Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Refugiados 1
Después del desayuno, Megara se preparó para comenzar finalmente su investigación.
El conde Thomas la esperaba afuera de la mansión junto al carruaje.
Megara apareció cargando su cuaderno.
—Buenos días nuevamente.
—Buenos días, lady Megara.
Ella se detuvo frente al carruaje.
—¿Podría llevar mi maleta?
Thomas miró la maleta.
Era bastante grande.
—¿La de las pociones?
—Sí.
—Por supuesto.
Thomas tomó la maleta antes de que uno de los sirvientes pudiera hacerlo.
Megara sonrió.
—Gracias.
El conde la ayudó a subir al carruaje y después acomodó cuidadosamente la maleta.
—¿Lleva muchas?
—Algunas.
Thomas levantó una ceja.
—¿Cuántas son "algunas"?
Megara pensó.
—Cuarenta y tres.
Thomas la miró.
—Eso no son algunas.
Megara soltó una pequeña risa.
—Para mí sí.
Durante el viaje, Megara comenzó a explicarle algunas de las pociones que llevaba.
Thomas escuchaba atentamente.
—Esta ayuda con el agotamiento.
—¿Y cuánto dura el efecto?
—Depende de la persona.
—¿Y esta?
—Fortalece temporalmente el cuerpo.
—¿Puede tomarla un niño?
—No sin ajustar la dosis.
—¿Y esta?
Megara lo miró.
—¿Tiene muchas preguntas?
—Quiero entender lo que está haciendo.
Ella sonrió.
—Entonces está bien.
Thomas continuó preguntando.
Megara respondía con paciencia.
Algunas de sus preguntas eran muy específicas.
Otras eran bastante simples.
Y en varias ocasiones Megara terminó riéndose.
—¿Por qué se ríe? —preguntó Thomas.
—Porque pregunta como si fuera a preparar usted mismo las pociones.
—Quizás algún día.
—No.
Thomas sonrió.
—¿No?
—No le dejaría acercarse a mi laboratorio.
—¿Tan peligroso es?
—No.
Megara hizo una pausa.
—Pero tocaría algo que no debe tocar.
Thomas comenzó a reír.
—¿Y cómo sabe eso?
—Porque las personas siempre hacen eso.
El viaje continuó entre conversaciones y pequeñas risas.
Finalmente llegaron a la zona donde se encontraban las familias refugiadas.
Megara miró por la ventana.
El paisaje había cambiado.
Había caminos de tierra.
Pequeñas construcciones.
Tiendas improvisadas.
Personas caminando.
Y, tal como había advertido Thomas...
Muchos insectos.
Megara hizo una pequeña mueca.
—Oh...
Thomas la miró.
—¿Qué ocurre?
—Hay muchos.
—Sí.
Megara observó uno que volaba cerca de la ventana.
—Muchísimos.
Thomas sonrió.
—Entonces hice bien en preparar algo diferente.
Megara lo miró.
—¿Qué?
El conde señaló hacia una zona cercana.
—Mandé preparar una cabaña para que pueda recibir a las familias.
Megara abrió los ojos.
—¿Una cabaña?
—Sí.
—¿Dentro de la zona?
—Cerca.
Thomas señaló el lugar.
—Así no tendrá que caminar demasiado por la tierra.
Megara sonrió inmediatamente.
—Eso es maravilloso.
—Además, traeremos a las personas hasta allí.
—¿De verdad?
—Sí.
Megara lo miró agradecida.
—Muchas gracias, conde Bruyne.
Thomas sonrió.
Y en ese instante volvió a pensar lo mismo.
[Es hermosa].
La sonrisa de Megara era sencilla.
No parecía calculada.
No intentaba agradarle.
Simplemente estaba genuinamente agradecida.
Thomas suspiró discretamente.
Había algo peligroso en aquella mujer.
No porque fuera poderosa.
Sino porque, sin siquiera intentarlo, comenzaba a ocupar demasiado espacio en sus pensamientos.
Sabía perfectamente lo que ella había dicho.
No le interesaban las reuniones sociales.
No le interesaba conocer personas.
Prefería las pociones.
Las investigaciones.
Y, aparentemente, una cueva.
Thomas sonrió para sí mismo.
[Qué mujer tan extraña].
Y precisamente por eso...
No podía dejar de mirarla.
Pocos minutos después, la cabaña estuvo lista.
Era sencilla, pero cómoda.
Habían preparado una mesa amplia para que Megara pudiera trabajar.
Varias sillas.
Un espacio para colocar sus ingredientes.
Una cama pequeña en una habitación contigua.
Y una mesa adicional para registrar la información de los pacientes.
Thomas incluso había asignado a una doncella para ayudarla.
Un guardia se acercó al conde.
—Mi señor, esta todo listo ¿voy a buscar a la maga?
Thomas estuvo a punto de responder que sí.
Era lo lógico.
Pero entonces miró hacia el carruaje.
Y tomó una decisión inesperada.
—No..
El guardia asintió.
—Entonces...
Thomas comenzó a caminar.
—Yo iré.
El guardia parpadeó.
—¿Usted?
—Sí.
El hombre se quedó mirándolo.
Thomas también estaba sorprendido de su propia decisión.
Nunca había sido celoso.
Nunca había sentido la necesidad de vigilar a alguien.
Nunca había sido posesivo.
Pero ahora...
La idea de que aquel guardia fuera a buscar a Megara le había resultado desagradable.
Y comprendió algo.
[Quizás nunca fui celoso porque nunca me había interesado realmente alguien].
La idea de que otro hombre viera a Megara sonreír...
No le gustó.
La idea de que alguien más pudiera darse cuenta de lo hermosa que era...
Le gustó todavía menos.
Thomas frunció ligeramente el ceño.
[Esto es nuevo].
No tuvo tiempo de pensarlo demasiado.
Llegó hasta el carruaje.
Megara bajó.
—¿Está lista?
—Sí.
Thomas tomó su maleta antes de que ella pudiera hacerlo.
—Yo la llevo.
Megara sonrió.
—Gracias.
Caminaron juntos.
Thomas le mostró el camino.
—La cabaña está un poco más adelante.
Megara miró alrededor.
—Es agradable.
—Intenté que tuviera todo lo que pudiera necesitar.
Finalmente llegaron.
Megara entró.
Miró la mesa.
Los estantes.
Los recipientes.
El espacio preparado para las pociones.
Y sonrió.
—Es perfecta.
Thomas sonrió al verla feliz.
La doncella ya estaba dentro, esperando instrucciones.
—Lady Megara, ella será su ayudante durante su estadía.
Megara hizo una pequeña reverencia.
—Mucho gusto.
La doncella respondió rápidamente.
—El gusto es mío.
Megara comenzó a acomodar sus cosas.
Thomas dejó la maleta sobre la mesa.
Ella la abrió.
Comenzó a sacar los frascos.
La doncella se acercó para ayudar.
Thomas también comenzó a acomodar algunos recipientes.
Megara levantó la mirada.
—¿Nos ayudará?
Thomas la miró.
—Por supuesto.
Ella sonrió.
—Muchas gracias.
Entonces Megara hizo una pregunta que dejó al conde completamente desprevenido.
—¿Se quedará con nosotros?
Thomas miró a la doncella.
La joven ya estaba preparada para trabajar.
Después miró a Megara.
Ella lo observaba con una expresión completamente inocente.
Thomas podría haber dicho que no.
Debería haber dicho que tenía otros asuntos.
Era el conde.
Tenía responsabilidades.
Pero...
No pudo.
—Por supuesto.
La doncella y el guardia, que se encontraban cerca de la entrada, intercambiaron una mirada de absoluta sorpresa.
El conde Thomas Bruyne...
¿Había decidido quedarse?
El guardia hizo una pequeña reverencia.
—Entonces nosotros nos retiramos.
La doncella también hizo una reverencia.
—Sí, mi señor.
Ambos salieron.
Megara no pareció notar la sorpresa.
Estaba demasiado concentrada organizando sus frascos.
—Esta irá aquí.
Colocó uno.
—Esta aquí.
Otro.
—Y estas deben mantenerse lejos de la luz.
Thomas la observaba.
—¿Siempre organiza todo de esa manera?
—Sí.
—Es bastante meticulosa.
Megara sonrió.
—Tengo que serlo.
Thomas la ayudó a colocar algunos recipientes.
Y así, mientras el conde de Bruyne, que normalmente delegaba cientos de tareas, terminaba organizando frascos junto a una maga que prefería pasar sus días entre pociones...
Ambos se prepararon para recibir a los primeros refugiados.
Megara tomó su cuaderno.
Respiró profundamente.
[Investigación].
Miró la puerta.
[Observación].
Acomodó el lápiz.
[Datos].
Y finalmente sonrió.
—Estoy lista.
Thomas la miró.
Y volvió a pensar lo mismo.
[Es realmente hermosa].
Megara, por supuesto, no tenía la menor idea de lo que estaba pasando por la cabeza del conde.
Para ella... Solo estaba comenzando una investigación.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖