SE TRATA DE UNA DOCTORA INDEPENDIENTE QUE ENFRENTA LA TRAICIÓN Y LA HUMILLACIÓN SIN DEJARSE PISOTEAR. ESTA NOVELA TIENE TODOS LOS INGREDIENTES PARA SER UN DRAMA SUMAMENTE ATRAPANTE Y EMOCIONANTE.
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ENFRENTAMIENTO ENTRE JULIÁN Y ELENA DESPUÉS DE LA GALA
El silencio en el vestíbulo de la mansión Morales era tan denso que podía cortarse con un bisturí. Eran las tres de la mañana. Los ecos de la gala, los aplausos tras el discurso de Elena y el estruendo del anuncio del patrocinio de Mateo Valderrama aún flotaban en el aire.
Elena entró a la casa en solitario, habiendo enviado a Mateo y Valeria a descansar a la propiedad del campo. Vestía aún el vestido azul noche, sosteniendo su bolso de mano con una serenidad impecable.
Al fondo del gran salón, sumido en la penumbra y con una copa de whisky vacía en la mano, Julián la esperaba de pie. Su esmoquin estaba desabrochado, la corbata de pazo deshecha y su rostro, desencajado por una mezcla de rabia, humillación y el alcohol.
—¿Te sentiste como una reina, verdad? —soltó Julián, haciendo sonar los hielos secos en el vaso mientras caminaba con pasos pesados hacia el centro del salón—. Disfrutaste cada segundo de esa puesta en escena... trayendo a ese tipo, humillándome frente a la junta, usando a mis propios hijos como tu escudo humano.
Elena ni siquiera se detuvo a quitarse el abrigo. Se giró hacia él con la elegancia pausada de siempre, mirándolo a los ojos con una distancia tan absoluta que a Julián le pareció un golpe físico.
—Te equivocas, Julián —respondió Elena, con una voz calmada, modulada y sin el menor rasgo de alteración—. Tú te humillaste solo en el momento en que decidiste entrar a la gala de la fundación con la mujer con la que saqueabas los fondos del hospital. Yo solo me limité a hacer el inventario de lo que me pertenece.
Julián dio tres pasos rápidos hacia ella, acortando la distancia con agresividad. La vena de su templo latía con fuerza.
—¡Crees que ganaste! —exclamó en un susurro violento, señalándola con el dedo—. ¡Ese hospital existe por mi gestión financiera! ¡Yo fui quien negoció los contratos mientras tú jugabas a ser la gran cirujana mística en el quirófano! ¡Sin mí, la fundación habría quebrado hace diez años!
Elena se mantuvo inmóvil. No retrocedió ni un solo milímetro ante su cercanía.
—No confundas administrar mi patrimonio con ser su dueño, Julián. Tu única "gestión" fue desviar recursos para financiar la empresa fantasma de Beatriz y redactar un borrador de inhabilitación mental contra la mujer que te mantuvo en esa silla durante veinte años.
Al escuchar la mención del borrador, el rostro de Julián perdió el poco color que le quedaba. La copa en su mano tembló ligeramente.
—¿De qué... de qué estás hablando? —balbuceó, intentando recuperar el tono dominante, pero tropezando con las palabras.
—Sé lo de los abogados. Sé lo de la demanda por demencia incipiente —Elena dio un paso al frente, obligándolo a él, instintivamente, a dar un paso atrás—. No me dolieron las transferencias, ni tampoco me dolieron las noches que pasaste en hoteles baratos con una niña a la que le prometiste mi puesto. Lo que me resulta imperdonable es la cobardía moral de querer encerrarme para no tener que admitir que jamás estuviste a mi altura.
—¡Es mi vida también, Elena! —gritó Julián, perdiendo por completo los estribos y estrellando el vaso de cristal contra el piso de mármol. El sonido del cristal rompiéndose resonó en toda la casona—. ¡Me aplastaste durante veinte años! Tu apellido, tu moral impecable, tus hijos admirándote como a un dios... ¡Estaba harto de ser solo "el esposo de la Dra. Morales"!
Elena observó los fragmentos de cristal en el suelo y luego volvió a fijar sus ojos en los de él con una mirada cargada de una compasión helada.
—Pudiste haber sido un hombre honorable, Julián. Pero preferiste ser un parásito con complejo de inferioridad. Y cuando un parásito amenaza la vida del huésped, no se discute con él: se elimina.
Elena sacó de su bolso un sobre de manila blanco y lo dejó caer sobre la mesa auxiliar de entrada.
—Ahí está la notificación formal del divorcio, la medida de restricción de la mansión y la revocación de tus firmas en todas las cuentas de la familia Morales. Tienes hasta las ocho de la mañana para sacar tus cosas personales. A esa hora, la seguridad privada cambiará las cerraduras.
—No me voy a ir de esta casa... —amenazó Julián, apretando los puños con la voz quebrada.
—Te vas a ir —sentenció Elena, dándole la espalda para subir por la gran escalera de mármol con paso firme y pausado—. Porque si a las ocho de la mañana sigues aquí, la policía no te notificará un divorcio; te arrestará por fraude corporativo y falsificación de firmas.
Elena se detuvo en el primer descanso de la escalera, sin volverse a mirarlo.
—Que tengas una buena noche, Julián. Fue un error haber tardado veinte años en darme cuenta de lo pequeño que eres.
Elena continuó su camino hacia la planta alta, dejando a Julián solo en la penumbra del vestíbulo, rodeado del cristal roto de su copa y la ruina absoluta de su vida.