Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 21
El sol de la mañana apenas lograba atravesar los imponentes ventanales en la oficina de Evana, proyectando sombras largas sobre la superficie de caoba pulida de su escritorio ejecutivo.
Las portadas de los principales diarios financieros del país descansaban abiertas frente a ella, titulando en letras gruesas y moldeadas el estrepitoso desplome de las operaciones corporativas de Andy.
El bloqueo internacional sobre los activos de la empresaria había sido fulminante. La trampa montada por Evana y Thomas había funcionado con una precisión perfecta. Al ingresar el capital del fondo offshore suizo a la cuenta de fideicomiso que la unidad de inteligencia financiera había preparado minuciosamente con la orden judicial, la compleja red de lavado de dinero que sostenía la inmunidad y el poder de Andy se vino abajo exactamente como un castillo de naipes.
La diplomática no solo había perdido los recursos millonarios destinados a la compra hostil de las filiales logísticas, sino que en esos precisos instantes enfrentaba múltiples investigaciones de organismos federales que desmantelaban, hora tras hora, toda la red de influencia que tardó décadas en construir.
Un golpe firme y pausado sobre la madera pesada de la puerta interrumpió el hilo de sus pensamientos. No era el toque apresurado de su secretario provisional.
La puerta se abrió con elegancia y Sergio, su padre, entró en el despacho. Lucía una compostura impecable en su traje gris hecho a medida, pero en la profundidad de sus ojos oscuros se apreciaba el peso inconfundible del cansancio acumulado de quien ha llevado una pesada y silenciosa carga sobre los hombros durante semanas.
Caminó con pasos lentos y meditados sobre la alfombra hasta detenerse justo al frente del escritorio. Se quedó observando a su hija en absoluto silencio durante varios segundos, apreciando la fortaleza con la que ella sostenía la mirada.
—Las acciones de la firma han comenzado a estabilizarse en la bolsa desde primera hora —dijo Sergio con su voz grave y tranquila, rompiendo finalmente el hielo de la estancia—. El departamento de comunicaciones ha hecho un trabajo aceptable, y la prensa económica está calificando el repliegue estratégico de Vanguard como un movimiento prudente tras revelarse las irregularidades fiscales de la firma suiza.
Evana ajustó la postura de su espalda contra el respaldo de cuero del sillón, manteniendo la distancia profesional y la rigidez calculadora que habían acordado para el ojo público.
—Era el resultado lógico que estábamos esperando, papá —respondió ella, midiendo cada entonación de su voz—. Mantuvimos el margen de seguridad que establecimos con la junta directiva desde el primer momento en que la presión comenzó.
Sergio dejó escapar una leve sonrisa que apenas le arrugó la comisura de los labios, cargada de una extraña y conmovedora mezcla de alivio genuino y melancolía contenida. Se acercó un paso más a la mesa y apoyó con delicadeza ambas manos sobre el borde del escritorio, observando detenidamente las carpetas de informes contables que Evana tenía ordenadas.
En el fondo de su mente, Sergio unió los puntos en un análisis silencioso e implacable. Había estado observando la dinámica corporativa con el ojo de un veterano de negocios y había descubierto la coordinación entre los informes de auditoría interna presentados por su hija y los movimientos relámpago de compra que ejecutó el Grupo Vanguard. Ningún enemigo comercial real, por más despiadado que fuese, actuaba con semejante precisión para proteger la estructura interna y la liquidez de una empresa rival mientras aparentaba destruirla.
Había reconocido también, en los detalles más insignificantes pero reveladores, la forma en que Thomas Vance cuidaba a Evana desde la distancia. La mirada atenta que el hombre le dedicaba en los eventos públicos, la firmeza con la que la respaldaba sin que nadie más lo notara y la devoción silenciosa que emanaba de su presencia no pertenecían al terreno árido de las finanzas. «Están juntos en esto», se dijo Sergio para sus adentros.
Sin embargo, guardó ese revelador descubrimiento bajo siete llaves en el lugar más recóndito de su pecho. Revelar que lo había comprendido todo solo añadiría un peso inútil y una presión innecesaria sobre los hombros de Evana.
Por lo que él decidió mantener el secreto para sí mismo, sumergiéndose en el silencio para jugar su propio papel en la sombra y proteger la felicidad de ambos sin estorbar sus planes.
—Has manejado esta crisis con una templanza y una astucia admirables, Evana —dijo Sergio en voz alta, canalizando sus pensamientos hacia un tono de orgullo paternal perfectamente controlado—. La junta directiva, que hasta ayer estaba al borde del pánico, hoy está más que satisfecha con los resultados y el rumbo de tu gestión.
—Solo hice lo que era estrictamente necesario para blindar el patrimonio de la familia y el futuro de la empresa, papá —respondió Evana con serenidad, manteniendo la coraza ejecutiva que se había acostumbrado a llevar como escudo.
Aunque había demostrado afecto la noche anterior. Ahora solo era la CEO de la empresa como él le había enseñado.
Sergio asintió con lentitud, irguiéndose de nuevo mientras guardaba ambas manos en los bolsillos de su saco con elegancia natural.
—Seguiré al frente de las reuniones principales de la presidencia para contener cualquier réplica menor que pueda surgir en el mercado internacional —aseguró él con un matiz de gravedad en la voz—. Ante los directores de la junta y ante la prensa nacional, mantendré la postura firme e inquebrantable que la empresa exige en estos momentos. Puedes estar completamente tranquila al respecto.
—Gracias, papá —murmuró Evana, inclinando levemente la cabeza en un gesto de respetuosa gratitud.
—Protege la empresa, mi niña. Y, sobre todas las cosas, no olvides cuidar de ti misma —dijo Sergio con un afecto tan suave que resonó con fuerza en las cuatro paredes de la estancia.
Dio media vuelta y comenzó a caminar a pasos firmes hacia la salida. Al sujetar el pomo de la puerta de madera, Sergio se detuvo por un breve instante sin girar el rostro, manteniendo la mirada fija en la penumbra del pasillo exterior, luego siguió su camino.
Gracias por los capítulos autora