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Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Reencarnación / CEO
Popularitas:13.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Traicionada por el Emperador en el campo de batalla, la temible y soberbia soberana de la dinastía del norte jura venganza antes de morir. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido: despierta en el futuro, atrapada en el cuerpo de Valentina, una brillante pero insegura abogada con talle XL que acaba de colapsar por culpa del bullying de su oficina.
¿Sin carruajes, sin guardias reales y con una bata de hospital barata que no le cierra atrás? No importa. Con una mente de acero y una dignidad inquebrantable, la Emperatriz usará el código penal como su nueva espada. ¡Pobre de aquel que intente humillarla por su físico! Desde el rival arrogante de su buffet hasta el CEO más frío de la ciudad, todos aprenderán que sus curvas imponen respeto y que Su Majestad ha dictado su sentencia. ¡Una comedia romántica con una venganza de talle grande!

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El despertar de una soberana (y una bata maldita)

El olor a sangre, pólvora y traición fue lo último que registró su mente. Recordaba el frío del acero atravesando su armadura, los gritos de su ejército caído y la risa hipócrita del Emperador, el hombre que había compartido su lecho y que la había vendido a sus enemigos por un puñado de tierras. Con su último aliento, ella había maldecido su linaje, prometiendo que si las deidades le daban otra oportunidad, regresaría como un demonio a reclamar su cabeza.

Por eso, cuando sus ojos se abrieron de golpe y una dolorosa bocanada de aire inundó sus pulmones, lo primero que buscó fue su espada.

—¡Por los cielos...! —exclamó, o al menos eso intentó. Su voz no sonó como el rugido imponente que solía hacer temblar a los generales de la corte; sonó extrañamente aguda, ahogada y acompañada de un silbido pesado.

Quiso incorporarse de un salto, pero su propio peso la traicionó. Sintió las extremidades torpes, como si la hubieran enterrado bajo una montaña de sábanas de algodón áspero. Miró hacia arriba. No había un techo de piedra tallada ni estandartes imperiales. El techo era plano, blanco, liso y, para su horror, una caja de plástico incrustada en la pared emitía un zumbido constante, arrojando ráfagas de aire helado directamente hacia su rostro.

—¿Qué clase de calabozo es este? —susurró, frunciendo el ceño.

Determinada a no mostrar debilidad ante sus captores, apoyó los pies en el suelo. La superficie estaba fría, cubierta de unas baldosas grises que jamás se permitirían en un palacio. Al ponerse de pie, la gravedad pareció ensañarse con ella. Sus muslos rozaron de una manera a la que no estaba acostumbrada, y una extraña tirantez en la espalda la hizo girarse.

Llevaba puesta una prenda ridícula. Un trozo de tela celeste, áspero y hospitalario, que apenas cubría la parte delantera de su torso y dejaba toda su espalda completamente al descubierto.

—¡Harapos plebeyos! ¡¿Quién osó desvestir a la Emperatriz?! —rugió, aferrando la tela con indignación.

Buscando una respuesta, o un arma, sus ojos dieron con una superficie reflectante al fondo de la pequeña habitación. Un espejo. Avanzó con pasos pesados, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Esperaba ver su cabello azabache trenzado para la guerra, sus ojos afilados y las marcas gloriosas de la batalla en su piel blanca.

Cuando se plantó frente al cristal, la Emperatriz se quedó sin aliento. Un grito ahogado escapó de sus labios, y se tapó la boca con ambas manos. Sus manos... no tenían los callos de la espada; eran suaves, de dedos cortos y regordetes.

El reflejo le devolvió la imagen de una mujer joven, de piel muy blanca y mejillas sumamente redondas, coronada por una melena de rulos castaños completamente alborotados. Tenía unos ojos enormes y expresivos, pero hundidos bajo unas ojeras violáceas que gritaban privación del sueño y miseria absoluta. Pero lo peor estaba de la cintura para abajo. Sus caderas eran anchas, su vientre prominente y sus curvas desbordaban la bata barata de la clínica.

—¡¿Qué clase de brujería plebeya es esta?! —gritó, tocándose la cara, horrorizada al sentir cómo sus dedos se hundían en sus propios cachetes—. ¡¿Quién osó inflar mi cuerpo de esta manera y atraparme en este saco de manteca?! ¡¿Acaso el enemigo contrató a un hechicero oscuro para mutar mi fisonomía?!

Su crisis existencial fue interrumpida por el sonido estridente de una puerta corrediza. La Emperatriz se giró con la velocidad de un felino, adoptando una postura de combate defensiva, aunque sus carnes temblaron un poco con el movimiento abrupto.

Por la puerta entró un hombre joven, vestido con un ambo verde arrugado. Tenía una varita de plástico azul colgada en la oreja y una especie de tableta plana y brillante en las manos. Lo más ofensivo de todo era que movía la mandíbula de forma rítmica, masticando algo con total desparpajo. Detrás de él, una mujer con uniforme azul caminaba anotando cosas en un papel.

El hombre ni siquiera la miró a los ojos. Deslizó un dedo por la pantalla brillante y resopló.

—A ver, Señorita Valentina... la presión ya se le estabilizó después del desmayo en la oficina. Firme acá el alta voluntaria y se puede ir, que necesitamos liberar la camilla para urgencias.

La Emperatriz se quedó inmóvil, parpadeando con incredulidad. Esperó un segundo. Dos segundos. El hombre seguía masticando su goma de mascar, esperando una respuesta.

—¿Cómo osas...? —comenzó ella, bajando el tono de voz a uno tan peligrosamente frío que la enfermera de atrás levantó la vista—. ¿Cómo osas dirigirte a mí sin postrarte, campesino insolente? ¿Dónde está tu cabeza? ¡Exijo que el Primer Ministro sea decapitado de inmediato por permitir semejante falta de decoro en los terrenos del palacio!

El médico se detuvo. Dejó de masticar por un milisegundo, la miró de arriba a abajo, evaluando su bata abierta y sus rulos salvajes, y soltó un suspiro de cansancio extremo. Miró a su compañera.

—Anotá ahí en la ficha: posible delirio post-traumático inducido por estrés severo o colapso nervioso... Y andá llamando a psiquiatría de guardia, por las dudas.

—¡¿Psiquiatría?! ¡¿que es eso?! —la Emperatriz dio un paso al frente, haciendo que el piso retumbara—. ¡Soy la soberana de la dinastía del norte! ¡La que aplastó a los bárbaros! ¡Te ordeno que me traigas un carruaje y a mi guardia real ahora mismo!

El médico, ignorando por completo el brote de realeza, estiró el brazo y le acercó un objeto rectangular y negro. La pantalla se encendió de golpe, mostrando un montón de símbolos, letras y luces que parpadeaban. Además, el maldito artefacto empezó a vibrar con violencia y a emitir una melodía chillona. En la pantalla se leía un nombre: *"Federico, el amor de mi vida"*.

Para la Emperatriz, aquello fue la confirmación de todas sus sospechas. No eran médicos; eran asesinos. Ese artefacto rectangular era, sin duda, un arma mágica diseñada por el imperio enemigo para succionarle el alma a través de los ojos o detonar su cabeza con vibraciones.

—¡Hechizo del demonio! —rugió.

Antes de que el médico pudiera reaccionar, la Emperatriz le arrebató el aparato de la mano con una fuerza descomunal que el cuerpo de la abogada parecía tener guardada por pura adrenalina. Con un desprecio verdaderamente real, lo estampó contra la pared opuesta con toda su energía.

El teléfono se estrelló, la pantalla estalló en mil pedazos de vidrio y las chispas saltaron antes de que el aparato quedara completamente mudo y destruido en el suelo.

El silencio que se apoderó de la habitación fue sepulcral. El médico se quedó con la mano suspendida en el aire, con los ojos abiertos como platos. La enfermera soltó la lapicera, que rodó por el piso.

La Emperatriz, respirando agitadamente, se acomodó la bata de hospital con la elegancia de quien se acomoda una capa de armiño, miró los restos del aparato en el suelo y luego clavó sus ojos felinos en el doctor.

—El asesino ha sido neutralizado —declaró con absoluta soberbia—. Ahora... traigan mi maldito té, o el próximo cráneo que rompa contra esa pared será el tuyo.

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Sofia Chavez Gutierrez
magistral, excelente
Sofia Chavez Gutierrez
sumamente divertido 🤣👏
valeska garay campos
jajajaja el león se quedó sin habla frente a la matriarca 🤭
tithy
he reído tanto, tanto, que hasta lágrimas me han salido. buenísima, buenísima. añoro todos los días nuevos capítulos
valeska garay campos
thiago eres genial 🤭
Alejandra Mabel Miño
Huy esto se ca poner bueno ya me imagino 🤣🤣🤣
Gleirys Carolina
Me has dejado con la intriga, y supongo que será muy buena 🤣
Gleirys Carolina
Que lindo, saldrá a cazar y llevárselos como regalos de cortejo a su emperatriz 😂
Gleirys Carolina
El nivel de desconfianza lo lleva a mil por hora, le dará algo cuando lea ese informe😂
Gleirys Carolina
Esas clases fueron muy fructíferas, tanto así, que tendrán igual.impacto de las anteriores😂
valeska garay campos
veremos que tipo de venganza van a hacer 🤭👀
valeska garay campos
ya cayó el león de oro en redes del amor 💘
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Valentina así se habla jjajan
valeska garay campos
se volverá loco el plebeyo 🤭🤭🤭🤭
valeska garay campos
🤭🤭🤭🤭🤭 le va a enseñar el vocabulario moderno
Bianca Shirley Riquelme
🤣😂🤣🤣🤣 Thiago 🤣😂🤣
Kathy Roma
mi querido león el que se encarga será otro 🙊🤣
mariela
Esta muy divertida Emperatriz con ese lenguaje coloquial y ahora Thiago su amigo gay que le cambiara su vestimenta que sea mas actual, atrevida y mas empoderada cuando la vean la quijada les llegara al piso.
mariela
Valentina tendrá que aprender el lenguaje actual para que no crean que esta loca aunque con su aura de Emperatriz su postura y autoritarismo deja a las de uno callado ahora quien esta fascinado es Alexander ese magnetismo que ella inspira con autoridad lo atraen.
Federico se te fue la gallina de los huevos de oro se te acabó tu suerte
no se te ocurra acercarte porque no sabes de lo que pueda ser capaz.
mariela
Valentina con la mente de una Emperatriz de una época con carruajes, lacayos y plebeyos 🤣😂🤣😂 aquí vetemos como se da cuenta que esta renacida en el cuerpo de una abogada 🤣😂🤣😂
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