La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Otra Vez La Propiedad Vecina
Valentina Rossi
definitivamente no planeaba volver a cruzar hacia la propiedad vecina.
De verdad.
Pero la señal ahí era perfecta.
Y además…
bueno.
Lucas Hayes
era entretenido.
Eso no significaba nada.
Absolutamente nada.
—No entiendo cómo sobrevives sin internet —decía:
Sofía Moretti
desde el teléfono—. Yo ya habría provocado una crisis diplomática.
Valentina caminaba lentamente cerca de la cerca de madera mientras giraba distraídamente un mechón de su cabello oscuro entre los dedos.
El viento fresco movía apenas su camisa blanca mientras el sol comenzaba a salir entre las nubes.
Y honestamente…
el paisaje seguía siendo ridículamente bonito.
—Creo que me estoy adaptando y eso me preocupa —admitió ella.
—¿O te estás distrayendo con el cowboy gruñón?
Valentina rodó los ojos inmediatamente.
—Ethan sigue siendo irritante.
—Pero atractivo.
—Eso es irrelevante.
—Ajá.
Valentina siguió jugando con el mechón de cabello distraídamente mientras caminaba.
—Y ahora resulta que hay otro cowboy atractivo viviendo al lado como si Montana fuera una fábrica ilegal de hombres guapos.
Sofía soltó una carcajada fuerte.
—Necesito mudarme contigo.
—No lo harías. Hay barro.
—Buen punto.
Valentina sonrió apenas mientras seguía avanzando sin notar cuánto se alejaba otra vez.
—Aunque Lucas sí es más amable.
—Oooh.
—No hagas esa voz.
—¿Y Ethan sabe eso?
Valentina sonrió de lado.
—Creo que lo irrita un poco.
—¿Está celoso?
Ella abrió una pequeña puerta de madera en la cerca mientras seguía hablando.
—No. Ethan probablemente solo cree que Lucas es molesto.
Y justo cuando terminó la frase…
una voz masculina habló detrás suyo.
—Bueno, eso fue ofensivo.
Valentina giró sobresaltándose apenas.
Lucas Hayes
estaba sentado sobre una baranda de madera observándola con una sonrisa divertida.
Camisa azul arremangada.
Cabello despeinado por el viento.
Y esa expresión relajada que parecía permanente en él.
Valentina llevó el teléfono hacia su pecho dramáticamente.
—¿Por qué todos en Montana aparecen de la nada?
Lucas bajó de la baranda lentamente.
—Porque ustedes, la gente de ciudad, jamás miran alrededor.
Sofía prácticamente gritó desde el teléfono:
—¡ES EL VECINO! ¡PONLO EN ALTAVOZ!
Valentina cerró los ojos.
—Te odio muchísimo.
Lucas soltó una risa baja.
—¿Tu amiga siempre es así?
—Peor.
—¡Puedo escucharte! —protestó Sofía.
Lucas extendió una mano hacia el teléfono.
—Hola, amiga caótica de Nueva York.
—Oh Dios, tiene voz sexy también —respondió Sofía inmediatamente.
Valentina quiso desaparecer.
Lucas estaba claramente disfrutándolo demasiado.
—Creo que me agradas —dijo él divertido.
—Y yo creo que deberías alejarte de mi amiga antes de que el cowboy territorial te dispare.
Eso hizo que la sonrisa de Lucas cambiara apenas.
Más pequeña.
Más seca.
Interesante.
—Blackwood no dispara sin razón —respondió él tranquilamente.
Había algo raro debajo de esa frase.
Algo viejo.
Valentina lo notó inmediatamente.
—Ustedes no se llevan bien, ¿verdad?
Lucas apoyó ambos brazos sobre la cerca observándola.
El viento movió ligeramente un mechón de cabello frente al rostro de Valentina y ella volvió a jugar distraídamente con él mientras esperaba respuesta.
Lucas la observó hacer eso un segundo antes de hablar.
—Nuestros padres eran socios hace años.
—Eso no sonó bien.
—Porque no terminó bien.
Valentina bajó lentamente el teléfono.
—¿Qué pasó?
Lucas sostuvo su mirada unos segundos.
Y luego sonrió otra vez.
Pero esta vez no llegó completamente a sus ojos.
—Digamos que Ethan Blackwood y yo aprendimos hace mucho que confiar en la persona equivocada puede costarte bastante.