sin espoiler
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LA NUEVA NOVIA
La tarde transcurría con relativa tranquilidad en la mansión.
Christopher continuaba fuera por su viaje de negocios.
Mirelith había pasado buena parte del día en el salón, leyendo mientras esperaba alguna llamada de él.
Kalel, por su parte, había salido unas horas.
Cuando regresó, no venía solo.
Entró a la mansión acompañado de una joven de su edad.
—Bienvenida —dijo uno de los empleados.
—Gracias —respondió ella con una sonrisa.
Kalel le indicó que continuara caminando.
—Mi padre no está. Está de viaje.
—Me lo dijiste.
—Pero puedes conocer la mansión.
La joven sonrió.
—Es enorme.
Kalel iba a responder cuando ambos llegaron al salón.
Mirelith estaba sentada en uno de los sofás.
Al escuchar pasos, levantó la mirada.
—Hola, Kalel.
Él asintió.
—Hola.
Entonces Mirelith miró a la joven que lo acompañaba.
—Hola.
La muchacha no respondió.
Se quedó mirando a Mirelith.
Primero con sorpresa.
Después con desconfianza.
Kalel notó inmediatamente el cambio en su expresión.
—Ella es Mirelith.
La joven cruzó los brazos.
—¿Ella es tu ex?
Kalel suspiró.
—Sí.
Mirelith se quedó tranquila.
No tenía ninguna intención de interferir en la relación de Kalel.
Sin embargo, la joven dio un paso adelante.
—Así que tú eres Mirelith.
—Sí.
—La famosa exnovia.
Mirelith frunció ligeramente el ceño.
—No sé si famosa sea la palabra.
La joven soltó una risa irónica.
—Claro.
Kalel la miró.
—¿Qué te pasa?
Ella señaló a Mirelith.
—¿Y todavía viene a esta casa?
—Sí —respondió Kalel—. Porque es la novia de mi padre.
La joven abrió los ojos.
—¿Qué?
Mirelith permaneció en silencio.
Kalel se apresuró a explicarlo.
—Mi padre y ella están juntos.
La muchacha miró nuevamente a Mirelith.
Su expresión se endureció.
—Entonces eres una interesada.
Mirelith parpadeó.
—¿Perdón?
—Escuchaste perfectamente.
Kalel intervino.
—No empieces.
Pero la joven estaba demasiado molesta.
—¿Qué otra explicación hay? Primero fue novia tuya y ahora está con tu padre.
Mirelith se levantó lentamente.
—No tienes derecho a hablarme así.
—¿Y todavía tienes el descaro de venir aquí?
—Esta también es la casa de Christopher.
La joven soltó una risa.
—Seguro que estás esperando regresar con Kalel.
Mirelith negó inmediatamente.
—No.
—No te creo.
—Ese es tu problema.
Kalel dio un paso entre ambas.
—Ya basta.
Su novia lo miró indignada.
—¿La estás defendiendo?
—Estoy evitando que esto se convierta en una pelea absurda.
—¡Es tu ex!
—Y ya te expliqué que no quiero regresar con ella.
Mirelith permaneció tranquila.
—Además, Kalel ya me hizo esa misma propuesta.
La joven se volvió hacia él.
—¿Qué?
Kalel se quedó completamente quieto.
—Kalel...
—No fue nada —intentó explicar.
—¿Le pediste que regresara contigo?
—Fue antes de que tú vinieras.
La joven lo miró con incredulidad.
—¿Y no me dijiste?
—Porque no pasó nada.
—¡Claro que pasó!
Mirelith decidió intervenir.
—Él me preguntó si quería volver con él.
La joven la miró.
—¿Y tú qué dijiste?
—Que no.
Kalel bajó la mirada.
—Ya te lo dije.
Pero su novia seguía enfadada.
—¿Y por qué debería creerte?
—Porque no tengo ninguna razón para mentirte.
La joven señaló a Mirelith.
—Ella quiere quitártelo.
Mirelith negó con la cabeza.
—No quiero quitarte absolutamente nada.
—¡Eres una pt@ interesada!
Kalel reaccionó inmediatamente.
—¡No la insultes!
La joven lo miró sorprendida.
—¿Ahora también vas a defenderla?
—Sí, porque no está haciendo nada.
Mirelith permaneció en silencio.
No quería que aquella discusión siguiera creciendo.
—Creo que debería irme.
Kalel negó.
—No tienes que hacerlo.
Su novia volvió a mirarlo.
—¿Vas a escogerla a ella?
Kalel respondió con firmeza:
—No estoy escogiendo a nadie.
—¡Pues parece que sí!
—Ella no está intentando regresar conmigo.
—¡No te creo!
La joven tomó su bolso.
—Esto me lo vas a pagar, Kalel.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Significa que me ocultaste que intentaste regresar con tu ex.
—Te dije que fue rechazado.
—¡No importa!
Mirelith intervino.
—No fue culpa de Kalel que yo dijera que no.
La joven la miró.
—No necesito que hables por él.
—No estoy hablando por él.
Mirelith tomó aire.
—Solo estoy intentando que entiendas que no quiero nada con Kalel.
La muchacha guardó silencio.
Mirelith continuó:
—Lo nuestro terminó hace un año.
Kalel bajó la mirada.
—Y ahora amo a Christopher.
Aquella frase hizo que el salón quedara en silencio.
La novia de Kalel miró primero a Mirelith y después a él.
—¿De verdad?
Kalel asintió lentamente.
—Sí.
—¿Y tú estás de acuerdo con eso?
—No me gusta —admitió—. Pero no puedo decidir por ella.
Mirelith lo observó sorprendida.
Era probablemente la primera vez que Kalel reconocía aquello delante de otra persona.
La joven se quedó callada durante unos segundos.
Luego miró nuevamente a Mirelith.
—Entonces no quieres regresar con él.
—No.
—¿Ni siquiera si Christopher termina contigo?
Mirelith negó.
—No estoy pensando en eso.
—¿Por qué?
Mirelith sonrió ligeramente.
—Porque estoy feliz con él.
La joven no respondió.
Kalel respiró profundamente.
—Ahora entiendes.
Ella permaneció molesta.
—No me gusta.
—No tienes que gustar de ella.
Kalel hizo una pausa.
—Pero sí tienes que respetarla.
Mirelith lo miró nuevamente.
Aquella frase le recordó las palabras que Christopher había dicho días atrás.
Kalel todavía estaba celoso.
Todavía le costaba aceptar la relación de su padre.
Pero poco a poco estaba comprendiendo que Mirelith no era su enemiga.
Su novia, sin embargo, tomó su bolso con fuerza.
—Necesito irme.
—Te llevo —dijo Kalel.
Ella caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo y miró a Kalel.
—Después vamos a hablar.
Kalel asintió.
—Está bien.
La puerta se cerró detrás de ella.
El silencio regresó al salón.
Kalel miró a Mirelith.
—Lo siento.
Ella negó con la cabeza.
—No fue tu culpa.
—Debí detenerla antes.
—Lo hiciste.
Mirelith volvió a sentarse.
Kalel permaneció de pie unos segundos.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué?
—Que cuando dijo que quería regresar contigo, me di cuenta de que realmente ya no quieres hacerlo.
Mirelith lo miró con cierta tristeza.
—Kalel...
—No pasa nada.
Él sonrió débilmente.
—Supongo que finalmente estoy empezando a aceptarlo.
Mirelith asintió.
Y ninguno de los dos sabía que aquella discusión tendría consecuencias.
Porque, mientras la novia de Kalel abandonaba la mansión enfadada, llevaba una sola idea en la cabeza:
no pensaba permitir que aquella historia terminara así.