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La esposa que despreciaste Ahora es capitana

La esposa que despreciaste Ahora es capitana

Status: Terminada
Genre:Oficina / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:925
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.

"Me da asco con solo mirarla."

Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.

Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.

Y hay alguien que lo nota.

César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."

Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

A la mañana siguiente de la fiesta de bienvenida, el ambiente en la aerolínea se sentía extraño. Normalmente, la sala de descanso de pilotos estaba llena de charlas informales antes del briefing de vuelo.

Pero esa mañana, la atmósfera era diferente. Muchas personas se habían reunido en pequeños grupos. Hablaban en voz baja, pero era bastante evidente que el tema era el mismo: la pelea entre César y Adrián la noche anterior.

Cuando Leya entró a la sala, varias conversaciones se detuvieron de golpe. Algunos fingieron estar ocupados mirando sus teléfonos, mientras que otros le lanzaron una mirada fugaz y enseguida volvieron a cuchichear.

Leya lo notó claramente, pero mantuvo la compostura. Tomó una taza de café de la máquina automática y se sentó en una silla junto a la ventana.

Al poco rato, César apareció. En cuanto entró, el silencio en la sala se volvió aún más profundo. Nadie se atrevía a hablar.

César caminó hacia el asiento de Leya.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Ya te enteraste?

Leya negó con la cabeza.

—Todavía no.

César exhaló un suspiro largo.

—Parece que dentro de poco también a ti te llegará el chisme.

—¿Qué tan malo es? —preguntó Leya.

César no respondió de inmediato; solo tomó su teléfono y se lo mostró a Leya.

En la pantalla había fotos y algunos videos cortos de la pelea de la noche anterior. Se veía a Adrián estrellado contra la pared, mientras César era sujetado por dos pilotos senior.

El ángulo de las tomas era claramente desde el pasillo del hotel; las fotos y los videos cortos ya se habían difundido en varios grupos internos de la aerolínea.

—Qué rápido se difundió —dijo Leya con expresión ligeramente molesta.

—No es solo esto —dijo César.

Abrió otro mensaje; había capturas de pantalla de una conversación grupal.

Uno de los mensajes decía:

Con razón el capitán Adrián se enfureció: otro hombre le quitó a su exesposa. Dicen que ya eran cercanos desde la academia, así que el divorcio entre el capitán Adrián y la capitana Catalina... fue porque durante el entrenamiento, esos dos tenían una aventura.

Leya respiró hondo.

—Entonces ahora resulta que yo fui la infiel.

—A la gente le encantan las historias dramáticas. No le des demasiada importancia. Todo esto se va a resolver pronto.

En otro piso del edificio de la aerolínea, Valentina acababa de entrar a su oficina. Aún no había logrado sentarse cuando su asistente le habló.

—Señorita Vale, hay algo que tiene que ver.

—¿Qué?

La asistente le entregó una tablet; en la pantalla aparecían varias fotos y videos de la pelea de su hermano la noche anterior.

Valentina frunció el ceño.

—¿De dónde salió esto?

—Lleva circulando en la red interna de la aerolínea desde esta mañana, señorita.

Valentina deslizó la pantalla con los ojos entornados. Debajo de las fotos había un relato extenso cuyo contenido era bastante claro:

Se sospecha que el capitán César y la capitana Catalina ya mantenían una aventura desde la academia. Esa infidelidad fue la causa del divorcio de la capitana Catalina y el capitán Adrián. La pelea de anoche ocurrió porque el capitán Adrián descubrió la relación entre ellos.

Valentina cerró la tablet lentamente.

—¿Quién difundió esto?

—Aún no lo sé, señorita.

—Averígualo cuanto antes.

El tono de Valentina sonó plano, pero era evidente que estaba furiosa. A su hermano y a su futura cuñada acababan de calumniarlos.

Mientras tanto, en la sala de descanso de pilotos, Adrián acababa de entrar. Varias personas voltearon de inmediato; sus miradas eran distintas a las de siempre. Había curiosidad, y también juicio.

Adrián caminó hacia la mesa del café. Uno de los pilotos senior le dio una palmada en el hombro.

—¿Estás bien?

—Normal —respondió Adrián.

—Anoche fue bastante escandaloso.

Adrián se limitó a encogerse de hombros. Sabía que todos ya estaban enterados de su relación con Leya. Cuando volteó, la vio sentada junto a César.

Sus miradas se cruzaron por un instante, pero la mujer apartó el rostro de inmediato. Eso le dolió a Adrián más que los golpes de César la noche anterior. La indiferencia de Leya hacia él era verdaderamente dolorosa.

Poco después, la puerta de la sala se abrió otra vez. Valentina entró caminando con paso sereno. Sin embargo, toda la sala enmudeció al instante; todos sabían quién era ella. La hija del dueño de la aerolínea y vicepresidenta ejecutiva de la compañía.

Valentina se detuvo en el centro; sus ojos recorrieron toda la sala.

—Capitán Adrián.

—Sí.

—Capitana Catalina.

Leya se puso de pie.

—Capitán César.

César también se levantó.

Valentina los miró a los tres, uno por uno.

—A mi oficina. Ahora.

La tensión en la sala se volvió aún más densa; nadie se atrevió a hablar.

Cinco minutos después ya estaban en la oficina de Valentina. El espacio era amplio pero se sentía frío. Sobre el escritorio había varias tablets y carpetas.

Leya se colocó a un lado, Adrián al otro. César se paró solo, detrás de Leya. Nadie habló durante varios segundos.

Finalmente, Valentina tomó una de las tablets y la giró para que todos pudieran ver la pantalla.

—Esto. ¿Quién quiere explicarlo primero?

Adrián abrió la boca, pero César se le adelantó.

—Yo le pegué primero.

Valentina no reaccionó de manera exagerada.

—¿La razón?

—Porque él intentó besar a la capitana Leya a la fuerza. A pesar de que ya están divorciados y solo son exesposos —continuó César.

La comisura de los labios de Valentina se estremeció conteniendo la risa. En realidad tenía muchas ganas de reírse de su hermano, que había llegado al extremo de pelearse por una mujer. Pero se esforzó por contenerse.

Valentina miró entonces a Adrián.

—Capitán Adrián, ¿es cierto lo que dijo el capitán César?

—Anoche simplemente perdí el control. No debí haber forzado a la capitana Leya —admitió Adrián.

—Los problemas personales de ustedes, en realidad, no son asunto de la empresa —Valentina cerró la tablet y guardó silencio un instante—. Pero los rumores que circulan esta mañana... esos sí afectan a la empresa.

Valentina abrió otra tablet y mostró las capturas de pantalla de los mensajes que se habían difundido. El texto que acusaba a Leya y a César de tener una aventura desde la academia.

—¡Todo eso es una calumnia! —exclamó César con tono furioso—. ¡Quiero saber quién difundió esto!

Entonces la puerta de la oficina se abrió y Vanessa entró. Se detuvo cerca del escritorio de Valentina; su rostro lucía tenso.

—¿Vanessa? ¿Qué haces aquí? —Adrián miró a su amante con expresión de sorpresa.

Valentina se reclinó en su silla.

—La persona que difundió las fotos, los videos y también la historia de la supuesta infidelidad... ya fue rastreada.

Todos se quedaron atónitos.

—La dirección IP, la hora del envío y el dispositivo... todo apunta a Vanessa —continuó Valentina.

Adrián parecía no poder creerlo; no se imaginaba que Vanessa fuera capaz de difundir una historia falsa. Cuando los infieles habían sido ellos. Un sudor frío empezó a brotar en la frente de Adrián; temía que su aventura con Vanessa saliera a la luz. Si eso ocurría, podría ser suspendido o incluso dado de baja de manera deshonrosa.

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