NovelToon NovelToon
La Reina Regresa

La Reina Regresa

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Autosuperación / Romance / Completas
Popularitas:7.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Traicionada, humillada y subestimada, Isabella dejó atrás un matrimonio tóxico para reconstruirse desde cero. Años después, regresa sin miedo y dispuesta a reclamar la fortuna millonaria de la abuela Genieve, dejando claro a quienes la despreciaron que la antigua Isabella ya no existe.
Una historia de renacimiento, poder y justicia donde las reglas del juego cambiaron para siempre y la venganza se sirve con elegancia.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

Hay errores que se cometen por ingenuidad, pero hay otros que se cometen por una extraña desesperación de la esperanza: ese instinto irracional de querer quemar hasta la última nave antes de admitir que la batalla está perdida.

Faltaban cuarenta minutos para las ocho de la noche. Isabella ajustó el centro de mesa de rosas blancas y eucalipto sobre la mesa del comedor secundario de la mansión. Era una escena casi irreal: la vajilla de cristal cortado brillaba bajo la luz tenue de los candelabros, las velas aromáticas desprendían un suave perfume a vainilla y madera, y en la cocina se cocinaba a fuego lento el platillo favorito de Julián.

Esa noche cumplían tres años de casados.

Aunque ya había dejado la mansión días atrás para refugiarse en su departamento, Isabella había tomado una decisión impulsiva esa misma mañana. Un último intento. Una trinchera final. Se había dicho a sí misma que si Julián respondía a este gesto, si volvía a ser el hombre con el que se había casado, quizás aún quedaba algo por rescate.

Para este esfuerzo, Isabella había vuelto temporalmente a la casa, pasando dos días enteros planificando cada detalle en secreto. Había contratado personalmente a un chef independiente, había seleccionado el vino que compartieron en su viaje de bodas y se había arreglado como no lo hacía en años.

Llevaba un vestido ajustado de terciopelo verde esmeralda, escote discreto y la espalda al descubierto. Su cabello caía en suaves ondas sobre los hombros y por primera vez en meses, sus labios lucían un tinte rojo vivo. No había rastros del suéter gris oversize ni del rostro cansado.

Miró el reloj de la pared. Las ocho en punto.

Sintió una descarga de adrenalina en el estómago. El teléfono sobre la mesa vibró y por un segundo su corazón dio un vuelco, esperando ver el nombre de Julián. Pero era un mensaje de Matías:

> *«Recuerda quién eres, Isa. No dejes que la nostalgia te juegue en contra. Abrazo grande.»*

>

Isabella sonrió levemente y guardó el teléfono. Respiró hondo, tratando de ahuyentar las dudas. Había hablado con la secretaria de Julián el día anterior, confirmando que la agenda del ejecutivo estaba completamente libre de reuniones nocturnas. Incluso le había dejado una nota en su escritorio esa mañana: *«Nuestra mesa, ocho de la noche. Por favor, ven»*.

Las ocho y media.

El silencio de la mansión comenzaba a volverse pesado otra vez. Las velas chisporroteaban suavemente, dejando caer gotas de cera dorada sobre los candelabros. Isabella caminó hacia el ventanal que daba a la entrada principal. Afuera, la lluvia torrencial golpeaba los cristales con una fuerza despiadada. La entrada estaba vacía. Las luces de la calle iluminaban únicamente el asfalto mojado.

Las nueve de la noche.

Isabella se sentó en una de las sillas del comedor, manteniendo la espalda recta para no arrugar el terciopelo de su vestido. Se cruzó de brazos. La comida en la cocina ya debía de estar helada. El aroma a vainilla de las velas se sentía ahora empalagoso, denso, casi sofocante.

Las nueve y media.

—Señora Isabella... —la voz de Martha, la ama de llaves, la sobresaltó ligeramente desde el arco del comedor.

Martha vestía su uniforme impecable y la miraba con esa habitual distancia fría, pero esta vez había algo distinto en sus ojos: un destello inapreciable de lástima condescendiente que a Isabella le escoció en la piel más que cualquier insulto.

—¿Sí, Martha?

—Las muchachas necesitan limpiar la cocina para cerrar el turno de la noche —dijo la ama de llaves, entrelazando las manos al frente—. El chef ya se retiró. Preguntan si deben guardar la cena en recipientes o si la desechan de una vez.

Isabella tardó unos segundos en procesar la pregunta. Miró la mesa impecable, la botella de vino sin abrir, la silla vacía al otro lado.

—Que la guarden —respondió Isabella, forzando un tono neutral—. O pueden repartirla entre el personal si gustan. Gracias, Martha.

—Como ordene, señora.

Martha hizo una leve inclinación y se dio la vuelta. Antes de marcharse, echó una última mirada a la mesa romántica e inútil, y soltó un suspiro casi imperceptible que sonó como un veredicto definitivo.

Las diez de la noche.

El sonido del motor de un auto rompió finalmente el monótono ruido de la lluvia. Luces brillantes atravesaron los ventanales de la sala, barriendo la penumbra.

Isabella no se levantó de la silla. Se quedó inmóvil, observando la llama de la vela central desgastarse lentamente.

Escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose, seguido del golpe seco de unos zapatos de vestir sobre el parquet del vestíbulo. Julián caminaba despacio, tarareando una melodía floja, sin ninguna prisa. Cuando cruzó el arco del comedor y vio las velas encendidas, la mesa decorada y a Isabella esperándolo en la oscuridad parcial, se detuvo en seco.

No había sorpresa en su rostro. Solo fastidio.

—¿Todavía estás despierta? —preguntó Julián, quitándose el reloj de pulsera y guardándolo en el bolsillo del saco—. Y por lo que veo, preparaste todo un circo.

—Es tres de noviembre, Julián —dijo Isabella. Su voz no fue un grito ni un sollozo; fue un hilo de voz helado, extrañamente tranquilo.

Julián frunció el ceño por un instante, buscando en su memoria, hasta que pareció encajar las piezas. Soltó una risita sarcástica mientras se aflojaba el nudo de la corbata.

—Ah. Nuestro aniversario.

—Tres años —agregó ella, mirándolo fijamente a los ojos.

—Isabella, por favor —suspiró él, pasando por su lado sin rozarla y sirviéndose un vaso de whisky del mueble bar del salón—. Sabes perfectamente que estoy tapado de trabajo en la oficina. No tengo tiempo para recordar fechas ni para estas escenas teatrales. Ya no somos universitarios para estar celebrando aniversarios con velitas y flores.

—Te dejé una nota en la mañana —remarcó ella, sin moverse de la mesa—. Y hablé con tu secretaria. Me confirmó que no tenías compromisos después de las seis de la tarde.

Julián dio un sorbo a su bebida, dándole la espalda.

—Surgió un imprevisto de última hora —dijo con la mayor desfachatez del mundo—. Tuve una reunión improvisada con unos clientes importantes en el club. No podía cancelarla solo por una cena. Tienes que aprender a priorizar, Isabella. El mundo no gira alrededor de tus fantasías románticas.

Un imprevisto. El mismo tipo de "imprevisto" que olía a perfume caro y sonreía en las portadas de revistas.

Isabella miró la copa de cristal vacía frente a ella. Por meses, por años, se había esforzado por encontrar una explicación, por culparse a sí misma, por pensar que si tan solo decoraba la mesa un poco mejor, si vestía de forma más elegante o si sonreía más, él volvería a mirarla como antes.

Pero en ese preciso segundo, la última venda cayó de sus ojos. La ilusión se disipó con la misma facilidad con la que una ráfaga de viento apaga una vela floja.

Julián no había cambiado por el estrés, ni por la empresa, ni por su madre. Simplemente no le importaba. Nunca le había importado lo suficiente.

Isabella se puso de pie despacio. El terciopelo verde de su vestido brilló bajo la luz dorada de la última vela. Se acercó a la mesa, tomó el candelabro de plata y, uno a uno, fue soplando las llamas hasta apagar cada una de las velas.

El humo blanco subió en espirales hacia el techo, dejando la estancia sumida en una sombra elegante.

Julián se giró al notar la oscuridad repentina, frunciendo el ceño al ver la calma absoluta en el rostro de su esposa. Esperaba lágrimas, reproches, un grito de histeria o una suplicante escena de celos. Esperaba la vulnerabilidad de siempre.

En lugar de eso, se encontró con una mirada fría, cristalina e impenetrable.

—Tienes razón, Julián —dijo Isabella, cruzando el comedor hacia la salida con paso pausado y elegante—. Tienes toda la razón. El mundo no gira alrededor de mis fantasías. Y a partir de hoy, tampoco alrededor de ti.

—¿De qué estás hablando ahora? —preguntó él, visiblemente descolocado por su actitud.

Isabella se detuvo en el umbral, sin volverse a mirarlo.

—Buenas noches, Julián. Feliz aniversario.

Salió al vestíbulo, tomó su abrigo y su bolso, y cruzó la puerta principal de la mansión Vane, dejando atrás la cena intacta, las flores marchitas y a un hombre que empezaba a darse cuenta, demasiado tarde, de que la mujer que tanto había despreciado acababa de cerrar la puerta para siempre.

1
MANATE
💯🤗
Claudia Kassar
Ella sigue casada o se divorció y no lo sabemos
Claudia Kassar
No entiendo ella no se había ido 🥴 q paso dos cenas de aniversario q locura
Soledad Muñoz Vazquez
de verdad hay mujeres q se dejan humillar de esa manera ha mi no me da ninguna lastima si no sabe tener dignidad ni orgullo no vale como persona
Soledad Muñoz Vazquez
de verdad hay mujeres q se dejan humillar de esa manera ha mi no me da ninguna lastima si no sabe tener dignidad ni orgullo no vale como persona
karencitha
que hace isabella hay no se había hijo de la casa y además que hace preparando cenas al marido si sabe que la eej pintado qué estúpida
maricela Farfan
6 capítulos con lo mismo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play