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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:271k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Él nunca supo que ella lo amaba.
Ella nunca imaginó que terminaría viviendo con él.
Ninguno de los dos esperaba un milagro imposible.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 7

Los días siguientes fueron un suspiro contenido.

Ninguno de los dos volvió a mencionar lo que había pasado en la cocina aquella noche. No hacía falta. Las palabras habían sobrado, los silencios, en cambio, decían todo. Las miradas se sostenían un segundo más de lo normal. Las manos se rozaban. Las noches se volvían más largas, más tibias, más llenas de algo que no se atrevían a nombrar.

Mariana seguía durmiendo en la habitación contigua. Pero cada vez más seguido, Ricardo le pedía que se quedara.

—Quédate

decía, con esa voz que él reservaba solo para ella, la que no tenía prisa, la que no fingía fortaleza.

— Un rato más.

Y ella se quedaba. Se acostaba a su lado, apoyaba la cabeza en su hombro, y sentía el latido de su corazón contra su mejilla. A veces hablaban. A veces no. A veces él le acariciaba el cabello con una lentitud que la desarmaba por completo.

Pero nada más.

Hasta esa noche.

Había hecho calor durante todo el día, de ese calor pegajoso que precede a las tormentas de verano. Mariana llegó de la universidad con la ropa pegada al cuerpo y el cabello hecho un desastre. Ricardo estaba en la sala, con la camisa abierta y el torso sudoroso, abanicándose con un periódico viejo.

—Parece que vamos a derretirnos

dijo ella, dejando caer su mochila en el suelo.

—Parece

respondió él, sin apartar los ojos de ella.

—Voy a bañarme. Necesito agua fría o voy a explotar.

—Buena idea.

Mariana subió las escaleras, porque la casa de Ricardo tenía la mala fortuna de tener el baño principal en el segundo piso, y aunque habían instalado una silla elevadora, y se metió a la ducha. El agua cayó sobre su cuerpo como un alivio. Cerró los ojos y dejó que el frío le recorriera la espalda, los hombros, las piernas.

En algún momento, escuchó un ruido.

Abrió los ojos. Ricardo estaba en la puerta del baño, sentado en su silla de ruedas, con una expresión que ella no supo leer.

—¿Necesitas algo?

 preguntó, abriendo apenas la cortina de la ducha.

—No

dijo él, con la voz ronca.

—Solo quería… asegurarme de que estuvieras bien.

—Estoy bien. Solo me estoy bañando.

—Lo sé.

Hizo una pausa. El vapor los envolvía. El sonido del agua llenaba el silencio.

—Mari

dijo él, y su nombre sonó distinto. Más grave. Más íntimo.

—¿Sí?

—¿Puedo… puedo quedarme?

Ella sintió un nudo en el estómago. No era miedo. Era otra cosa. Era la certeza de que algo estaba a punto de cruzar una línea que ninguno de los dos podría volver a dibujar.

—Sí

respondió, y su voz salió más firme de lo que esperaba.

— Puedes quedarte.

Ricardo no se movió. No entró. No hizo nada. Solo se quedó ahí, mirándola a través de la cortina de ducha traslúcida, viendo la silueta de su cuerpo bajo el chorro de agua. Mariana sintió su mirada como una caricia. Como un incendio.

—¿Vas a bañarte tú también?

 preguntó, con una audacia que la sorprendió a ella misma.

—No puedo

respondió él, y en su voz había frustración, pero también algo más. Algo parecido a la esperanza.

—Yo puedo ayudarte, ya que la enfermera se fue.

 dijo ella, saliendo de la ducha. El agua le escurría por el cuerpo. Estaba en ropa interior, un sostén negro y una pantaleta de algodón y no sintió vergüenza.

Ricardo la miró. La recorrió de arriba abajo. Sus ojos se detuvieron en cada curva, en cada pliegue, en cada centímetro de piel que el agua volvía brillante.

—¿Estás segura?

preguntó.

—Nunca he estado más segura de nada.

Él asintió. Mariana se acercó a la silla de ruedas, se arrodilló frente a él y comenzó a desabrocharle los botones de la camisa. Uno a uno. Lento. Deliberado. Ricardo no respiraba. O tal vez sí, pero tan profundo que parecía que el aire se hubiera vuelto sólido.

Cuando terminó de desabrocharle la camisa, se la quitó con cuidado, pasándola por sus hombros. El torso de Ricardo era una geografía de músculos y cicatrices. Los abdominales aún marcados, los pectorales firmes, pero también las marcas de las cirugías, los moretones amarillentos de las terapias, la línea pálida de una incisión que recorría su columna.

Mariana los besó. Todos. Uno por uno.

—Mari…

susurró él, con la voz rota.

—Cállate

dijo ella, sonriendo contra su piel.

— Déjame hacer esto.

Luego le quitó el pantalón. Se quedó en boxer. Y ahí, bajo la tenue luz del baño, Mariana vio el bulto que ya había sentido aquella noche en la cocina. Más grande ahora. Más evidente.

Sin decir nada, tomó una silla de plástico que había en la esquina y la metió dentro de la ducha. Luego ayudó a Ricardo a transferirse de la silla de ruedas a la silla de plástico. No fue fácil. Él aún no tenía fuerza en las piernas, y sus brazos temblaban por el esfuerzo. Pero entre los dos lo lograron.

El agua cayó sobre él. Primero fría, luego tibia. Mariana tomó la esponja y el jabón, y comenzó a lavarlo con una lentitud que bordeaba lo ceremonial. Sus hombros. Su pecho. Sus brazos. Su espalda.

Ricardo la miraba sin pestañear.

Cuando ella llegó a su abdomen, él tomó su muñeca.

—Mari

dijo, y esta vez su voz era un ruego.

— Bésame.

Ella lo miró. Sus ojos verdes se encontraron con sus ojos cafés, y en ese encuentro hubo años de silencio, de espera, de amor no confesado. Se inclinó. Él levantó la cara. Y sus labios se encontraron.

El beso fue torpe al principio. Inseguro. Como dos adolescentes que no saben bien qué hacer. Pero pronto se volvió profundo, hambriento, desesperado. Él llevó una mano a su nuca y la atrajo hacia él. Ella gimió contra su boca. El agua caía sobre ellos, mezclándose con el sudor y las lágrimas que ninguno de los dos sabía de quién eran.

Cuando se separaron, estaban jadeando.

—Mari

dijo él, con la frente apoyada en la de ella.

— Te quiero. Te he querido desde siempre.

—Lo sé

respondió ella, y su sonrisa era tan brillante como el agua.

— Yo también. Desde el primer día.

Él la besó otra vez. Y esta vez, cuando sus manos comenzaron a explorar, cuando los dedos de él recorrieron su espalda y los de ella se aventuraron debajo de la tela de sus boxer, ninguno de los dos quiso detenerse.

Pero esa noche, aún así, se detuvieron.

No porque no quisieran. Sino porque lo que estaban construyendo merecía más que un encuentro apresurado en una ducha. Merecía tiempo. Merecía todo lo que habían esperado durante años.

—Esta noche

susurró él, con la mirada encendida.

—En la cama. ¿Sí?

—Sí

respondió ella, besándole la mandíbula, el cuello, el hombro.

— En la cama.

Salieron del baño empapados, riendo, temblando. Y esa noche, cuando la luna entró por la ventana, Mariana se acostó a su lado y él la abrazó con la fuerza de quien ha encontrado un puerto después de una tormenta.

Pero No hicieron el amor. Esa noche durmieron abrazados.

Y fue suficiente.

1
Emilse Baldivieso Quispe
le faltan pslabras cariñosa..
Emilse Baldivieso Quispe
muy bonita pero no se dicen palabras de cariño.
Candelaria Cantillo
Hermosa historia de amor que nace de una amistad según creía él ☺️
Antony May
Hola escritora primera vez que te leeré 🤔pero que te cuesta poner en el capítulo la palabra final por favor,no que tengo que entrar hasta el último capítulo para checar si tiene fina 💜
Emilse Baldivieso Quispe
ella no habia estudiado biologa
Candelaria Cantillo
Éso padres que són una máquina de hacer dinero y para nada tienen que ver con su único hijo
Candelaria Cantillo
Qué chica tan hermosa Mariana 5 años de estar enamorada de este chico idiota Ricardo lo bueno de todo esto es que él nunca la a tratado mal
pipistrela
Hermosa historia, muy interesante y bastante reflexiva... te deja pensando muchísimas cosas... y sobre todo ayuda a replantearse otras tantas... en lo personal este tipo de relatos son los que más me gustan xq te dejan pensando y analizando sobre lo que realmente importa... me encantó y no me canso de releerla cada vez que necesito un tironcito de orejas... 🤗
Mariscal Morin
Siente inseguridad por su condición, peeeero Mariana lo ama con todo su corazón 💞🥰💞🥰💞
Mariscal Morin
Estaba tomado y manejando 😟😟😟😟
Patricia Luna
Que amor, tan sincero el de ambos, me encantó de principio a fin, gracias por regalarnos está hermosa historia. Bendiciones infinitas.
Angela Linares
Exelente todas tus novelas te felicito y mucho éxito en todas las novelas siguientes......🤗😍👍
Candelaria Cantillo
que padres se mandá Ricardo ésa gente le interesa más el dinero que la propia Vida de su hijo da gracias a Mariana que te ama en silencio
Candelaria Cantillo
Excelente comienzo haber que pasa después del accidente
Ingrid Perez
Hermosa historia, te deseo muchísimas bendiciones gracias 🤗😘
Betty Chavez
Que hermosa novela la volvi a leer porque me encanto gracias por escribir tan bonito un abrazo gigante👏👏🥰🥰
hortencia flores
Que hermosa novela gracias escritora ❤️muy buena 👍 Míl bendiciones para ti🙏❤️😍🥰 y muchos éxitos ❤️💕💕💕💕💖💕
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
me encanto felicitaciones escritora
Maria Quiros
hermosa historia de lucha ,persev y sobre todo de un amor incondicional
Elena Garcia
Gracias, por compartir con tus lectores, Hermosa historia. Me encantó la comunión de ellos desde el primer día que el se acercó a ella. Hermosa historia de amor, pruebas, confianza entre ellos y superación. Felicidades. 🌹
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