Su familia la vendió para saldar una deuda
Adrian Ferraro la compro para cerrar un trato
El contrato decía su nombre, una cifra y una fecha de entrega
No decía que tenia los ojos rotos de tanto llorar
No decía que temblaba como si el aire doliera
Pero negocios son negocios, hasta que él la vio y la toco para entender una cosa
Acababa de comprar su propia perdición y su única regla
#Ella no se toca
NovelToon tiene autorización de Jaqueline Mello para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Miedo
Adrián
Salgo de ducharme, la veo acostada, acurrucada, tapada hasta la cabeza, de espaldas, me acerco hasta el borde, escucha mis pasos y tiembla
-Ámbar - digo con calma
Ella se estremece no se da vuelta, lo veo, es miedo, miedo a lo que su madre seguro dijo y por eso pensaba dormir en un rincón, miedo a lo que le han recalcado como "tu deber"
Me acerco rodeando la cama, llego frente a ella, se abraza a si misma, los ojos haciendo presión por mantenerlos cerrados y veo dos pequeñas lágrimas que salen de ella, me agacho, me coloco de rodillas ante ella, jamás lo he hecho, jamás nadie ha merecido mi rendición, jamás nadie ha merecido el tenerme de rodilla, pero quiero hacerle una promesa
-Te compré -susurró, tomándole la mano sin fuerza- Te hice mi esposa, te marqué como mía.
Le besó los nudillos, reverencia, no posesión.
- Pero tu miedo no lo compré, Ámbar, ese no me pertenece, esta noche no te toco - sentenció, sus ojos se abren de a poco, dejandome ver que los tiene rojo- no porque no me muera por hacerlo, pero me muero si al tocarte tiemblas de miedo
Me levanto, voy hasta el sillón, me quitó la camisa y me siento
- Esta noche dormís vos en esa cama, yo duermo aquí, así será lo mejor para que descanses
Ámbar- ¿Por... por qué? —susurró ella, su primera palabra como mi esposa
La miró con una sonrisa
- Porque el día que te toque, Ámbar... vas a ser vos la que me ruegue que no pare, no por miedo, no por deber.
Me recuesto en el sillón, mis ojos fijos en ella.
- Regla nueva, señora Ferraro: tu "sí" no se compra, se gana, y yo pienso ganármelo cada maldito día.
Veo a Ámbar llevar una mano a la boca, las lágrimas cayeron, pero esta vez no eran de terror, eso esperó, cuando sentí que se durmió, lo hice yo
Me despierto con un grito, me coloco de pie y agarro el arma de sobre la mesa, al mirar a la cama, veo a Ámbar sudando, temblando, incómoda, me acerco apresurado sentándome a su lado, suelto el arma en el suelo, no la tocó, eso podría asustarla más
Ámbar- déjame... no me pegues... no lo are
- Ámbar, estoy aquí, pequeña
Se despierta sobresaltada, se sienta en la cama temblando, llorando, al mirarme no se quita, al contrario, se tira por mí en busca de refugio, llora sobre mi pecho, correspondo al abrazo acomodándome en la cama, su cabeza en mi pecho, su respiración alterada
- Shhh nadie te toca, nadie más te toca, te lo prometo
Se va calmando, se va acomodando a mi forma de respirar, dejo un beso en su cabeza, siento que se calmó, aunque lágrimas corren por sus ojos, que abra sufrido para tener esos recuerdos
- no te voy a tocar- me mira con lágrimas que limpió con mi pulgar- pero si te voy a sostener, aquí me quedo cuidándote toda la maldita noche, con tal que descanses
Dejo un beso en su frente, se acomoda y cuando se calma veo qué logro dormirse, me acomodo abrazándola, cierro los ojos, pero no dormiré pesado, a cualquier movimiento aquí estaré
Ámbar
Anoche mis recuerdos se juntaron en una pesadilla, veía hombres, golpes, me lastimaban, despierto ahogándome
Acaso no fue pesadilla
Siento su calor, un brazo pesado sobre mi cintura, un pecho que sube y baja debajo de mi mejilla abro los ojos
Adrian Ferraro, dormido, el pelo negro revuelto, la mandíbula marcada, la cicatriz del cuello a centímetros de mis labios, la camisa abierta, dejando ver el tatuaje que le sube por el pecho, yo en sus brazos, con mi vestido feo amarillo todavía puesto, arrugado, hecho un desastre, el pánico me acecha
¿Qué pasó? ¿Me tocó? ¿Cuándo?
Me incorporó de golpe, cayéndome de la cama, el golpe contra el piso de madera me saca el aire, Adrián se despertó al instante, mano al arma qué estaba en la mesa de luz, ojos de hielo, listos para matar, hasta que me ve
Adrián
Despierto con un golpe, arma en la mano, al mirar veo a Ámbar, en el piso, temblando, abrazando sus rodillas, bajó el arma, lento, no vaya ser que se asuste más, se lo que esta pensando
- No te toqué- digo con calma- Tuviste pesadillas, te abrace y cuando te calmaste dormiste así, no quise moverme o despertarte
Ámbar no me contesta no me cree, si no fuera porque me dijeron que es virgen dudaría de que ya la hubieran vendido antes
Se levanta a trompicones y sale corriendo de la habitación, descalza, con el vestido amarillo flameando
- le tendré que traer ropa, ese vestido me desespera qué use
Ámbar
Baje las escaleras corriendo, la casa esta, silencio, al parecer en efecto parece que vivimos solos y mi madre me mintió, no tiene más mujeres, me dirijo a la cocina, una enorme cocina, agarro un vaso, cargo agua con mis manos qué no pueden dejar de temblar, al terminar escucho la misma voz de anoche
- Vaya, vaya... -la voz de Rizzo me congela- La deuda ya se levanto temprano.
Al girar lo veo en la puerta, recargado, la mano vendada por el disparo de anoche, sonríe, una sonrisa que me hace temblar
Rizzo- El jefe no está -dijo, entrando a la cocina, cerró la puerta detrás de él- Y vos estás usando el uniforme de perra de la casa.
Retrocedo hasta que la mesada me corta la espalda
-Adrian dijo... -mi voz sale en un hilo, temblorosa
Rizzo- Adrian no está- se ríe- Y las reglas del jefe aplican cuando el jefe mira, principessa.
Dio un paso más, el olor a tabaco rancio me envuelve, junto al olor a alcohol
Rizzo- Déjame explicarte cómo funciona tu pago de la deuda —susurró, inclinándose sobre mí, la mano sana me rozó el brazo, sobre la tela barata del vestido- no sos la esposa, sos el pago, y el pago se reparte, primero yo, después los muchachos, así funciona en esta familia
Quiero gritar, pero el miedo es un nudo en mi garganta, el mismo de siempre, el de toda mi vida.
Rizzo me agarra la barbilla con dos dedos, forzándome a mirarlo mientras hace presión
Rizzo- Así que pórtate bien, y capaz no te duela tanto, empezamos ahora, que el jefe anda ocupado, te parece
Con su otra mano comienza a subir mi vestido desde el muslo, cierro los ojos con fuerza, esto soy, un pago, una perra