.
Lila hablaba con una tranquilidad que hacía aún más impactantes sus palabras.
—Así... Cuando llegue el momento... No dejará asuntos sin resolver.
Liam bajó lentamente la mirada.
Por primera vez en mucho tiempo... Pensó seriamente en todo aquello que aún no había hecho.
Su biblioteca.
Los agricultores que esperaban una reforma.
Los niños del ducado.
Las cartas que nunca respondió.
Las promesas que fue posponiendo porque siempre creyó que tendría tiempo después.
Finalmente asintió muy despacio.
—Supongo... Que debería hacerlo.
Lila sonrió con suavidad.
—Me parece una buena decisión.
Luego se puso de pie.
—En ese caso... Esta misma tarde regresaré al templo.
Liam levantó la cabeza de inmediato.
—¿Qué?
—No tiene sentido que permanezca aquí.
Respondió ella con naturalidad.
—Ordenar un ducado llevará bastante tiempo. Semanas, quizá meses. Mientras tanto, hay muchas personas esperándome. Pacientes que necesitan atención. Niños. Mujeres embarazadas. Ancianos. No sería correcto dejarlos esperando.
Liam frunció el ceño.
—No puede irse.
Lila lo miró con cierta sorpresa.
—¿Por qué no?
Él abrió la boca.
Pero ninguna respuesta salió de inmediato.
Porque, hasta ese momento, ni siquiera él comprendía por qué aquella idea le resultaba tan insoportable.
Solo sabía una cosa.
Después de años resignado a convivir con el dolor, la llegada de aquella joven maga había alterado la tranquilidad de su resignación.
Y no estaba preparado para verla marcharse tan pronto.
Liam sostuvo su mirada.
Durante varios segundos ninguno de los dos habló.
Finalmente fue él quien rompió el silencio.
—Si me muero así...
Hizo un gesto hacia su propio cuerpo.
—Por este dolor... No podré hacer ninguna de las cosas que me dijo.
Lila permaneció atenta.
Él continuó.
—No podré revisar documentos durante horas. Ni recorrer el ducado. Ni despedirme de las personas importantes.
Cada palabra parecía costarle admitirla.
—Si apenas puedo levantarme algunos días... ¿Cómo espera que ordene mi vida?
Lila reflexionó unos instantes.
Después asintió.
—Tiene razón.
Abrió su bolso y comenzó a revisar algunos pequeños frascos.
—Puedo dejarle varias pociones para aliviar parte del dolor.
Levantó uno de los recipientes de cristal.
—No eliminarán completamente los síntomas, pero harán que sean más soportables.
Volvió a guardarlo.
—Con eso debería poder hacer todo lo que necesita antes de... irme para siempre
No terminó la frase.
Liam la interrumpió.
—¿Y si acepto?
Lila levantó la vista.
—¿Aceptar qué?
El duque respiró profundamente.
Era evidente que aquellas palabras no le resultaban fáciles.
—Que intente otras cosas.
La habitación quedó en silencio.
—Que busque otra explicación para mi enfermedad.
Lila permaneció inmóvil.
No respondió de inmediato.
Porque durante toda la conversación él había rechazado exactamente esa posibilidad.
Lo observó con atención.
—¿Habla en serio?
Liam bajó la mirada.
Tardó varios segundos en responder.
—No lo sé.
Su sinceridad sorprendió incluso a él mismo.
—Pero...
Apretó ligeramente una mano.
—No había conocido a nadie que realmente entendiera lo que significa... Querer morir.. no ser una carga y la frustración que se tiene de que el cuerpo no responda.
Lila guardó silencio.
Él continuó hablando lentamente.
—Todos intentan convencerme. Todos dicen que debo seguir luchando. Pero nadie parece comprender lo cansado que estoy.
Sus ojos ámbar volvieron a encontrarse con los violetas de Lila.
—Usted sí lo entendió.
Lila sonrió con tristeza.
—Porque yo también estuve allí.
Su voz era apenas un susurro.
—Cuando llegó mi momento... Ya había agotado todas las posibilidades que conocía. Todos los tratamientos. Todos los médicos. Todos los hospitales.
Respiró profundamente.
—Por eso pude irme en paz. Porque sabía que no me había rendido antes de tiempo.
Hubo un breve silencio.
Luego sonrió con cierta melancolía.
—Aunque... También fui cobarde.
Liam frunció ligeramente el ceño.
—¿Cobarde?
Ella asintió.
—Sí. Me alejé de mi familia para que no me vieran sufrir. Pensé que así los protegería.
Bajó lentamente la mirada.
—Nunca pensé que... Cuando se enteraran de mi muerte... Sufrirían exactamente igual.
Sus dedos se entrelazaron sobre el regazo.
—Solo conseguí que no pudieran despedirse de mí.
Aquellas palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Liam sintió un nudo en el pecho.
Por primera vez imaginó a las personas que habían permanecido a su lado durante tantos años.
El viejo mayordomo.
Los sirvientes.
Los caballeros que seguían trabajando para él.
Las familias de su ducado.
Si él desaparecía...
Todos ellos también sufrirían.
No porque fuera un duque.
Sino porque era alguien importante para ellos.
Cerró lentamente los ojos.
Luego asintió.
Muy despacio.
—Entiendo.
Lila observó aquel pequeño gesto.
Y sonrió con calidez.
—Entonces... Creo que podemos hacer un trato.
Liam volvió a abrir los ojos.
Ella se acomodó nuevamente en la silla.
—Yo permaneceré aquí. Investigaré mágicamente el origen de su enfermedad. Buscaré tratamientos nuevos. Estudiaré todo lo que encuentre. Si es necesario escribiré al templo y a otros reinos para consultar a más especialistas.
Hizo una breve pausa.
—Mientras tanto... También aliviaré su dolor todo lo que pueda.
El duque escuchaba sin apartar la vista. Lila terminó de hablar con la misma serenidad que había mostrado desde el principio.
—Y si, después de haber agotado realmente todas las posibilidades... No conseguimos salvarlo... Entonces no permitiré que afronte ese momento solo. Lo ayudaré a marcharse en paz.
No era una promesa de éxito.
Ni una falsa esperanza.
Era algo mucho más valioso.
La promesa de no abandonarlo, cualquiera que fuera el resultado.
Liam sintió que el peso que llevaba sobre los hombros desde hacía tantos años disminuía un poco.
No porque creyera que fuera a curarse.
Sino porque, por primera vez, alguien no le ofrecía optimismo vacío.
Le ofrecía compañía.
Después de unos segundos... Asintió.
—Acepto.
Lila sonrió.
Era una sonrisa pequeña.
Pero llena de alivio.
—Entonces tenemos un acuerdo.
Se puso de pie y extendió una mano hacia él.
Liam observó aquella mano durante unos instantes.
Finalmente levantó la suya y estrechó la de la joven maga.
Su mano estaba tibia.
La de Lila era sorprendentemente cálida.
En ese sencillo apretón quedó sellado un pacto muy distinto a cualquier contrato entre un noble y una sanadora.
No era un acuerdo basado en dinero.
Ni en obligaciones.
Era la promesa de que, desde ese día, enfrentarían juntos la búsqueda de una respuesta.
Y solo cuando ya no existiera ningún camino por recorrer...
Aceptarían el final, si es que ese final realmente llegaba.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Lista 1
El duque observó la mano de Lila unos segundos más antes de soltarla.
Todavía le resultaba extraño.
No porque hubiera aceptado recibir ayuda.
Sino porque aquella joven no le había prometido un milagro.
Le había prometido honestidad.
Y eso, después de tantos años escuchando falsas esperanzas, tenía un valor inmenso.
Respiró lentamente.
—Ha sido un viaje muy largo.
Lila levantó la vista.
—Sí.
—Vaya a descansar.
Mañana comenzaremos.
Ella sonrió con amabilidad.
—De acuerdo.
Hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación.
Apenas la puerta se cerró, el mayordomo apareció en el pasillo.
—Señorita Lila.
Ella volvió a sonreír.
—¿Sí?
—Mi señor ha ordenado preparar una habitación adecuada para usted.
Lila abrió un poco los ojos.
—No era necesario...
El mayordomo respondió con una expresión casi solemne.
—Según sus palabras, "una invitada del templo merece ser tratada como corresponde".
Aquello hizo sonreír a Lila.
[No parece tan malhumorado como intenta aparentar.]
Siguió al mayordomo por los largos pasillos de la mansión.
Cuando este abrió la puerta, Lila quedó completamente inmóvil.
La habitación era enorme.
Una cama que ocupaba el centro del dormitorio.
Las ventanas daban hacia un amplio jardín.
Había una pequeña sala de estar con sofás, una biblioteca, un escritorio de madera oscura y un cuarto de baño varias veces más grande que el de la habitación donde había pasado la noche anterior.
Todo estaba decorado con elegancia, pero sin excesos.
Lila observó el lugar unos segundos.
Después sonrió con cierta vergüenza.
—Es demasiado grande para mí.
El mayordomo dejó el pequeño bolso sobre una mesa.
—Espero que sea de su agrado.
—Lo es. Muchísimo.
Cuando quedó sola, caminó lentamente por la habitación.
Abrió una de las ventanas.
La brisa de la mañana entró inmediatamente.
Después se dejó caer sobre la cama.
Era tan suave que casi sintió que flotaba.
[Definitivamente...]
[No estoy acostumbrada a esto.]
No tardó mucho en quedarse profundamente dormida.
A la mañana siguiente despertó completamente recuperada.
Después de desayunar, una doncella la condujo hasta un pequeño salón donde el duque ya la esperaba.
Liam se encontraba sentado junto a una mesa llena de documentos.
Al verla entrar, dejó la pluma a un lado.
—Buenos días.
—Buenos días, duque.
Ella tomó asiento frente a él.
Durante unos segundos ninguno habló.
Lila sacó un pequeño cuaderno de su bolso.
Lo abrió.
Luego levantó la vista.
—Antes de comenzar con su enfermedad... Necesitamos hacer algo.
Liam arqueó ligeramente una ceja.
—¿Qué cosa?
—Una lista.
El duque parpadeó.
—¿Una lista?
Lila asintió con total naturalidad.
—Sí. Una lista de todo lo que quiere hacer antes de morir.
Liam permaneció completamente inmóvil.
Aquella propuesta era tan inesperada que no supo cómo reaccionar.
Lila continuó.
—Hace unas semanas conocí a la duquesa O'Neill. Estaba embarazada nuevamente.
Sonrió al recordarlo.
—Tenía la costumbre de hacer listas para absolutamente todo. Listas de nombres. De ropa. De libros. De compras. De tareas. Incluso una lista de las cosas que quería enseñarles a sus hijos cuando crecieran.
Dejó escapar una pequeña risa.
—Al principio pensé que era exagerado. Pero después comprendí que organizar sus ideas la hacía sentirse mucho más tranquila.
Tomó el cuaderno y lo colocó frente a Liam.
—Las listas sirven para ordenar aquello que tenemos dentro de la cabeza. Y ahora mismo... Creo que usted lo necesita.
El duque observó el cuaderno.
Nunca había escrito algo semejante.
Pero, por alguna razón, no le parecía una mala idea.
Tomó la pluma.
Mojó la punta en tinta.
Y permaneció varios minutos sin escribir una sola palabra.
Lila no dijo nada.
Simplemente esperó.
Finalmente, Liam escribió la primera línea.
"Recorrer nuevamente todas las tierras del ducado."
La observó unos segundos.
Luego escribió otra.
"Revisar personalmente las cuentas antes de delegarlas."
Después otra.
"Hablar con los caballeros."
Y otra más.
"Visitar la tumba de mis padres."
La pluma permaneció inmóvil unos instantes.
Sin darse cuenta, la lista comenzaba a crecer.
Lila sonrió con discreción.
[No está pensando solo en morir...]
[Está pensando en vivir el tiempo que todavía tiene.]
Mientras seguía escribiendo, Liam comenzó a notar algo extraño.
Lila se había acercado para leer algunas de las anotaciones y señalar un espacio vacío del papel.
No estaba haciendo nada fuera de lo normal.
Pero la distancia entre ambos era muy pequeña.
Podía percibir el suave aroma de las hierbas medicinales que siempre parecía acompañarla.
Y, cuando ella se inclinaba para observar el cuaderno, algunos mechones de su cabello claro caían cerca de su brazo.
Aquello lo puso inexplicablemente nervioso.
Nunca antes había prestado atención a algo semejante.
Carraspeó con disimulo y se movió apenas unos centímetros hacia el otro lado de la silla.
Lila no pareció notarlo.
Seguía completamente concentrada en la lista.
—Creo que falta una pregunta importante.
Liam levantó la vista.
—¿Cuál?
Ella sonrió con la misma dulzura de siempre.
—¿Qué cosas nunca hizo... simplemente porque pensó que no tendría tiempo?
El duque volvió a mirar el papel.
La punta de la pluma permaneció suspendida varios segundos.
Y, por primera vez en muchos años...
Comenzó a pensar no solo en aquello que debía hacer como duque.
Sino también en aquello que Liam Lovelace siempre había querido hacer como persona.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Lista 2
Liam permaneció varios minutos observando la lista.
Cada nueva línea que escribía le hacía darse cuenta de algo.
Durante años había organizado el ducado.
Las cosechas.
Los impuestos.
Los entrenamientos de los caballeros.
Las rutas comerciales.
Pero jamás se había detenido a organizar su propia vida.
Lila cerró suavemente el cuaderno.
—Muy bien.
Ahora comenzaremos con la otra lista.
Liam levantó una ceja.
—¿Otra?
Ella sonrió.
—La lista de todo lo que aún no sabemos.
El duque la miró confundido.
Lila tomó varias hojas en blanco y comenzó a escribir.
—Cuando una enfermedad permanece tantos años sin diagnóstico es porque alguien pasó algo por alto. No significa que los otros magos fueran incompetentes. Significa que debemos mirar desde otro ángulo.
Liam permaneció en silencio.
Ella escribió varios títulos.
Lo que sabemos.
Lo que creemos saber.
Lo que nunca se ha comprobado.
El duque no pudo evitar sonreír un poco.
—Parece una investigación.
Lila asintió.
—Lo es.
Levantó la vista.
—Y usted será mi ayudante.
—¿Yo?
—Claro.
Nadie conoce mejor su cuerpo que usted.
Durante toda la mañana Lila comenzó a hacer preguntas.
No eran las típicas preguntas de un sanador.
—¿Cuándo apareció el primer dolor?
—A los cinco años.
—¿Siempre fue igual?
—No.
Al principio era muy leve.
Lila escribió.
—¿Recuerda qué estaba haciendo antes de la primera crisis?
Liam permaneció pensativo.
—Entrenaba con un maestro de espada.
Ella anotó aquello.
—¿Desde entonces el dolor aumentó únicamente cuando hacía ejercicio?
—Sí...
Respondió lentamente.
—Aunque después comenzó a aparecer incluso sin entrenar.
Lila volvió a escribir.
—¿Qué parte duele primero?
—Los músculos. Después las articulaciones. Luego todo el cuerpo.
La joven seguía llenando hojas una tras otra.
En ocasiones hacía preguntas tan extrañas que Liam terminaba mirándola con sorpresa.
—¿Qué alimentos le gustan?
—¿Eh?
—Responda.
—Carne... Supongo.
—¿Hay alguno que le haga sentir peor?
Liam lo pensó.
—Nunca me fijé.
Ella anotó una estrella junto a esa respuesta.
—Entonces comenzaremos a fijarnos.
Aquella tarde pidió permiso para revisar todos los informes médicos que existían sobre el duque.
El mayordomo apareció con tres enormes cajas.
Lila abrió mucho los ojos.
—¿Todo eso?
—Solo los registros de los últimos diez años.
Respondió el hombre.
Ella soltó una pequeña risa.
—Parece que hoy no dormiré mucho.
Liam observó cómo comenzaba a revisar cada documento.
Esperaba que leyera solo algunos.
Pero no.
Leía absolutamente todos.
Anotaba fechas.
Comparaba síntomas.
Marcaba diferencias.
Incluso ordenó los informes cronológicamente sobre una enorme mesa.
Al caer la noche todavía seguía leyendo.
Liam terminó observándola en silencio.
[Es muy extraña.]
[Habría imaginado que un mago comenzaría lanzando hechizos.]
[Ella empezó leyendo.]
Al día siguiente comenzó la exploración mágica.
Lila llevó varios cristales de medición.
Pequeños círculos mágicos.
Y un enorme pergamino donde dibujó un cuerpo humano.
—Hoy no intentaré curarlo.
Solo observar.
Liam asintió.
Ella colocó los cristales alrededor de la cama.
Esta vez utilizó nueve.
Cada uno comenzó a emitir una luz de distinto color.
Un delicado círculo mágico apareció bajo la cama.
Lila cerró los ojos.
El maná blanco salió lentamente de sus manos.
Pero, a diferencia del día anterior, no intentó invadir el cuerpo del duque.
Solo dejó que una fina corriente recorriera lentamente cada músculo.
Cada hueso.
Cada órgano.
Su expresión comenzó a cambiar.
[Qué extraño...]
El flujo de maná era perfectamente estable.
No existían bloqueos.
Tampoco excesos.
Los órganos funcionaban correctamente.
El corazón...
También.
Frunció ligeramente el ceño.
[No tiene sentido.]
Repitió el procedimiento.
Otra vez.
Y una tercera.
Siempre obtenía exactamente el mismo resultado.
Cuando terminó, abrió lentamente los ojos.
Liam la observaba.
—¿Encontró algo?
Ella negó despacio.
—Eso es justamente el problema.
—¿Qué significa?
Lila señaló el dibujo del cuerpo humano.
—Todo parece normal.
El duque soltó una pequeña risa sin humor.
—Ya escuché eso antes.
Ella negó enseguida.
—No. Los demás dijeron que no sabían qué tenía. Yo estoy diciendo algo diferente.
Liam aguardó.
Lila tomó el dibujo.
—Su cuerpo debería estar completamente sano.
La habitación quedó en silencio.
—Pero no lo está.
Ella comenzó a caminar lentamente alrededor de la habitación mientras pensaba.
[El maná es normal.]
[Los órganos están sanos.]
[Los músculos también.]
[Entonces...]
[¿Por qué duele?]
Se detuvo de golpe.
Había algo que no cuadraba.
En toda su formación había aprendido que el cuerpo, el maná y la mente funcionaban como un conjunto.
Pero... ¿Y si el problema no estaba en ninguno de esos lugares?
Levantó lentamente la cabeza.
[Pensé como una maga.]
[Pensé como una sanadora.]
[Pero...]
Recordó de pronto uno de los últimos médicos que la atendió en su vida anterior.
Un hombre mayor que le había dicho algo cuando ya no existían tratamientos para ella.
"A veces el cuerpo no duele por lo que vemos... sino por lo que todavía no sabemos buscar."
Los ojos violetas de Lila brillaron.
[Me falta una posibilidad.]
Sonrió para sí misma.
Todavía no sabía si aquella idea tenía sentido.
Pero era la primera hipótesis verdaderamente nueva desde que había llegado al ducado.
Y eso bastaba para devolverle la esperanza de que, quizá, el misterio detrás de la enfermedad de Liam Lovelace aún pudiera resolverse.