Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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HACEN BONITA PAREJA
Después de terminar el desayuno, Lesly pagó la cuenta en la caja y salieron de la cafetería a la acera iluminada por el sol de la mañana.
Rodrigo aún cargaba a Luca, quien dormía plácidamente con la cabeza apoyada en su hombro, completamente ajeno a las tensiones de los adultos.
Rodrigo se detuvo y miró a Lesly con fijeza “Debo ir con mi familia” dijo con un tono que denotaba urgencia “Mi abuela y mi hermana deben estar muy preocupadas por mí”
Lesly asintió de inmediato, comprendiendo la angustia de los suyos. Dio un paso al frente e intentó tomar a su hijo en brazos para liberar a Rodrigo, pero el pequeño Luca pareció sentir el movimiento; de inmediato, arrugó el ceño y se aferró con más fuerza a la gastada casaca del hombre, emitiendo un quejido de protesta.
“Campeón, debo irme. Tienes que ir a descansar con mamá, ¿sí?” intentó negociar Rodrigo con paciencia, pero el niño no dio ni un ápice de tregua, hundiéndose más en su pecho.
Lesly suspiró, cruzándose de bazo frente a la tozudez de su hijo. “Podemos ir primero a tu casa” sugirió en un susurro “Visitamos tu familia, y luego nos llevas a nuestra casa”
Rodrigo soltó un largo suspiro, preguntándose internamente en qué clase de laberinto sin salida se había metido por ser un buen samaritano.
“Está bien” cedió resignado “¿Tienes auto o tomamos un taxi?”
“Vamos en el mío. Yo manejo, solo tienes que guiarme” respondió Lesly, señalando el elegante vehículo estacionado a unos metros.
Los tres subieron al auto. Durante el trayecto, el silencio se apoderó del habitáculo, denso y cargado de pensamientos mudos.
Lesly conducía con destreza por las calles que poco a poco se volvían más humildes, mientras Rodrigo miraba por la ventana.
Al llegar a la modesta calle de casas bajas, Rodrigo se bajó del auto a prisa, sin esperar a que Lesly apagara el motor.
Caminó hacia su puerta y tocó con suavidad. No pasó ni un segundo, antes de que la puerta se abriera, revelando el rostro demacrado y exhausto de su abuela, quien tenía los ojos enrojecidos por haber pasado toda la noche en vela esperando noticias.
“¡Hijo mío! ¿Cómo estás? ¿Qué pasó?” exclamó la anciana, llevándose las manos al pecho al verlo, para luego abrir los ojos con sorpresa “¿Por qué traes nuevamente al niño?”
“Buenos días” interrumpió una voz suave a la espalda de Rodrigo.
Lesly se había bajado del auto y ahora se encontraba en el umbral, luciendo un tanto fuera de lugar con su ropa de diseñador en aquel barrio humilde “Un gusto, señora. Mi nombre es Lesly Acuña. Disculpe de verdad todos los inconvenientes... es solo que mi hijo no quiere soltar a Rodrigo por nada del mundo”
La anciana, cuya nobleza superaba cualquier rastro de cansancio, suavizó el rostro y le dedicó una cálida sonrisa “Pase, por favor, bienvenida a nuestra casa. Tiene usted un niño hermoso, señorita” la halagó con sincera dulzura.
Tímidamente, Lesly cruzó el umbral y recorrió el espacio con la mirada. Aquella vivienda no se parecía en absolutamente nada a la imponente mansión donde ella vivía; era pequeña y de materiales sencillos, pero desbordaba una pulcritud impecable y calidez. Cada mueble estaba en su sitio, y el aroma a café y desinfectante de pino flotaba en el aire.
Mientras Lesly observaba la sala, la abuela se acercó a Rodrigo y, con la picardía, le susurró al oído “Hacen una bonita pareja, hijo”
Rodrigo rodó los ojos, conteniendo un bufido. Ya era suficiente tener que lidiar con las miradas curiosas e indiscretas de los vecinos del barrio, que no habían despegado los ojos del lujoso auto estacionado afuera, como para que su abuela empezara con sus fantasías románticas.
“Abuela, solo vine a ver cómo estaban Briana y tú” dijo Rodrigo en voz alta, omitiendo deliberadamente el hecho de que había pasado la noche en una celda gracias a la mujer que ahora se sentaba con elegancia en su modesto mueble “Ya está todo solucionado. Ahora debo ir a dejarlos a su casa y salir de inmediato a buscar trabajo.
La anciana frunció el ceño, fingiendo molestia “¡Qué muchacho tan aburrido de verdad! No acaban de llegar y ya te quieres ir corriendo. Deja que por lo menos le invite un café a la señorita”
Rodrigo suspiró, dándose por vencido ante la terquedad de su abuela.
“Está bien, abuela. Prepara el café” consintió. Luego, miró a Lesly “Llevaré al niño a descansar a mi habitación. Ya le bajó un poco la fiebre, pero sigo pensando que deberíamos llevarlo a un hospital para que lo revisen bien”
“No te preocupes por eso, ya lo revisó su pediatra de cabecera esta mañana” respondió Lesly, poniéndose de pie con suavidad “¿Te importuna si te acompaño a ver dónde vas a dejar a mi hijo?”
Rodrigo volvió a rodar los ojos. Por un momento había olvidado que era millonaria “Como quieras” soltó con desinterés, dándole la espalda para subir las escaleras.
Lesly lo siguió de cerca, movida por una mezcla de curiosidad e instinto maternal. Al cruzar la puerta del dormitorio de Rodrigo, se quedó gratamente sorprendida.
Esperaba encontrarse con el típico desorden de un hombre joven, pero la habitación era un reflejo exacto de la personalidad de su dueño: sumamente organizada, limpia y con un orden meticuloso que contrastaba drásticamente con el caos que ella solía dejar en su propio vestidor.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡