Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Festival de la cosecha 2
Minutos después, las campanas del festival comenzaron a sonar.
La música cambió y la gente empezó a reunirse alrededor de la plaza.
—¡Van a comenzar los juegos!
—¡La competencia de la cosecha!
—¡Que empiecen!
Caroline miró hacia el centro de la plaza con curiosidad.
—¿Qué van a hacer?
El conde Kraft sonrió.
—Las competencias tradicionales del festival.
En ese momento, varios hombres comenzaron a prepararse.
Caroline reconoció inmediatamente a uno de ellos.
—¿Usted va a participar?
—Por supuesto.
Kraft sonrió con confianza.
Caroline rio.
—Entonces le deseo mucha suerte.
—Haré mi mejor esfuerzo.
Kraft se dirigió hacia el área de los competidores.
Caroline se quedó observando.
Y sonrió.
A cierta distancia, Fitzroy también observaba.
Había llegado al festival con la intención de simplemente conocer las tradiciones.
Eso era lo que había dicho.
Eso era lo que se había prometido.
Pero ahora veía al conde Kraft preparándose para competir.
Y Caroline estaba sonriendo.
Fitzroy entrecerró los ojos.
[Lo está animando.]
Uno de sus soldados lo miró.
—¿Mi lord?
Fitzroy no respondió.
Caroline aplaudió suavemente cuando los organizadores comenzaron a explicar las reglas.
Fitzroy sintió algo extraño.
Una necesidad.
Una necesidad completamente absurda.
Quería participar.
[¿Por qué no?]
El soldado lo miró sorprendido.
—Mi lord...
—¿Qué?
—¿Va a participar?
—Sí.
—¿Usted?
—Sí.
El soldado intercambió una mirada con otro.
[Definitivamente algo le pasa al duque.]
Pero Fitzroy ya caminaba hacia la zona de inscripción.
La noticia comenzó a correr rápidamente.
—¿Ese no es...?
—¡El duque Fitzroy!
—¡El duque de las montañas!
—¿Qué hace aquí?
—¿Va a competir?
Caroline se volvió al escuchar los murmullos.
Y entonces lo vio.
El cabello blanco.
Los ojos azul claro.
La expresión segura.
El duque Bruno Fitzroy.
Caroline abrió ligeramente los ojos.
[¡El duque!]
No sabía que iba a asistir.
Pero, pensándolo bien...
[Quizá sea normal.]
Después de todo, ella no tenía recuerdos de haber asistido anteriormente a aquel festival.
No sabía cuáles eran las costumbres habituales de los nobles de las montañas.
Lo que Caroline no sabía era que prácticamente todos los presentes estaban pensando lo mismo.
Esto no era normal.
Fitzroy era más sociable que sus primos, ciertamente.
Pero seguía siendo uno de los tres grandes duques de las montañas.
Los hombres de aquellas familias eran conocidos por su carácter serio y su enorme sentido del deber.
Ver a cualquiera de ellos participando voluntariamente en juegos de pueblo era algo extremadamente improbable.
Pero Fitzroy ya estaba allí.
Y Caroline, lejos de encontrarlo extraño, sonrió.
Se acercó.
—¡Su Gracia!
Fitzroy se volvió.
Y por un instante olvidó completamente que estaba en una competencia.
Caroline sonreía de verdad.
No era la sonrisa formal que había usado durante el banquete.
Era una sonrisa espontánea.
Sincera.
Feliz de verlo.
[Se alegró de verme.]
[Por supuesto]
Fitzroy sintió una satisfacción absurda.
—Lady Caroline.
—Me sorprende verlo aquí.
—Decidí conocer el festival personalmente.
—¿Y también participará?
—Sí.
Caroline sonrió todavía más.
—Eso es maravilloso.
Fitzroy sintió que el orgullo se le inflaba un poco.
[Le parece maravilloso.]
[Por supuesto]
Entonces escuchó pasos detrás de Caroline.
—Su Gracia.
El conde Kraft apareció.
Fitzroy lo miró.
Kraft extendió la mano.
—Espero que tengamos una competencia justa.
Fitzroy observó la mano.
Luego miró a Kraft.
Luego volvió a mirar la mano.
Finalmente la estrechó.
—Por supuesto.
Lo que Kraft no sabía era que la mano del duque estaba tan fría que sintió un escalofrío subirle por el brazo.
—Oh...
Kraft retiró la mano discretamente.
—Hace bastante frío hoy.
Fitzroy sonrió.
O eso creyó.
En realidad, estaba fulminándolo con la mirada.
[Competencia justa, dice.]
Caroline no notó absolutamente nada.
—Les deseo mucha suerte a ambos.
Fitzroy la miró.
—No necesito suerte.
Kraft sonrió humildemente.
—Yo haré lo mejor que pueda.
Caroline rio.
—Eso es lo importante.
Fitzroy se quedó pensando.
[¿A quién le dijo buena suerte?]
Miró a Caroline.
Luego a Kraft.
Luego nuevamente a Caroline.
[Definitivamente me lo dijo a mí.]
No tenía ninguna prueba.
Pero estaba convencido.
Finalmente, el organizador levantó la voz.
—¡Atención, competidores!
Todos guardaron silencio.
—Como cada año, tendremos tres pruebas.
Los participantes se colocaron en fila.
—Primera prueba: lanzamiento de sacos pequeños.
Fitzroy miró hacia el objetivo.
Había varios pequeños sacos llenos de grano.
Más adelante había una fila de tarros.
La tarea consistía simplemente en lanzar los sacos y derribarlos.
Fitzroy parpadeó.
[¿Eso es todo?]
El organizador continuó.
—Segunda prueba: transporte de sacos.
Varios enormes sacos de trigo estaban preparados.
—Cada participante deberá arrastrar el saco desde este punto hasta la línea de llegada.
Algunos espectadores comenzaron a gritar.
—¡Vamos!
—¡Tú puedes!
—¡Demuestra quién es el más fuerte!
Fitzroy miró los sacos.
[Esto tampoco es difícil.]
El organizador levantó un dedo.
—Y recuerden: no se permite utilizar magia.
Fitzroy suspiró.
[Como si necesitara magia.]
Finalmente llegó la tercera prueba.
—La última competencia será la recolección de manzanas.
Los participantes tendrían que correr hasta una zona especialmente preparada con árboles y recoger una cantidad determinada de manzanas.
La gente comenzó a vitorear.
—¡Vamos!
—¡Este año será el mejor!
—¡Que gane el más rápido!
Fitzroy observó todo.
Silencio.
[¿En serio?]
Había enfrentado mercenarios.
Había combatido en la frontera.
Había utilizado su magia contra enemigos peligrosos.
Había pasado noches enteras en las montañas vigilando las fronteras del reino.
Y ahora estaba allí.
A punto de competir por...
Sacos.
Tarros.
Y manzanas.
Fitzroy miró al organizador.
Luego miró los sacos.
Después los árboles.
[Esto es ridículo.]
Por un momento decidió retirarse.
No tenía nada que demostrar.
Además, ¿qué sentido tenía que un duque participara en algo semejante?
Entonces escuchó una voz.
—¡Vamos!
Caroline.
Fitzroy levantó la mirada.
Ella estaba entre los espectadores.
Sonreía.
Aplaudía.
Animaba a todos los participantes.
Pero Fitzroy solo vio una cosa.
A Caroline animándolo.
[Está animándome.]
Su decisión cambió inmediatamente.
Fitzroy volvió a mirar la línea de competidores.
Su expresión se volvió seria.
[De acuerdo.]
Se acomodó las mangas.
[Participaré.]
Uno de sus soldados lo miró preocupado.
—¿Mi lord?
—Voy a ganar.
El soldado parpadeó.
—Pero...
Fitzroy lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
El soldado decidió guardar silencio.
Porque conocía perfectamente aquella mirada.
El duque Bruno Fitzroy podía ser tranquilo.
Podía ser razonable.
Podía incluso retirarse de una discusión.
Pero cuando entraba en una competencia... tenía que ganar.
Siempre.
El organizador levantó la mano.
—¡Primera prueba!
Los competidores se prepararon.
Fitzroy miró de reojo a Caroline.
Ella volvió a aplaudir.
Sonrió.
Y el duque de hielo pensó..
[Esto lo hago por ella.]
[Es decir, por la competencia.]
[Principalmente por la competencia.]
Y entonces se escuchó el grito..
—¡COMIENCEN!
Los sacos volaron por el aire.
Y el Festival de la Cosecha estaba a punto de descubrir algo que ninguno de sus habitantes había previsto.. el duque de hielo se tomaba los juegos del pueblo extremadamente en serio.
🥲