Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Laurent 3
La tarde comenzaba a caer sobre el ducado Reed.
Los cuatro pequeños finalmente dormían otra vez.
Sarah sabía que ya era momento de regresar.
No quería abusar de la hospitalidad de sus amigos, especialmente ahora que Vesta necesitaba descansar.
Se acercó para despedirse.
—Será mejor que vuelva antes de que anochezca.
Vesta hizo un pequeño gesto de tristeza.
—Qué pena...
La abrazó con cariño.
—Ven otra vez pronto.
—Lo haré.
Sarah sonrió.
—Y la próxima vez espero que esos cuatro pequeños mini duques ya me permitan conocer el color de sus ojos.
Vesta rió.
—Conociendo a Joel, probablemente ya les habrá enseñado a fruncir el ceño antes que a sonreír.
Las dos volvieron a reír.
Mientras el mayordomo preparaba el carruaje...
Vesta pareció recordar algo.
—Sarah.
—¿Sí?
La duquesa adoptó una expresión preocupada.
—Ten mucho cuidado en el camino.
Sarah asintió.
—Lo tendré.
—Últimamente... los caminos pueden ser peligrosos.
Joel giró lentamente la cabeza hacia su esposa.
Una ceja se arqueó apenas.
[¿Peligrosos...?]
El ducado Reed era considerado uno de los territorios más seguros del reino.
Los caminos estaban vigilados constantemente.
Los bandidos prácticamente habían desaparecido años atrás.
Por eso...
Aquella advertencia le resultó bastante extraña.
Antes de que pudiera decir nada...
Vesta ya había continuado.
—Duque Laurent.
El duque de cabello claro levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Podrías acompañar a Sarah durante parte del trayecto?
Laurent ni siquiera tuvo que pensarlo.
—Por supuesto.
Sarah abrió inmediatamente las manos.
—No, no es necesario.
Miró a Laurent con cierta vergüenza.
—No quisiera causarle molestias.
Antes de que Vesta pudiera intervenir...
Fue el propio Laurent quien respondió.
—No sería ninguna molestia.
Sonrió con tranquilidad.
—Al contrario.
Sarah sintió que las mejillas comenzaban a calentarse.
—Bueno...
Bajó un poco la mirada.
—Entonces... muchas gracias.
Desde un lado...
Vesta prácticamente brillaba de emoción.
[¡Qué escena tan bonita!]
[¡Esto es mucho mejor que los romances que veía en las telenovelas!]
Joel observó alternativamente a su esposa y a su amigo.
Después suspiró para sus adentros.
[Definitivamente está imaginando cosas otra vez.]
Poco después...
Dos carruajes abandonaban la mansión Reed.
El duque Laurent acompaño en el mismo carruaje a Sarah y su carruaje lo seguía para despues llevarlo a sus propios territorios.
En algunos sectores descendían para caminar lentamente mientras los caballos descansaban.
La conversación volvió a surgir con una naturalidad sorprendente.
Hablaron sobre el avance de las escuelas.
Sobre nuevas rutas comerciales.
Sobre distintas formas de mejorar el transporte entre ducados.
Sarah incluso comentó algunas ideas para reducir los costos de construcción reutilizando ciertos materiales.
Laurent escuchaba con una atención absoluta.
Cada respuesta de Sarah despertaba una nueva pregunta.
Y cada pregunta llevaba a otra conversación.
[Es increíble...]
Pensó mientras la observaba sonreír.
No era únicamente hermosa.
Eso cualquiera podía verlo.
Lo verdaderamente extraordinario era todo lo demás.
La seguridad con la que hablaba.
La facilidad para analizar problemas.
La curiosidad con la que escuchaba nuevas ideas.
Y aquella costumbre de reír con total naturalidad cuando encontraba algo divertido.
No fingía.
No buscaba impresionar.
Simplemente...
Era ella misma.
[Nunca había conocido a una mujer como Lady Sarah.]
Sarah también disfrutaba enormemente el viaje.
[Qué agradable es conversar con él.]
Laurent jamás interrumpía.
Nunca hablaba por encima de ella.
Cuando ella exponía una idea...
Él realmente la escuchaba.
Y cuando respondía...
Siempre aportaba algo nuevo.
Además...
Sarah no podía negar una realidad evidente.
[Y es muy guapo...]
Disimuladamente volvió a mirarlo.
El viento movía suavemente su cabello claro.
Y aquellos ojos celestes...
Seguían pareciéndole tan tranquilos como el mar.
Sintió un leve calor en el rostro.
[Es mucho más fácil conversar cuando la otra persona también es inteligente.]
Los kilómetros pasaron casi sin darse cuenta.
Hasta que, cerca de un puente...
Sarah comentó algo completamente inocente.
—Tengo muchas ganas de conocer la playa.
Laurent sonrió.
—¿Nunca ha ido?
Sarah negó con entusiasmo.
—No.
Después rió.
—Cuando cumpla la mayoría de edad pienso hacer un pequeño viaje.
Laurent siguió sonriendo.
—Será una experiencia maravillosa.
Pero...
Las palabras comenzaron a repetirse en su cabeza.
"Cuando cumpla la mayoría de edad..."
Frunció ligeramente el ceño.
—Perdone...
La miró con atención.
—¿Qué edad tiene exactamente?
Sarah respondió con total naturalidad.
—Diecisiete.
El mundo pareció detenerse durante un instante.
Laurent permaneció completamente inmóvil.
[...¿Diecisiete...?]
Hasta ese momento...
Había dado por hecho que Sarah ya era mayor de edad.
Su madurez.
Su forma de hablar.
Su trabajo.
La seguridad con la que dirigía negocios.
Todo hacía pensar que era mayor.
Pero no.
Solo tenía diecisiete años.
Sintió un extraño peso en el pecho.
[¿Qué estoy haciendo...?]
Apartó la vista un instante.
[He estado admirándola... pensando constantemente en ella...]
Respiró lentamente.
[Y sigue siendo una señorita que aún no alcanza la mayoría de edad.]
Una sensación de culpa apareció inmediatamente.
No porque Sarah hubiera hecho algo incorrecto.
Sino porque él mismo comenzó a cuestionarse.
[Estoy pensando de esa manera sobre una muchacha tan joven...]
Se sintió profundamente incómodo consigo mismo.
Sin embargo...
Cada vez que Sarah sonreía mientras explicaba una nueva idea...
Sus ojos volvían a buscarla casi sin querer.
Y aquello solo aumentaba su conflicto.
[Esto está mal...]
[Pero tampoco puedo fingir que dejó de parecerme extraordinaria.]
Sarah, completamente ajena a la tormenta mental que él estaba viviendo, continuó hablando con entusiasmo.
—De hecho... Creo que podríamos hablar más adelante sobre un proyecto comercial relacionado con sus negocios.
Laurent volvió a concentrarse en la conversación.
—Me gustaría mucho conocer esa propuesta.
Y, poco a poco...
La culpa dio paso nuevamente al interés intelectual.
Hablaron de inversiones.
De comercio marítimo.
Y de posibles colaboraciones futuras entre ambos ducados.
Finalmente...
El camino se separaba para ellos.
Habían llegado al punto donde debían despedirse.
Sarah se bajo de su propio carruaje para despedirse.
Sarah realizó una elegante reverencia.
—Muchas gracias por acompañarme, duque Laurent.
Él respondió con otra inclinación.
—Ha sido un verdadero placer.
Sarah sonrió.
—Espero volver a verlo pronto.
Laurent sostuvo su mirada durante un instante.
Y, pese a toda la confusión que seguía sintiendo por dentro...
No pudo evitar responder con total sinceridad.
—Yo también espero que así sea.
Los dos intercambiaron una última sonrisa.
Después cada carruaje siguió su camino.
Mientras Sarah regresaba pensando en lo agradable que había resultado aquella conversación...
Laurent permaneció varios minutos observando el camino por donde ella había desaparecido.
Finalmente dejó escapar un largo suspiro.
Apoyó la cabeza contra el respaldo del carruaje.
Y murmuró para sí mismo, con una mezcla de admiración y desconcierto:
—Diecisiete años...
Cerró los ojos unos segundos.
—Definitivamente... necesito ordenar mis pensamientos antes de volver a verla.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶