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El Chico Del Departamento 512

El Chico Del Departamento 512

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Descripción

La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — Creo que me estoy enamorando de Eithan

Creo que me estoy enamorando de Eithan.

Me costaba hasta decirlo en mi propia cabeza.

—¿Será que sí? —murmuré una mañana mientras me miraba al espejo.

Me quedé callada.

No sabía exactamente en qué momento había comenzado a pasar.

Al principio, Eithan era simplemente mi vecino del departamento 512. El hombre grosero que llegaba a la madrugada oliendo a guaro, que se metía en problemas y que parecía tener una pelea pendiente con el mundo entero.

Yo no lo soportaba.

O eso creía.

Pero después empecé a conocerlo.

Conocí al hombre que se escondía detrás de esa actitud tan brava. Al que todavía extrañaba a su esposa. Al que se quebraba cuando recordaba a su bebé. Al que, aunque fingiera que nada le importaba, tenía sentimientos más profundos de lo que mostraba.

Y ahí fue donde todo comenzó a cambiar.

Me descubrí pensando en él más de lo normal.

Cuando despertaba, a veces lo primero que hacía era preguntarme si Eithan estaría bien.

Cuando escuchaba abrirse la puerta del 512, levantaba la cabeza inmediatamente.

Si pasaban muchas horas sin verlo, me preocupaba.

Y cuando salía de fiesta, me daba una angustia que no quería reconocer.

—Maidy, usted está como bobita —me dije a mí misma.

Me senté en la cama.

—No, no, no. Esto no puede estar pasando.

Intenté convencerme de que solamente me preocupaba porque sabía que estaba sufriendo.

Eso era todo.

¿Cierto?

Pero entonces recordé algunas cosas.

La primera vez que lo vi herido.

La manera en que me había mirado cuando le curé la ceja.

Aquella tarde en la que probó mi comida y comenzó a llorar porque le recordó a su esposa.

Su sonrisa cuando le dije que cocinaría para él siempre que pudiera.

Y aquella noche en la que me pidió que no lo dejara solo.

Sentí un cosquilleo extraño en el pecho.

—Ay, no...

Me tapé la cara con las manos.

—Creo que sí me estoy enamorando.

Decirlo en voz alta hizo que mi corazón comenzara a latir más rápido.

Pero también tenía miedo.

Muchísimo.

Porque Eithan no era un hombre cualquiera.

Tenía un pasado.

Tenía heridas que todavía no habían cerrado.

Había amado profundamente a una mujer y había perdido a su familia.

¿Yo dónde cabía en todo eso?

Además, él no parecía estar buscando una relación.

Ni siquiera parecía saber qué hacer con su propia vida.

—¿Y yo qué voy a hacer con esto? —murmuré.

Me levanté y fui a preparar café.

Mientras estaba en la cocina, escuché que alguien tocaba mi puerta.

Abrí.

Era Eithan.

—Buenos días.

Lo miré sorprendida.

—¿Usted diciendo buenos días?

—¿Qué tiene de raro?

—Nada. Es que casi nunca está despierto a esta hora.

—Hoy sí.

Sonrió.

Yo sentí nuevamente ese cosquilleo.

—¿Qué hace? —preguntó.

—Café.

—¿Me da uno?

—Claro.

Entró y se sentó mientras yo servía dos tazas.

—¿Cómo sigue la muñeca?

—Mejor.

—¿Seguro?

—Sí, enfermerita.

—No me diga así.

—¿Por qué?

—Porque suena raro.

—Bueno, Maidy.

Me entregué mi taza y me senté frente a él.

—¿Y usted cómo amaneció?

—Bien.

—¿De verdad?

Me miró.

—Sí.

—Me alegra.

Eithan bebió un poco de café.

—Está bueno.

—Pues claro.

—Otra vez con la creída.

—No soy creída.

—Un poquito.

Nos reímos.

Y en ese momento me di cuenta de algo.

Ya no veía solamente al hombre roto que necesitaba ayuda.

También veía al hombre que me hacía reír.

Al hombre con quien podía conversar durante horas.

Al hombre cuya sonrisa comenzaba a importarme demasiado.

Eithan dejó la taza sobre la mesa.

—Maidy.

—¿Sí?

—Gracias por todo.

—¿Por qué?

—Por no irse.

Me quedé mirándolo.

—No tiene que agradecerme.

—Sí tengo.

—¿Por qué?

—Porque desde que usted llegó, mi vida está un poquito menos jodida.

Sentí que el corazón se me apretaba.

—Eithan...

Él sonrió.

—No ponga esa cara.

—¿Cuál?

—Esa de que va a llorar.

Me reí.

—No voy a llorar.

Pero por dentro estaba hecha un desastre.

Porque mientras él hablaba tranquilamente, yo solo podía pensar una cosa:

Me estaba enamorando de Eithan Arango.

Y lo peor de todo era que todavía no sabía si él algún día podría sentir lo mismo por mí.

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