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Prohibido Para Mí

Prohibido Para Mí

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven estudiante de colegio que jamás imaginó que conocer a un doctor cambiaría su vida para siempre. Entre ellos nace un sentimiento profundo que, poco a poco, se convierte en un amor prohibido, lleno de obstáculos, secretos y decisiones difíciles. Sin embargo, ambos están dispuestos a luchar por aquello que sienten. Cuando la chica atraviesa el momento más doloroso de su vida, su mundo se derrumba: su querida abuelita, la única persona que la crió y estuvo a su lado, fallece después de enfrentar una grave enfermedad. El doctor no pudo salvarla, pero decidió quedarse para acompañarla y apoyarla.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 Mi vida de médico

Hola, soy Xavier González, tengo 24 años y nací el 17 de mayo de 2002 en Medellín, Colombia. Soy paisa de pura cepa y, aunque he tenido la oportunidad de conocer otros lugares, no cambio mi Medellín por nada.

Actualmente soy doctor y trabajo en un hospital de Medellín. Después de tantos años estudiando medicina, madrugando, trasnochando y aguantando exámenes que parecían no tener fin, por fin estaba ejerciendo la profesión que siempre había querido.

Mi vida era bastante tranquila. No tenía esposa, tampoco hijos y mucho menos novia. Estaba soltero y, la verdad, tampoco estaba desesperado por conseguir pareja.

Vivía con mis papás y mis dos hermanas. Sí, ya sé lo que probablemente están pensando: “¿Este man tiene 24 años y todavía vive con los cuchos?”. Pues sí, ¿y qué?

Mi mamá, Eudoria González, es mi cucha, una mujer de carácter fuerte, pero también muy cariñosa. Mi papá se llamaba Anselmo González, un hombre serio, trabajador y de esos que siempre tienen un consejo listo para cualquier situación.

Mis hermanas sí tenían nombres bastante particulares. La mayor se llamaba Yaralith, tiene 27 años, y la menor se llamaba Zafire, de 19.

Con ellas la convivencia era una mezcla entre cariño, recocha y peleas bobas.

Todas las mañanas mi rutina comenzaba a las cinco.

—¡Xavier, mijo! ¡Levántese que se le va a hacer tarde! —gritaba mi mamá desde la cocina.

Yo abría un ojo y miraba el celular.

—Ma, apenas son las cinco de la mañana. Déjeme dormir otros diez minuticos.

—¡Nada de diez minuticos! Después sale embalado y me echa la culpa a mí.

—Bueno, bueno, ya voy.

Me levantaba, me bañaba rápidamente y me arreglaba para ir al hospital. A las 5:50 de la mañana ya estaba listo. Tomaba desayuno con mi familia y a las 6:10 salía de la casa.

El camino hasta el hospital dependía mucho del tráfico. Medellín a esas horas ya estaba movidísima. Carros, motos, buses y gente tratando de llegar temprano al trabajo.

Normalmente llegaba al hospital alrededor de las 6:40 de la mañana, y a las 7:00 comenzaba oficialmente mi jornada.

Mi trabajo era exigente. Había días tranquilos y otros en los que no tenía ni tiempo para sentarme a tomarme un tinto. Revisaba pacientes, historias clínicas, acompañaba procedimientos y trabajaba junto con todo el equipo médico.

Pero me gustaba.

Siempre había pensado que ser médico no era solamente ponerse una bata y decir que uno tenía una profesión importante. Era tener responsabilidad sobre otras personas y tratar de ayudar cuando más lo necesitaban.

Ese día fue particularmente pesado.

Pasé horas atendiendo pacientes y solamente pude descansar unos minutos al mediodía. Cuando finalmente terminé mi jornada, eran aproximadamente las 5:00 de la tarde.

Me quité la bata, guardé mis cosas y salí del hospital.

—Por fin, pues —murmuré mientras caminaba hacia la salida—. Hoy sí quedé vuelto nada.

Llegué a mi casa cerca de las 6:00 de la tarde.

Apenas abrí la puerta, escuché a Zafire desde la sala.

—¡Llegó el doctor!

—¿Qué pasó pues? —respondí.

—Nada, hombre. Es que mi mamá dijo que hoy llegabas temprano.

—¿Temprano? Si salí a las cinco.

Mi mamá apareció desde la cocina.

—Venga, mijo, coma algo. Debe tener hambre.

—Sí, ma. Estoy que me como hasta la mesa.

Todos nos reímos.

Después de cenar, me senté un rato con mi familia. En algún momento mi papá volvió a sacar el tema que siempre terminaba apareciendo.

—¿Y usted cuándo piensa conseguir novia?

Yo solté un suspiro.

—Otra vez con lo mismo, pa.

—Pues sí. Ya tiene 24 años.

—¿Y qué? Tampoco tengo que casarme mañana.

Mi mamá sonrió.

—Uno nunca sabe cuándo llega la persona indicada.

Yo no respondí.

La verdad era que no tenía mujer porque todavía no había encontrado a alguien con quien realmente quisiera estar. Había conocido varias muchachas, claro, pero ninguna había conseguido hacerme pensar en una relación seria.

Además, sentía que muchas mujeres de mi edad estaban más pendientes de las fiestas, las rumbas y salir con los amigos que de pensar en algo estable.

Aunque, siendo justo, sabía que no todas eran iguales.

Tal vez existía alguna diferente.

Tal vez simplemente todavía no la había conocido.

Esa noche subí a mi habitación, me acosté y miré el techo durante unos segundos.

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1
Deyda Ninorca Sanchez Batista
las niñas son de papá
Doris Laura Torres Amaya
👏,buena decisión
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