Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7 El Primer Movimiento
Elena entró a la oficina de Samuel a las ocho y media de la mañana con ojeras marcadas y el estómago revuelto. No había dormido ni tres horas seguidas.
—Dime que tienes algo —fue lo primero que soltó apenas cerró la puerta.
Samuel levantó la vista de los papeles y asintió.
—Conseguí la orden judicial hace una hora. El fondo de Kevin queda congelado preventivamente mientras dura la investigación por posible malversación. Rodrigo no sabe nada todavía. Tenemos una ventana corta, pero la tenemos.
Elena soltó el aire que había estado conteniendo. Se dejó caer en la silla frente al escritorio y se pasó una mano por la cara.
—Bien. Entonces vamos a movernos antes de que huela algo.
Dos horas después caminaba por los pasillos de la empresa con paso firme. Llevaba el maletín en una mano y una sonrisa profesional pegada en la cara. Los empleados la saludaban como siempre. Nadie imaginaba que la esposa sumisa del jefe acababa de dar el primer golpe real.
La reunión de directivos empezó a las once en punto. Rodrigo presidía la mesa con su habitual aire de importancia, aunque todavía tenía cara de resaca. Elena se sentó a su derecha, como siempre.
Cuando llegó el punto de “asuntos internos”, ella levantó la mano con calma.
—Tengo una propuesta de restructuración operativa —dijo sin levantar la voz—. Nada dramático, solo para agilizar procesos y reducir costos innecesarios.
Rodrigo levantó una ceja, pero no pareció preocupado. Los demás directivos asintieron por inercia. Llevaban años votando lo que él quería.
Elena expuso el plan con claridad. En la superficie parecía una simple reorganización de áreas. En realidad, estaba transfiriendo el control operativo real —contratos clave, manejo de cuentas principales y decisiones de inversión— directamente a su lado de la mesa. Rodrigo seguiría siendo el rostro, pero ella tendría los dientes.
—¿Alguna objeción? —preguntó al terminar.
Silencio. Algunos miraron a Rodrigo, que se encogió de hombros.
—Suena razonable. Votemos.
Las manos se levantaron una tras otra. Pasó por unanimidad.
Rodrigo firmó el acta sin leerla completa, como hacía siempre. Elena guardó su copia en el maletín con cuidado, casi con cariño. Ese papel era la primera pieza real de su venganza.
Cuando la reunión terminó y la gente empezó a salir, Rodrigo le dio una palmada en el hombro.
—Buen trabajo, cariño. Sigues siendo útil.
Elena sonrió sin que le llegara a los ojos.
—Siempre.
Ya casi había llegado al ascensor cuando alguien la detuvo en el pasillo.
—Señora Vargas.
Era Felipe Andrade, el director financiero. Un hombre de cincuenta y tantos, calvo y con mirada cansada. Llevaba años en la empresa.
Elena se detuvo. Felipe miró a ambos lados del pasillo antes de hablar en voz baja.
—¿Sabe lo que acaba de hacer?
Ella lo miró directamente.
—Sí.
Felipe se quedó callado un segundo. Luego bajó aún más la voz.
—Bien. Yo llevo cinco años esperando que alguien lo hiciera.
Elena sintió un pequeño tirón en el estómago. No esperaba una alianza tan pronto. Abrió la boca para responder, pero en ese momento vio a Rodrigo saliendo de la sala de reuniones al fondo del pasillo, hablando por teléfono.
Felipe también lo vio y dio un paso atrás.
—Hablamos después —murmuró—. Con cuidado.
Se alejó por el pasillo contrario.
Elena entró al ascensor sola. Cuando las puertas se cerraron, soltó una risa baja, casi sin sonido. El primer movimiento había salido mejor de lo esperado.
Pero mientras bajaba al estacionamiento, su mente no dejaba de dar vueltas. Felipe Andrade acababa de ofrecerle una puerta abierta. Una que podía ser muy útil… o una trampa muy bien disfrazada.
Sacó el teléfono y miró la hora. Las cuarenta y ocho horas de Samuel estaban corriendo.
Tenía que decidir rápido a quién podía confiarle la espalda.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.