Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 9 — El tercer heredero
El mensaje seguía en la pantalla del teléfono de Isabella.
“Dile a Damián que su madre quiere verlo.”
Debajo estaba la fotografía de Elena.
La mujer que todos habían creído muerta.
La madre que Damián había llorado durante años.
La persona que, según aquella fotografía, seguía con vida.
Damián no apartaba los ojos de la pantalla.
—¿Dónde está? —preguntó finalmente.
Isabella negó.
—No lo sé.
—Entonces tenemos que descubrirlo.
Sebastián observó la fotografía.
—Hay algo extraño.
—¿Qué? —preguntó Isabella.
—La imagen fue tomada recientemente.
Damián lo miró.
—¿Cómo lo sabes?
—El reloj que aparece detrás de ella.
Señaló la fotografía.
—Ese modelo comenzó a venderse hace apenas unos meses.
Damián tomó el teléfono.
—Entonces Elena está viva.
Isabella asintió.
—Y alguien quiere que la encontremos.
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Regresaron a la casa de Sebastián antes del amanecer.
Nadie había dormido.
Sobre la mesa estaban todos los documentos que habían encontrado.
La carta del abuelo de Isabella.
La grabación de Elena.
El contrato.
La fotografía de Victoria.
Y ahora la imagen de Elena.
Isabella los observó.
—Todo está conectado.
Damián se sentó frente a ella.
—Sí.
—Nuestros abuelos.
—La sociedad.
—Tu padre.
—Mi madre.
—Victoria.
—Sebastián.
Isabella levantó la última hoja.
—Y el tercer heredero.
Sebastián se inclinó sobre la mesa.
—Tenemos que descubrir quién es.
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Damián tomó el documento antiguo que habían encontrado en la habitación secreta.
—Aquí hay una pista.
Isabella se acercó.
—¿Dónde?
Damián señaló una línea casi ilegible.
—Habla de tres herederos.
Isabella leyó:
“El primero llevará el apellido.”
“El segundo llevará el secreto.”
“El tercero llevará la llave.”
Valentina, que había llegado durante la madrugada, frunció el ceño.
—¿Qué significa?
Sebastián respondió:
—Damián lleva el apellido.
—Yo llevo el secreto —dijo Sebastián.
Isabella miró el documento.
—Entonces el tercero…
—Lleva la llave —terminó Damián.
Todos se quedaron pensando.
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—¿Qué llave? —preguntó Valentina.
Isabella sacó el medallón que Victoria les había entregado.
—Quizás esta.
Damián negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque el documento habla de una llave, no de un símbolo.
Sebastián tomó el medallón.
Lo examinó cuidadosamente.
—Tal vez no sea un medallón.
Presionó una pequeña pieza en el centro.
Clic.
El medallón se abrió.
Dentro había una diminuta pieza metálica.
Parecía una llave.
Isabella abrió los ojos.
—La llave estaba escondida dentro.
Damián la tomó.
—Entonces el tercer heredero tiene la otra parte.
—¿La otra parte de qué? —preguntó Valentina.
Sebastián respondió:
—Del archivo.
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Durante horas revisaron los documentos.
Hasta que Isabella encontró una inscripción en uno de los papeles de su abuelo.
“La llave abre lo que la sangre protege.”
—¿Qué significa eso?
Damián respondió:
—Probablemente una caja de seguridad.
—¿Dónde?
—En el banco familiar.
Isabella recordó algo.
—El banco que cerró hace años.
Sebastián negó.
—No cerró.
Todos lo miraron.
—¿Qué?
—Solo dejó de operar públicamente.
Damián se levantó.
—¿Dónde está?
Sebastián respondió:
—Debajo de la antigua sede de Blackwood.
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Esa misma tarde llegaron al edificio abandonado.
Había sido una de las primeras oficinas de la familia Blackwood.
Damián abrió una puerta lateral con una llave antigua.
Bajaron unas escaleras.
El lugar estaba completamente oscuro.
Después de caminar unos minutos llegaron a una enorme puerta metálica.
En el centro había una cerradura.
Damián introdujo la llave.
No funcionó.
Isabella observó la puerta.
—Tal vez necesita algo más.
Sebastián se acercó.
—Mira.
Había dos espacios.
Uno para la llave.
Otro para una huella.
Damián colocó su mano.
Nada.
Sebastián hizo lo mismo.
Nada.
Isabella miró el segundo espacio.
—Déjenme intentar.
Colocó la mano.
La puerta emitió un sonido.
Clic.
Todos se quedaron inmóviles.
La puerta comenzó a abrirse.
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—¿Por qué funcionó con Isabella? —preguntó Valentina.
Damián miró la puerta.
—Porque la protección estaba vinculada a su familia.
Entraron.
Había cientos de documentos.
Cajas.
Registros.
Fotografías.
Y en el centro de la habitación, una caja de cristal.
Dentro había un sobre.
Sobre él aparecía un nombre:
“Para el tercer heredero.”
Isabella tomó el sobre.
—No hay nombre.
—Ábrelo —dijo Damián.
Ella lo hizo.
Dentro había una sola fotografía.
Un bebé.
Y detrás de la imagen aparecía una fecha.
2005.
Isabella observó el rostro del bebé.
No reconocía a la criatura.
Pero debajo había un nombre.
Daniel Blackwood.
Damián palideció.
—¿Quién es?
Sebastián se acercó.
Al ver la fotografía, dio un paso atrás.
—No.
—¿Lo conoces? —preguntó Isabella.
Sebastián negó lentamente.
—No puede ser.
Damián lo miró.
—¿Qué?
Sebastián señaló la fotografía.
—Daniel era el hijo de nuestro padre.
El silencio fue absoluto.
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Isabella miró a Damián.
—¿Tu padre tuvo otro hijo?
Damián parecía completamente desconcertado.
—Nunca me dijeron nada.
Sebastián tomó la fotografía.
—Daniel nació un año después de que desapareciera nuestra madre.
—Entonces… —Isabella comenzó.
—Tenemos un tercer hermano —terminó Damián.
Valentina preguntó:
—¿Dónde está?
Sebastián dio vuelta la fotografía.
Había una dirección.
Pero estaba tachada.
Debajo había otra frase:
“No busquen al tercer heredero. Él los encontrará.”
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Damián cerró los ojos.
—Esto no tiene sentido.
Isabella se acercó.
—Sí lo tiene.
—¿Cómo?
—La persona que nos está enviando mensajes sabe quién es Daniel.
—Y quiere que lo encontremos.
—No.
Isabella señaló la frase.
—Quiere que pensemos que tenemos que encontrarlo.
Damián la miró.
—¿Crees que Daniel está detrás de todo?
—No lo sé.
Sebastián negó.
—Daniel era un bebé.
—Hace veinte años —respondió Isabella—. Ahora es adulto.
Nadie dijo nada.
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De repente, una pantalla en la pared se encendió.
Los tres se giraron.
Apareció una grabación.
Un hombre estaba sentado frente a una cámara.
Su rostro estaba oculto por la sombra.
—Si llegaron hasta aquí, significa que encontraron el archivo.
Damián se acercó.
—¿Quién eres?
La grabación continuó.
—No importa quién soy.
Isabella observó la pantalla.
—¿Qué quieres?
—Quiero que conozcan la verdad.
El hombre colocó varios documentos sobre una mesa.
—Durante veinte años, dos familias han estado creyendo una mentira.
La pantalla cambió.
Apareció una fotografía de Elena.
Después, una de Victoria.
Y finalmente una de un hombre.
El padre de Damián.
—Ellos no desaparecieron por voluntad propia.
Damián apretó los puños.
—¿Dónde están?
La persona respondió:
—Más cerca de ustedes de lo que imaginan.
La grabación se detuvo.
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La pantalla volvió a encenderse.
Esta vez apareció un mensaje:
“Mañana a las 18:00.”
Debajo:
“Traigan a Isabella.”
Y una última frase:
“Ella es la única que puede reconocer al verdadero heredero.”
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Reconocerlo?
Damián la miró.
—¿Por qué tú?
Ella negó.
—No lo sé.
Sebastián observó el mensaje.
—Quizás porque tú ya lo conoces.
Isabella frunció el ceño.
—¿Qué?
—Quizás el tercer heredero ha estado cerca de ti todo este tiempo.
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Al salir del edificio, Isabella recibió otro mensaje.
Esta vez había una fotografía.
No era antigua.
Era de esa misma tarde.
En ella aparecía Isabella entrando al edificio.
A su lado estaba Damián.
Y detrás de ellos…
Alexander.
Isabella amplió la imagen.
En la muñeca de Alexander podía verse claramente un pequeño símbolo.
La mitad del círculo.
Isabella se quedó helada.
—Damián…
Él miró la fotografía.
Su expresión cambió.
—Ahora entiendo.
—¿Qué?
Damián levantó la mirada.
—El mensaje decía que el tercer heredero tenía la llave.
Isabella observó nuevamente a Alexander.
—¿Y si la llave no era un objeto?
Sebastián completó la idea:
—¿Y si era una persona?
Los tres quedaron en silencio.
Porque, por primera vez, una posibilidad aterradora comenzaba a tomar forma.
Tal vez Alexander no estaba protegiendo a Isabella de los Blackwood.
Tal vez llevaba años protegiendo un secreto que pertenecía a ellos.