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A ESA Qué Me Roba Tu Tiempo Tu Alma Y Tu Cuerpo Ve Y Dile... QUE VENGA

A ESA Qué Me Roba Tu Tiempo Tu Alma Y Tu Cuerpo Ve Y Dile... QUE VENGA

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Autosuperación / Completas
Popularitas:37.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lucía lleva veinte años casada con Mariano. Juntos construyeron un hogar, criaron dos hijos y compartieron una vida llena de sacrificios, sueños y momentos inolvidables. Pero cuando él comienza a distanciarse y aparece Sofía, su joven asistente, Lucía descubre la dolorosa verdad: su marido le es infiel.
Destrozada, pero pensando en sus hijos, en su familia y en los años compartidos, decide darle una segunda oportunidad. Mariano promete cambiar. Ella vuelve a confiar en él y lucha por reconstruir su matrimonio.
Pero algunas promesas duran menos que las lágrimas que provocan.
Cuando Lucía descubre que Mariano nunca terminó realmente su relación con Sofía, comprende que ya no puede seguir viviendo entre mentiras. Esta vez no habrá otra oportunidad.
Frente a la traición, tendrá que elegir entre seguir siendo la mujer que sostiene un matrimonio roto o convertirse en la mujer que finalmente se elige a sí misma.
Porque cuando la confianza muere, el amor ya no puede salvarlo todo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Veinte años y un brillo apagado

El reloj de la sala marcó las nueve de la noche cuando el último invitado se despidió. La casa, que hasta hace un momento había estado llena de risas, música y el murmullo de las felicitaciones, ahora quedó en un silencio suave, cálido, pero extrañamente pesado.

Lucía se quedó de pie en el centro del salón, mirando las flores sobre la mesa, los globos dorados que aún colgaban del techo, y la tarjeta que decía en letras elegantes: 20 Años — Bodas de Porcelana. Veinte años. Dos décadas compartiendo todo: las risas, las lágrimas, las deudas, los triunfos, dos hijos que ahora eran casi adultos, una casa que construyeron ladrillo a ladrillo. Veinte años en los que ella había envejecido junto a él, sin prisa, sin quejarse, con las manos marcadas por el trabajo, las arrugas alrededor de los ojos que nacieron de tanto reírse con él, y algunas canas que aparecieron la misma semana que las suyas.

—¿Te quedaste sola? —preguntó Mariano, saliendo de la cocina con dos copas de vino tinto. Su voz sonaba cercana, pero había algo en su tono, una ligera distancia, como si su mente estuviera en otro lugar.

Lucía aceptó la copa sin apartar la vista de él. —Sí. Los chicos se fueron con sus amigos. Dijeron que volverían tarde.

Se sentaron en el sofá, uno al lado del otro, pero no tan cerca como antes. El brindis fue breve, casi mecánico.

—Por nosotros —dijo él, llevándose la copa a los labios sin mirarla de verdad.

—Por nosotros —repitió ella, y notó cómo las palabras le pesaban en la boca.

Lo observó en silencio. Seguía siendo el hombre del que se había enamorado, sí… pero algo se había apagado. Ese brillo en la mirada que siempre tenía cuando la miraba, ese fuego que los hacía sentir invencibles, ya no estaba. A veces, cuando él no se daba cuenta, lo veía mirar el teléfono, esperando un mensaje que no llegaba, o perderse en pensamientos a los que ella no tenía acceso.

—¿Estás bien, Mariano? —preguntó suavemente, rompiendo el silencio—. Últimamente te veo… distante.

Él giró la cabeza hacia ella, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Solo es el trabajo. Ya sabes cómo es. Muchas cosas, pocas horas. Nada más.

—¿Seguro? —insistió Lucía, y su voz tembló apenas un instante—. Veinte años… y hoy, justo hoy, siento que estás aquí, pero que al mismo tiempo estás en cualquier otro lado.

Mariano soltó un suspiro, se reclinó en el sofá y apartó la mirada hacia la ventana, donde la noche ya había caído por completo. —No digas tonterías, Lucía. Claro que estoy aquí. ¿Dónde más iba a estar?

—No lo sé —respondió ella, sincera, con el corazón apretado en el pecho—. Eso es justo lo que me asusta. Ya no sé dónde estás cuando no estás conmigo.

Él no contestó. Se limitó a beber un trago largo de vino, y el silencio volvió a caer entre los dos, más denso que antes. Lucía bajó la mirada a sus manos: las mismas manos que lo habían sostenido cuando todo iba mal, que lo habían cuidado cuando estaba enfermo, que habían trabajado sin descanso para que todo fuera perfecto en su casa. Y ahora, esas mismas manos, sentían frío al no poder tocarlo sin que él se apartara levemente.

—Es tarde —dijo él, poniéndose de pie de golpe, como si necesitara huir de esa conversación—. Mañana tengo que salir temprano. Sofía… quiero decir, la nueva asistente, llega a las siete y necesito preparar unos papeles.

El nombre salió de su boca casi sin querer. Sofía. Lucía ya lo había escuchado varias veces en las últimas semanas. Sofía es muy eficiente. Sofía organiza todo increíblemente bien. Sofía es joven, tiene mucha energía. Cada vez que lo decía, su voz cobraba un tono distinto, más vivo, más entusiasta.

Lucía alzó la vista lentamente. —¿Sofía?

—Sí, mi asistente —respondió él, con una rapidez que no pasó desapercibida—. Ya te hablé de ella. Es muy buena en lo que hace.

—Ya me hablaste —dijo Lucía, suave y clara—. Muchas veces.

Mariano se quedó un instante inmóvil, como si de repente se diera cuenta de que había dicho demasiado. Luego asintió, con un gesto impaciente, casi defensivo. —Bueno… me voy a dormir. ¿Vienes?

—En un rato —respondió ella—. Quiero quedarme un momento aquí. Con todo esto. Con nosotros.

Él asintió sin insistir, sin darle un beso de buenas noches como hacía siempre, sin acariciarle el cabello, sin mirarla a los ojos de verdad. Se dio la vuelta y caminó hacia la escalera, y Lucía lo vio irse, sintiendo que con cada paso que él daba, se alejaba un poco más de ella.

Cuando la puerta del dormitorio se cerró arriba, Lucía se quedó sola en la penumbra del salón. Miró de nuevo las letras doradas de la tarjeta: 20 Años — Bodas de Porcelana. Veinte años de amor, de entrega, de construir una vida entera. Y ahora, justo en el día en que debían celebrar lo que eran, ella sentía que la porcelana ya estaba empezando a agrietarse.

Llevó la mano a su pecho, donde el corazón le latía despacio, con un dolor nuevo y silencioso. No tenía pruebas, no tenía certezas… pero lo sabía. Algo se había roto. Alguien se había interpuesto entre ellos, poco a poco, sin hacer ruido, como la sombra que avanza cuando dejas de mirar el sol.

Se quedó mirando la escalera mucho tiempo, con la copa de vino intacta entre las manos, pensando en ese nombre que él no dejaba de mencionar. Sofía. Joven, llena de vida, brillante… y ella, Lucía, que había envejecido a su lado, que llevaba en la piel el mapa de todos esos años compartidos.

—¿Qué nos está pasando, Mariano? —susurró al vacío, y el silencio fue su única respuesta.

La noche apenas empezaba. Y ella aún no sabía que ese brillo apagado en sus ojos no era solo cansancio. Era el aviso de que la tormenta estaba por llegar, y que todo lo que creía seguro estaba a punto de desmoronarse.

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Delia Alonso
El nombre del personaje no era ni Manolo ni Pedro.........¡¡¡¡¡¡HAY QUE CUIDAR LA EDICIÓN!!!!!!!
Delia Alonso
Viene justo la letra de la canción de Pimpinela pero.......¿para qué repetirla tanto?
EspirituCreativo: 🤭 Lectora me gusta el drama ... Viva pimpinela
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Delia Alonso
,¿Se recompone la confianza quebrada?
EspirituCreativo: Nop, es difícil
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Delia Alonso
Esa actitud es rebajarse, no respetarse
EspirituCreativo: Uhm no, solo es la forma de pensar de muchas mujeres, no las juzgues sin antes entenderlas
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Delia Alonso
¿Él está en la crítica de la edad y "renace" muy machito al lado de la jovencita?
Típico de muchos hombres..........no todos
Delia Alonso
Ja.....el "maduro" deslumbrado por la energía de esa juventud, energía y disposición
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente lectura ,,,más apoyo y likes una historia muy buena de enseñanza ,valores y escritura impecable ,,, felicidades autora
EspirituCreativo: Gracias lectora, difunde entre tus amigos lectores jeje
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Carmen Ramos
claro que si en atender su casa los hijos y de paso a él eso es llevar un hogar y también es un trabajo lo digo por experiencia yo también le hago la lucha vendiendo lo a pollo para no dejarle todo a el eso es lo que pienso yo
EspirituCreativo: Las tareas de casa y cuidado de los hijos son un trabajo pesado... Pero pocos lo aprecian
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Silvia Muñoz Muñoz
Debería decirle a sus hijos ,siempre tan sufrida la protagonista
EspirituCreativo: Mamá latina, ella sufre pero sus hijos jamás
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Claudia Kassar
Y ella no trabaja ?
Maria M. Rosario
Muy bonita historia. Una enseñanza para estas mujeres q no se saben elegir y prefiren continuar ocultas pensando en las opiniones de los demás.
EspirituCreativo: Gracias. Solo es la historia de muchas mujeres que aún viven así
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Claudia Kassar
Q edad tiene ella q se siente vieja y acabada 😳
Maria M. Rosario
Ese si ella sede le va a volver hacer lo mismo no con Sofia pero aparece otra y repite la historia pq va a pensar q Lucia siempre ca estar para cuando él quiera llegar.
Maria M. Rosario
Espectacular. La realidades, que muchas mujeres deben considerar y valorarse en vez de pensar n las comodidades y prefiere. seguir siendo las segundas por lo q diran, sin pernsar que se denigran ellas mismas. Desen a respetar sino lo haces tu nadie lo va hacer.
Maria M. Rosario
Cuando te fallan una vez es bien dificil confiar al 💯.
EspirituCreativo: Es correcto la confianza rota no se recupera tan fácil...
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Maria M. Rosario
No le creo nada. El tiempo dirá, espero equivocarme. 🤔
Maria M. Rosario
No le dijo q ella lo escucho y vio todo en la oficina.
Maria M. Rosario
Ya era tiempo q lo encarara. Pero que ya llego hadta ahi, que se mantenga firme, y no se deje manipular.
EspirituCreativo: Uhm esperemos
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Maria M. Rosario
Que abra los ojos, ella esta sumida en lo q puede pasar mientras el no le importa nada que mas quuere esperar ella acaso no escucho lo q él espreso n la oficina esta completamente enfuscado con Sofia y no esta viendo lo q esta destruyendo q no se caye más y que pase lo q tenga q pasar para bienno para mal.
Maria M. Rosario
Todo bien bonito hasta q la realidad le da n la cara. Ella esta ahi pq piensa en lo q puede obtener de beneficio, a ver que logra.
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