Una venganza despiadada cambiaron el destino de Ania para siempre. Convertida en víctima de una inseminación artificial, se descubrió embarazada de un completo desconocido, sin comprender cómo la crueldad humana había llegado tan lejos.
Rechazada y repudiada por su familia, no tuvo más opción que huir hacia las sombras.
Años después, el tiempo ha borrado a la joven indefensa: Ania regresa transformada en una mujer inquebrantable, sin saber que el destino le tiene preparado es un giro inesperado, en su camino se cruzará con el del verdadero padre de sus gemelos, un hombre de un poder inimaginable que jurará hacer arder a quienes se atrevieron a lastimarla.
Jairo Velarde jamás imaginó que la sangre de su sangre corría por las venas de dos pequeños inocentes. Sin embargo, al caer rendido ante el misterio y la belleza de Ania, descubrirá una verdad tan impactante que sacudirá los cimientos de su vida.
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CAPITULO 14: El regreso
El avión tocó pista y el desembarque se ejecutó con el orden monótono de los aeropuertos.
Al pisar el suelo de la terminal, los gemelos soltaron un suspiro exagerado, inflando sus pequeños pechos como si hubieran sobrevivido a una travesía muy complicada, provocando las risas de sus parientes.
Pía se acomodó a Adriel en la cadera, Ania cargó a Lía, y Juan, sin el más mínimo atisbo de soberbia, se echó al hombro la pañalera junto a los bolsos de mano de sus hijas.
A Juan jamás le habían importado las miradas prejuiciosas de la alta sociedad; nunca había sido un hombre regido por el machismo.
A unos cincuenta metros de la puerta de salida, un hombre alto, estilizado y de una elegancia implacable vestida de riguroso traje negro los aguardaba.
A su lado, con un fastidio que se le pintaba en las facciones, Leo sostenía en lo alto un cartel pulcro que rezaba: AUTOMOTRIZ GALLEGOS.
Ignacio permanecía de pie, con las manos en los bolsillos de su pantalón, disfrutando internamente del mal humor del asistente.
En cuanto el grupo familiar se aproximó, Ignacio borró la ligereza de su rostro, esbozó una sonrisa de perfecta cortesía corporativa y dio un paso al frente, interceptándolos.
“Buenas tardes, señor Gallegos... señoras. Bienvenidos, mi nombre es Ignacio Martínez, vicepresidente del Grupo Velarde. Es un absoluto honor ponernos a su servicio”
Juan extendió la mano libre para sellar el saludo protocolar.
En el milisegundo en que las palmas de ambos hombres se unieron, una descarga invisible y violenta cruzó el pecho de Juan.
Fue una opresión súbita, un eco sordo que hizo que su corazón latiera con una fuerza salvaje, obligándolo a contener el aliento.
Aquellas facciones del joven... esa mirada... algo desconocido y extrañamente familiar le removió las entrañas.
“Buenas tardes, joven Martínez. Juan Gallegos” respondió el magnate, forzando a su voz a recuperar la estabilidad “Ellas son mis hijas... y mis nietos”
Ignacio, por su parte, experimentó el mismo sentimiento. Al sostener la mano del viejo, un leve desconcierto le nubló las pupilas; una inquietud inexplicable, como si una presencia añorada se hubiera materializado frente a él, recorrió su espina dorsal.
Sacudió la cabeza imperceptiblemente para recuperar el porte profesional “El gusto es nuestro, señoras... Los vehículos de la firma los esperan en la salida. Por aquí, por favor"
Ania y Pía respondieron al saludo con sonrisas educadas y distantes, mientras los gemelos, fascinados por los botones brillantes del traje de Ignacio, imitaban el gesto moviendo sus manitas.
Juan carraspeó con suma cortesía, interrumpiendo el avance del ejecutivo.
“Joven Martínez, le ruego que me disculpe y le extienda mis consideraciones al señor Jairo Velarde. Como puede ver, he viajado con mi familia completa y prefiero evitar las formalidades de los traslados corporativos. Ya he gestionado de manera privada nuestra residencia y el transporte de mi confianza viene en camino. Le agradezco profundamente”
Ignacio, asintió con un profesionalismo impecable “Por supuesto, señor Gallegos, comprendo perfectamente. En ese caso, los esperamos mañana a primera hora en las oficinas centrales del Grupo Velarde. Que tengan una excelente tarde”
“Igualmente para usted” concluyó Juan.
……..
Al cruzar las puertas del aeropuerto, una camioneta SUV blindada de última generación ya los esperaba con el motor en marcha.
La familia Gallegos abordó el vehículo con rapidez y se perdió en el flujo de la autopista.
Ignacio se quedó estático en la acera, observando el punto donde la camioneta se había disuelto en el tráfico antes de girarse hacia su propio auto.
“Oye, Leo, borra esa cara de funeral...” le espetó a su asistente mientras subía al asiento del copiloto “Al menos el socio resultó ser un hombre autosuficiente y nos ahorró las dos horas de tráfico hacia el hotel”
Leo bufó, arrojó el cartel al asiento trasero y encendió el motor en un silencio sepulcral.
Ignacio, con la mirada perdida en el paisaje urbano que desfilaba por la ventana, extrajo su teléfono y redactó un mensaje conciso para Jairo:
"El socio se instalará por su propia cuenta en la ciudad junto a su familia. Nos vemos mañana."
………….
Mientras tanto, en una exclusiva y blindada zona residencial de la ciudad, Víctor, el amigo leal de Juan, aguardaba de pie junto a la entrada de una imponente propiedad.
Al divisar los faros de la camioneta aproximarse, su rostro se iluminó con un entusiasmo desbordante.
En cuanto el vehículo detuvo su marcha y Juan puso un pie en el pavimento, Víctor lo estrechó en un abrazo fraterno que rompió los años de distancia.
“¡Mi querido amigo! ¡Por fin regresaste al lugar que te pertenece!” exclamó con la voz rota por la emoción.
“Te di mi palabra de que volvería, Víctor... y aquí me tienes” respondió Juan, devolviendo el gesto con la misma intensidad.
Pía y Ania descendieron segundos después, estirando las piernas tras el largo viaje.
“¡Tío Víctor!” exclamaron las dos hermanas al unísono, rompiendo la formalidad con sonrisas genuinas.
“¡Pero miren nada más qué par de reinas! Están absolutamente deslumbrantes” las abrazó con un cariño paternal, pero sus ojos se desviaron de inmediato hacia los gemelos “¡Dios del cielo, Juan! Pero qué criaturas tan perfectas y hermosas has traído contigo”
“¡Hola tío” gritaron las voces agudas de los gemelos desde el interior de sus asientos de seguridad.
Margarita emergió de la parte trasera del vehículo, acomodándose el abrigo con ademán firme.
“¿Y es que para la vieja Margarita ya no quedan saludos ni cortesías, señor Víctor?” reprochó con un dramatismo ensayado que delataba su afecto.
“¡Margarita! Por favor” repuso el hombre, envolviéndola en un abrazo afectuoso “Pasen, pasen todos de una vez, que estamos llamando demasiado la atención de los transeúntes”
Los cinco se adentraron en la propiedad: cada hermana custodiando a un niño en brazos, mientras Juan cargaba con los bultos sin perder el paso.
Al cruzar el umbral de la villa, una exclamación de muda admiración unificó a las mujeres.
El lugar era una obra maestra de la arquitectura contemporánea: techos altos, espacios inundados de luz natural y un mobiliario que lograba el balance perfecto entre el lujo más sofisticado y la calidez de un verdadero hogar.
Juan se apartó hacia el ventanal del jardín con Víctor para ponerse al día, mientras Margarita enfilaba directo hacia la cocina, reclamando su territorio predilecto.
Las hermanas subieron las escaleras para tomar posesión de las habitaciones principales.
Ania desvistió a sus hijos con paciencia, los sumergió en una tina de agua templada para disipar el estrés del vuelo y les preparó sus mamilas calientes, hasta que sus párpados cedieron ante el cansancio del viaje.
Una vez que los dejó profundamente dormidos en medio de la cama, aprovechó el silencio para tomar una ducha reparadora y organizar las prendas en el vestidor.
……….
Más tarde, Víctor se despidió de su amigo, dejando solo a Juan.
Juan al despedir a su amigo, se adentró en la cocina, encontrando a la nana ordenando las alacenas.
“Margarita, deja eso de inmediato y ve a descansar... o mejor aún, ve a alistarte” le ordenó Juan con una sonrisa afectuosa “Esta noche nada de cocina en esta casa. Vamos a celebrar nuestro regreso a la ciudad”
La anciana sonrió, asintiendo con un ademán teatral que ocultaba el profundo orgullo que le causaba sentirse parte de la familia.
Juan subió las escaleras para invitar a sus hijas.
Mientras Ania se retocaba frente al espejo del tocador, el abuelo tomó a los dos pequeños en sus brazos, sentándose en la mecedora de la habitación, disfrutando su amor por esos bebes.
¿Cuál es la relación de Ignacio y Juan?.... que opinan...
Elena y Antonia por andar humillando a Ania Juan Gallego les tendrá su buena sorpresa 😮😮
Orlando y Jairo la traición la tienen metida en su casa Olga la marioneta de Vidal será la involucrada en todo lo que hagan.
Vidal vil, asqueroso y manipulador y Rachel una putizorra, desnaturalizada y putizorra tener relaciones con ese monstruo que asco.