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Haré que mi esposo se arrepienta

Haré que mi esposo se arrepienta

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Senja

Valeria lo dio todo por su matrimonio. Durante siete años fue la esposa perfecta: cocinaba antes del amanecer, criaba sola a Luna, su pequeña hija, y trabajaba en las sombras para convertir el negocio de Andrés en un imperio. A cambio, recibió indiferencia, mentiras y la traición definitiva: descubrir que su esposo compartía cama con otra mujer mientras Luna lloraba esperando una promesa de cumpleaños que jamás se cumplió.

Lo que Andrés nunca supo es que Valeria no era una simple ama de casa. Detrás de su apariencia sumisa se escondía la presidenta y accionista mayoritaria de Grupo Valcárcel, uno de los conglomerados empresariales más poderosos de la ciudad. Una mujer capaz de destruir carreras, hundir fortunas y reescribir destinos con una sola llamada telefónica.

El divorcio fue solo el primer movimiento en un tablero que Andrés nunca vio venir.

Mientras él se hunde cada vez más —de empresario arrogante a chofer, de chofer a paralítico, de paralítico a indigente vendiendo globos en la calle—, Valeria asciende imparable. Y cuando Santiago, un misterioso CEO en silla de ruedas que esconde secretos tan profundos como los suyos, irrumpe en su vida con una determinación inquebrantable y un amor que viene desde la adolescencia, Valeria descubre que la venganza más dulce no es destruir al hombre que la traicionó, sino construir la vida que siempre mereció.

Pero en esta familia, las traiciones no terminan con el divorcio. Madrastras que envenenan, hermanastras que conspiran, amantes que ordenan asesinatos y secretos que pueden cambiarlo todo se interponen entre Valeria y la felicidad que está decidida a reclamar.

NovelToon tiene autorización de Senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 1

—Andrés, no llegues demasiado tarde hoy, ¿sí?

Valeria estaba de pie junto a la mesa del comedor mientras colocaba una taza de café negro caliente, cuyo aroma se elevaba suavemente, frente a su esposo.

Esa mañana, como de costumbre, se había levantado mucho antes del amanecer para preparar el desayuno y asegurarse de que cada necesidad de su pequeña familia estuviera cubierta a la perfección.

Sobre la mesa ya estaban servidos el arroz frito con mantequilla favorito de Andrés, acompañado de un huevo frito con la yema medio cocida, galletas saladas y un vaso de jugo de naranja recién exprimido. Sin embargo, el hombre sentado frente a ella no dirigió ni una sola mirada a la comida que su esposa había preparado con tanto esmero y cariño.

Andrés estaba absorto tecleando algo en la pantalla de su celular, el ceño fruncido como si el mundo exterior fuera infinitamente más importante que cualquier cosa dentro de su hogar.

—¿Me escuchaste? —insistió Valeria. Una sonrisa tenue y forzada se dibujó en su rostro bonito, que empezaba a mostrar líneas de agotamiento.

Andrés exhaló un suspiro largo y audiblemente irritado.

—Sí, Valeria. Te escuché.

—No vayas a olvidarte, ¿eh? Hoy es el sexto cumpleaños de Luna. Ya les contó a todos sus compañeros de la escuela que su papá iba a estar ahí para soplar las velitas con ella en la fiesta de la tarde.

—Si me da tiempo —respondió Andrés con frialdad, sin apartar la vista del celular.

La sonrisa de Valeria se apagó al instante.

—¿Si te da tiempo? Andrés, es el cumpleaños de tu única hija.

¡Pran!

Andrés dejó caer la cuchara con un golpe seco sobre el plato.

—¡Valeria, ¿tú crees que yo allá afuera no hago nada?! ¡Estoy trabajando! Tengo un montón de proyectos y asuntos de la empresa que resolver. ¡Deja de ser infantil!

—Solo te estoy recordando. No hay otra intención —murmuró Valeria con voz apagada.

—Ya te dije que te escuché, ¿no? ¡No lo repitas! —el tono de Andrés subió un escalón.

—Luna te está esperando con muchas ganas. Desde hace una semana está tachando los días en el calendario.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que cancele todas mis reuniones importantes con los clientes solo por una fiesta con globos? ¿Eso es lo que quieres? —Andrés miró a Valeria con fastidio.

Valeria bajó la cabeza y apretó la orilla de su delantal entre los dedos. Conocía de sobra el cambio de actitud de su esposo en los últimos dos años. Antes, Andrés no era así. Antes, era el hombre que cargaba a Luna desde la madrugada cantándole con su voz desafinada y graciosa la canción de cumpleaños. Antes, Andrés siempre ponía a la familia por encima de todo.

Pero ahora, el éxito financiero y los cargos altos que había alcanzado lo habían transformado profundamente. El dinero le había cegado la conciencia.

—Solo quiero que llegues a tiempo. Aunque sea esta vez —susurró Valeria.

—¡Te dije que si me da tiempo, es si me da tiempo! ¡Deja de presionarme! —bramó Andrés.

Valeria tomó aire profundamente, intentando aplacar el estruendo que sentía en el pecho.

—Está bien.

Justo cuando la tensión alcanzó su punto más alto, la puerta de la habitación se abrió. Luna, una niña con dos coletas que acababa de despertar, llegó corriendo alegremente hacia el comedor.

—¡Papi! —Su carita se iluminó en cuanto vio a su padre. Corrió a abrazar las piernas de Andrés—. Papi, ¿te acuerdas de que hoy es el sexto cumpleaños de Luna, verdad?

Andrés exhaló, cambiando su expresión en un parpadeo. Esbozó una sonrisa leve y acarició la cabeza de su hija.

—Sí, papi se acuerda.

—¿Vas a llegar temprano en la tarde? Mis amiguitos van a venir a las cuatro.

—Sí.

—¿Prometido? —Luna alzó la mirada con sus grandes ojos brillantes de esperanza.

—Mmh.

Luna extendió su meñique justo frente a la cara de Andrés.

—¡Promesa de meñique con Luna!

Andrés dudó un instante, mirando de reojo su reloj de lujo en la muñeca. Pero al ver los ojos de su hija, terminó enganchando su meñique con el de ella.

—Sí, papi lo promete.

—¡Sííí! ¡Yupi! —Luna empezó a brincar de alegría por toda la cocina—. ¡Tienes que llegar puntual, eh! ¡Luna quiere soplar la vela grande con papi y mami!

—Sí. Papi ya se va. —Andrés agarró su saco y su portafolio sin despedirse de Valeria.

Momentos después, el rugido del motor de su costoso sedán atravesó el patio antes de perderse en la distancia. Luna seguía en el umbral de la puerta, agitando su manita con toda la energía del mundo hacia la calle vacía.

—Papi no va a romper su promesa, ¿verdad, mami? —preguntó Luna, girando hacia su madre.

Valeria se acercó, se arrodilló para quedar a su altura y forzó su mejor sonrisa aunque el corazón le punzaba.

—No, mi amor. Papi va a cumplir su promesa.

Aunque esas palabras tranquilizadoras salieron con fluidez de sus labios, en lo más profundo de su ser, Valeria sintió un presentimiento extraño.

*

*

Desde el mediodía, la casa comenzó a llenarse de vida. Globos de colores adornaban el patio delantero. Un pastel de cumpleaños de varios pisos decorado con un castillo de chocolate, pedido especial de Luna, ya estaba colocado impecablemente en el centro de la sala.

Algunos compañeros de escuela de Luna fueron llegando uno a uno, acompañados de sus padres. Luna llevaba un vestido blanco precioso de brocado que la hacía parecer una auténtica princesita de cuento de hadas.

Su carita era adorable, pero desde la tarde, los ojos de la niña no estaban puestos en los juegos. Luna no dejaba de mirar hacia el portón de la casa, que permanecía cerrado.

—Mami... —Luna jaló la orilla de la blusa de Valeria.

—¿Sí, mi amor? ¿Qué pasa? —Valeria se agachó junto a su hija.

—¿Dónde está papi? Mis amiguitos ya se quieren ir.

—Todavía está en la oficina. Seguro hay mucho tráfico a esta hora, mi amor.

—Ah... —Luna intentó volver a sonreír, aunque el brillo en sus ojos se iba apagando poco a poco.

—Papi va a llegar, ya verás. No te preocupes, ¿sí? Anda, ve a jugar adivinanzas con tus amiguitos —dijo Valeria acariciándole suavemente la cabeza.

—Sí, mami.

Las horas siguieron girando. Las cinco de la tarde pasaron. Luego llegaron las seis. Hasta que el reloj de pared marcó las siete de la noche.

La fiesta de cumpleaños en realidad había transcurrido animada. Los niños cantaban, comían bocadillos y correteaban de un lado a otro. Pero una silla de madera decorada con un globo azul, que Luna había preparado especialmente como asiento para su padre, seguía completamente vacía.

—Mami...

—¿Sí, mi amor?

—¿De verdad papi no ha llegado?

Valeria no respondió. Con disimulo, su mano derecha tanteó el bolsillo para revisar su celular por enésima vez.

Nada.

Ni un solo mensaje. Ni una llamada respondida. Absolutamente ninguna noticia de Andrés.

—A lo mejor en un ratito llega, cariño. El tráfico a la hora de salida de las oficinas es terrible —mintió Valeria, aunque sabía que a esas alturas hasta las horas extras ya habían pasado.

—¿Papi se olvidó de la promesa de meñique de esta mañana, mami?

—No, mi amor. Papi no pudo haberse olvidado.

—Pero ya es de noche. El cielo está bien oscuro, mami.

Valeria se vio obligada a dibujar una sonrisa que le supo insípida en los labios.

—Seguro papi tuvo una junta de emergencia muy importante en la oficina. Papi trabaja para nosotras.

Luna volvió a bajar la cabeza, mirando las puntitas de sus zapatitos. Una niña tan pequeña quizá todavía no entendía el significado de una traición o una mentira de adultos.

Pero en ese instante, comprendía perfectamente lo que se sentía esperar en la incertidumbre. Y parecía empezar a entender lo dolorosa que puede ser la decepción.

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