La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.
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CAPÍTULO 3
A la mañana siguiente, Santiago amaneció cubierto por una suave neblina.
Conduje hasta la Academia Valmont intentando concentrarme en la música, pero la imagen de Matías Ferrer no dejaba de regresar a mi mente.
Estacioné mi auto y caminé hacia la entrada principal.
Los estudiantes llenaban el vestíbulo, las escaleras mecánicas se movían sin descanso y los ascensores panorámicos reflejaban las luces doradas de todo el edificio.
Entonces lo vi.
Matías estaba junto a la reja exterior, sosteniendo la mano de una niña pequeña.
Tendría unos cinco años, llevaba una mochila rosada y un uniforme sencillo que claramente no pertenecía a Valmont.
—Vale —dijo él inclinándose con suavidad—, espérame aquí, princesa.
Apenas salga al recreo vendré a buscarte para llevarte al colegio.
¿sí?
—¿Y si te olvidas?
—preguntó ella con voz tierna.
—Nunca me olvidaría de ti.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Le acomodó el cabello con una ternura que jamás había visto en él, y luego entró rápidamente a la academia antes de que sonara el timbre.
Me acerqué despacio a la niña.
—Hola.
—Hola —respondió ella bajando la mirada.
—¿Cómo te llamas?
—Valentina.
Pero mi hermano me dice Vale.
—Yo soy Amalia.
¿Vas a esperar aquí sola?
Ella asintió con firmeza.
Miré la calle llena de autos entrando y saliendo sin detenerse.
—Aquí afuera hay mucho movimiento, es un poco peligroso para una niña tan pequeña.
¿Por qué no esperas adentro conmigo hasta el recreo?
—¿No te vas a escapar y dejarme sola?
—Te lo prometo.
Nunca lo haré.
Valentina tomó mi mano y entramos al enorme vestíbulo.
Sus ojos se abrieron como platos al ver el mármol brillante, las fuentes y las enormes lámparas doradas que colgaban del techo.
—Parece un palacio —susurró maravillada.
—A veces también lo creo —respondí suavemente.
Nos sentamos cerca de la cafetería y le pedí un chocolate caliente bien caliente.
—¿Tu hermano siempre te cuida así?
—me atreví a preguntar.
—Sí. Él hace todo por mí.
—¿Y tus papás?
Valentina bajó la mirada hacia sus manos.
—Mi mamá murió cuando yo nací.
Mi hermano tenía doce años y desde entonces me cuida él solito.
Sentí un nudo fuerte en la garganta.
—¿Y tu papá?
—No está con nosotros.
Pero al instante volvió a sonreír, como si quisiera consolarme ella a mí.
—Pero no importa.
Mi hermano dice que nosotros dos somos un equipo invencible.
No supe qué responder.
Mientras todos nosotros nos preocupábamos por exámenes, fiestas y a qué universidad ir, Matías había pasado los últimos cinco años criando a una niña, cargando con un peso que no le correspondía.
El timbre del recreo sonó y, casi de inmediato, Matías apareció entre la multitud.
Toda la seriedad de su rostro desapareció en cuanto vio a Valentina.
—¡Hermano!
Ella corrió hacia él y él la levantó en brazos con facilidad.
—¿Te portaste bien mientras no estaba?
—¡Muy bien!
Amalia me compró chocolate caliente.
Matías levantó la vista hacia mí, sorprendido y con gratitud en sus ojos verde claro.
—Gracias por quedarte con ella.
De verdad.
—No podía dejarla sola afuera.
No es nada.
La dejó en el suelo y tomó su pequeña mochila rosada.
—La persona que suele llevarla no pudo venir hoy, así que no tuve otra opción que traerla conmigo.
—Matías, no tienes que darme ninguna explicación.
Valentina tiró suavemente de su manga.
—¿Ya podemos irnos?
Voy a llegar tarde a clase.
—Vamos, princesa.
Antes de alejarse, volvió a mirarme una vez más.
—Gracias —repitió muy bajo.
Asentí y me quedé observándolos.
Él caminaba mucho más despacio de lo normal, adaptándose a los pasitos cortos de su hermana, y ella no soltaba su mano ni un solo instante.
Por primera vez comprendí: detrás de esa apariencia fría y distante, había alguien que había tenido que dejar de ser niño demasiado pronto.
Y mientras veía cómo se perdían entre la neblina de la mañana, camino hacia un colegio mucho más sencillo, una pregunta no dejaba de dar vueltas en mi cabeza:
¿Cómo podía alguien que había perdido tanto y sufrido tanto, seguir cuidando a su hermana con tanta dulzura como si ella fuera lo único que le quedaba en el mundo?