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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:191.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16. El dibujo

Valentina estaba en el piso de la sala, rodeada de los colores que Ángel le había traído, dibujando con la lengua afuera por la concentración.

—Mira, mami. Ya casi termino.

Cynthia se asomó desde el sofá, donde fingía leer el cuaderno de recetas mientras en realidad vigilaba a la niña con un ojo. En la hoja había cuatro figuras tomadas de la mano. Una grande con pelo largo, una mediana con bata blanca, una pequeña con dos colitas, y al lado, separado, un cuarto monigote.

—Está lindo. ¿Quiénes son?

—Esta eres tú, este es el doctor, y esta soy yo. —Señaló con el crayón—. Y este es papá.

A Cynthia se le tensó la mano sobre el cuaderno.

—¿Por qué papá está ahí solito, en una esquina?

—Porque no sé si está con nosotros o no. —Valentina lo dijo sin levantar la vista, concentrada en colorearle la camisa a Alberto—. Mami, ¿papá está triste?

—¿Por qué dices eso?

—Porque nosotras nos reímos en la playa con el doctor, y él no estaba. Y los papás se ponen tristes cuando se quedan solos.

Cynthia dejó el cuaderno a un lado. Se le había secado la boca.

—Papá está bien, mi amor.

—¿Lo extraña?

—Pinta, anda. Ya casi es la hora del almuerzo.

No era una respuesta y la niña lo sabía, pero a los seis años uno todavía obedece. Volvió al dibujo. Cynthia se quedó mirando ese cuarto monigote en la esquina y sintió un nudo que no era solo por la pregunta.

Estaban recogiendo los colores cuando Valentina se llevó la mano a la cara.

—Mami, me sale agua de la nariz.

Cynthia se giró. No era agua.

Era sangre. Le bajaba un hilo rojo desde la fosa derecha, le llegaba al labio, le manchaba la barbilla, y la niña la miraba con los ojos muy abiertos, más asustada por la cara de su mamá que por la sangre.

—No pasa nada, no pasa nada. —Cynthia la sentó, le echó la cabeza hacia adelante, le apretó la nariz con un paño, repitiendo las cosas que uno dice para calmar a un niño y para calmarse uno—. Es el calor. Te calentaste mucho corriendo. Ya, ya, ya pasa.

Le tomó un rato largo parar. Más de lo que para un sangrado normal.

Cuando por fin cedió, Cynthia le limpió la cara y la abrazó, y al pasarle la mano por la espalda para tranquilizarla le subió la manga sin querer.

Más moratones. En el antebrazo, dos nuevos, oscuros, que el otro día no estaban. Y al lado, los del juego en la playa, que en una semana deberían haberse puesto verdes y amarillos y estar desapareciendo.

Seguían morados. Igual de oscuros que el primer día.

Cynthia se quedó con la manga de la niña entre los dedos, sin soltarla.

Los morados se ponen amarillos. Todo el mundo sabe que los morados se ponen amarillos cuando van sanando.Estos no. Estos seguían ahí, intactos, como si el cuerpo de su hija no estuviera arreglando nada.

—¿Te duele algo, mi amor? —le preguntó, esforzándose para que la voz le saliera normal.

—No. Solo estoy cansada. Siempre estoy cansada.

Siempre.La palabra le cayó en el estómago como una piedra.

Esa noche, Cynthia no durmió tranquila, y resultó que tenía razón.

Pasada la medianoche, Valentina empezó a quejarse en la cama. Cynthia se levantó y, antes de tocarla, le sintió el calor que salía del cuerpo a un palmo de distancia.

Le puso la mano en la frente y la quitó casi de inmediato. Ardía. No era la fiebre de un resfriado, esa que sube de a poco con mocos y tos. Esto había llegado de golpe, sin aviso, y la niña tenía los labios resecos y temblaba aunque estuviera hirviendo.

—Valentina. Valentina, mírame.

La niña abrió los ojos a medias, sin enfocar.

—Tengo frío, mami.

—Estás ardiendo, mi amor, no tienes frío. —Le destapó las piernas y vio, en los muslos, manchas nuevas, pequeñas, rojas, como puntitos que no se le iban al apretarlos—. ¿Qué es esto? ¿Qué carajo es esto?

El miedo que Cynthia conocía tenía cara de Alberto. Tenía puños, tenía sótano, tenía Mercedes negro en el retrovisor. Ese miedo lo sabía manejar, llevaba cinco años entrenando para él.

Este era otro. Este no tenía a quién golpear ni de quién huir. Este estaba dentro de su hija y ella no sabía ni cómo se llamaba.

Corrió por el celular que Ángel le había dado, con las manos temblándole tanto que se le cayó dos veces, y marcó el único número, sin pensar en reglas, sin pensar en Alberto, sin pensar en nada que no fuera la niña ardiendo en la cama.

Ángel contestó al tercer timbre, con la voz pastosa del sueño.

—¿Cynthia?

—Algo le pasa a Valentina. —Le salió entrecortado—. Tiene fiebre altísima, le sangró la nariz, tiene moretones que no se le quitan y unos puntitos rojos en las piernas. Dime que es un virus. Dime que le doy algo y se le pasa.

Hubo un silencio del otro lado. Un silencio que Cynthia ya había aprendido a temer.

—Ángel. Dime algo.

—Voy para allá ahora mismo. —La voz ya no estaba pastosa, estaba despierta del todo, y demasiado tranquila—. No le des nada. No la dejes sola. Y, Cynthia… —Otra pausa—. Necesito que respires, porque te voy a hacer unas preguntas y necesito que me respondas bien.

—¿Qué preguntas?

—Cuando llegue.

Y colgó.

Cynthia se quedó con el teléfono apretado contra el pecho, mirando a su hija temblar de frío con cuarenta de fiebre, y por primera vez en mucho tiempo deseó, con todas sus fuerzas, que el peor problema de su vida volviera a ser Alberto.

1
Elia Ester Montes Guiñez
Mil gracias por tu novela felicidades y bendiciones
LISSETH BUITRAGO
Hermosa Historia. Gracias
Maria Gonzalez Gonzalez
😭😭😭😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
wow que padre que ya los registraron como suyos y de nadie más ❤️❤️❤️
Maria Gonzalez Gonzalez
pero Catalina peleaba por los barones porque como mujer nunca defendió ni a su propia hija del mounstro de su hijo cuando también la golpeaba por ayudar a Cinthya.
Maria Gonzalez Gonzalez
siempre se le va ese detalle de la cesárea, en vez de parto...en otra novela también lo expreso así, jajajaja jajajaja.
Maria Gonzalez Gonzalez
además los bebés fueron implantados por invitro, porque Alberto ya sabía que era cero positivo.
Maria Gonzalez Gonzalez
esa putizorra de Valeria no se saldrá con la suya 🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
de verdad que tal para cual la Catalina y la Valeria, un par de 💩💩💩
Maria Gonzalez Gonzalez
desafortunadamente la mayoría de las mujeres que son golpeadas y maltratadas en sus vidas , ya sea jovenes y casadas, aceptan como normales esa vida y la permiten y avalan con los hijos hombres, convirtiéndolos en hombres machistas y maltratadores.
Maria Gonzalez Gonzalez
por eso la mamá se desquita con la nuera, maldita mujer 😡 😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ese hombre nunca cambiará, aguas porque seguirá siendo una verdadera 💩💩💩
Sandra Garnica
La más idiota es ella porque el Dr se lo había advertido lo del teléfono y ella por tonta no lo hizo😡😡😡 y ahora esta pagando las consecuencias y para rematar la niña enferma
Sandra Garnica
😡 Más idiota😡😡 como va a dejar el celular a la mano de la niña 😡 y no se le puede culpar porque ella no sabe el monstruo que es su padre😤😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
será que Angel será el donante de espermatozoides🤔🫢😃😂
Maria Gonzalez Gonzalez
maldito infeliz 😡😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay no que la niña no se enferme 🥹🥹🥹
Maria Gonzalez Gonzalez
pobre mujer😭😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
pinche vieja de la madre que le festeja todo al imbécil
Maria Gonzalez Gonzalez
maldito infeliz de 💩💩💩
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