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Elena: Entre El Deseo Y El Odio.

Elena: Entre El Deseo Y El Odio.

Status: En proceso
Genre:CEO / Casos sin resolver / Amor-odio
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Elena a punto de perder la custidia de su hija, esta en la disyintiva entre el amor y el odio a su ex, porque lo considera el autor intelectual de la muerte de sus padres

NovelToon tiene autorización de Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mateo.

Capítulo 16: Mateo

Planear una boda es como construir un castillo de arena: sabes que el mar puede llevárselo en cualquier momento, pero aún así pones todo tu empeño en que sea perfecto. Porque el amor no se trata de controlar el futuro. Se trata de disfrutar cada segundo del presente.

El sí de Elena resonó en mi cabeza durante días enteros como una canción que no podía dejar de tararear. Cada vez que la miraba, cada vez que sus dedos rozaban los míos, sentía que mi corazón iba a estallar de felicidad. Diez años de espera, diez años de dolor y silencio, y ahora estábamos aquí, planeando el resto de nuestras vidas juntos.

Necesitamos una fecha, dijo Elena una mañana, mientras desayunábamos en la terraza. ¿Qué te parece dentro de tres meses?

¿Tres meses? —pregunté, casi atragantándome con el café. ¿No es muy pronto?

Llevamos diez años esperando, Mateo. No quiero esperar ni un día más.

Sonreí y tomé su mano. Su anillo, el de su madre, brillaba bajo la luz del sol como un recordatorio de todo lo que habíamos superado.

Tres meses, entonces respondí. Pero voy a necesitar ayuda. Mucha ayuda.

Para eso estoy yo, dijo Isabel, apareciendo en la puerta con una taza de té en la mano. He planeado más bodas de las que puedo recordar. ¿Me dejan encargarme de los detalles?

Mamá, no hace falta que...

Elena, hija, déjame hacer esto. He estado ausente durante diez años. Déjame compensarlo al menos un poco.

Elena me miró con una sonrisa, y yo asentí. Isabel se convirtió en la directora de la boda, y en cuestión de días, la casa se llenó de catálogos, muestras de tela, listas de invitados y un sinfín de decisiones que parecían interminables.

¿Blanco o marfil?, preguntó Isabel, mostrándonos dos muestras de tela.

Blanco, respondió Elena.

Marfil, dije yo al mismo tiempo.

Nos miramos y reímos.

Blanco, cedí. Lo que ella quiera.

Marfil...dijo Elena. Lo que él quiera.

Isabel suspiró con una sonrisa.

Esto va a ser más complicado de lo que pensaba.

 

La boda se convirtió en el tema central de nuestras conversaciones. Lucía, emocionada, se ofreció a ser la dama de honor, y pasaba horas eligiendo su vestido entre las páginas de las revistas que Isabel le traía.

Quiero uno rosa, declaró una tarde, con los brazos cruzados y la determinación de su padre. Rosa y con lazos.

Rosa y con lazos, repitió Elena, anotando en su libreta. Perfecto.

El lugar de la ceremonia fue fácil de elegir: la playa de Punta Brava, justo frente a la casa. El lugar donde habíamos caminado tantas veces, donde habíamos compartido nuestros secretos y nuestras promesas. No había mejor escenario para nuestro nuevo comienzo.

¿Y los invitados?, reguntó Isabel una noche. ¿A quién quieren invitar?

Elena y yo nos miramos. No teníamos muchos amigos. Nuestras vidas habían estado demasiado llenas de dolor y aislamiento como para cultivar relaciones profundas. Pero había algunas personas que merecían estar allí.

Diego, dije. Mi socio. Ha sido mi roca durante todos estos años.

Rosario, añadió Elena. La niñera de Lucía. Se ha convertido en parte de la familia.

¿Alguien más?

Elena dudó. En sus ojos vi el fantasma de Sofía, la amiga que había sido y que ahora no era más que un recuerdo doloroso.

No, respondió finalmente. Solo ellos. Y nosotros. No necesitamos más.

Isabel asintió y anotó los nombres. No hizo más preguntas.

 La semana antes de la boda, Elena y yo decidimos tomarnos un día libre de los preparativos. Dejamos a Lucía con Isabel y Rosario, y nos fuimos a pasar el día en un pueblo cercano, uno que no habíamos visitado nunca.

Caminamos por sus calles empedradas, entramos en tiendas de artesanía, comimos en un pequeño restaurante con vistas al mar. Fue un día perfecto, sencillo, sin complicaciones. Un día en el que no éramos los sobrevivientes de una tragedia, sino solo dos personas enamoradas.

Gracias por esto, dijo Elena, mientras caminábamos de la mano al atardecer. Por este día. Por todo.

No tienes que darme las gracias, mi amor...respondí, deteniéndome para mirarla. Esto es solo el principio.

Lo sé. Y me da miedo.

¿Miedo de qué?

De que todo sea demasiado perfecto. De que el destino nos tenga preparada otra prueba. De que...

La besé para callarla. No con pasión, sino con ternura. Con la certeza de que, pasara lo que pasara, estaríamos juntos.

No pienses en el destino susurre, apoyando mi frente contra la suya. Piensa en nosotros. En lo que tenemos ahora. En lo que vamos a construir. Eso es lo único que importa.

Ella sonrió y se apoyó contra mi pecho.

Tienes razón. Como siempre.

No siempre reí. Pero en esto sí.

 

La noche antes de la boda, no pude dormir.

No era nerviosismo. Era emoción. La emoción de saber que al día siguiente, Elena sería mi esposa. Que finalmente, después de todos los años de dolor y separación, íbamos a unir nuestras vidas para siempre.

Me levanté de la cama y fui a la terraza. El mar estaba en calma, iluminado por la luna llena. Y allí, en la oscuridad, vi una figura sentada en el borde del acantilado.

Era Elena.

No puedes dormir, ¿verdad? pregunté, sentándome a su lado.

No respondió, apoyando la cabeza en mi hombro—. Tengo demasiadas cosas en la cabeza.

¿Cosas buenas o cosas malas?

Cosas buenas. Cosas maravillosas. Y también un poco de miedo. Pero sobre todo cosas buenas.

La abracé y besé su cabello.

Mañana será el día más feliz de mi vida,dije. Y no porque sea una boda, sino porque será el día en que oficialmente te conviertas en mi esposa.

Elena levantó la cabeza y me miró. Sus ojos verdes brillaban bajo la luz de la luna.

Te quiero, Mateo susurró. Te he querido siempre.

Y yo a ti, Elena. Siempre.

Nos quedamos allí, abrazados, viendo el mar, sintiendo que el tiempo se detenía. Y supe que, pase lo que pase, aquel momento sería para siempre.

Mañana, el mundo cambiaría.

Pero nosotros, nosotros seguiríamos igual.

Juntos.

Siempre.

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