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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

Valentina

Cuando desperté, mi primer pensamiento fue Gael.

Y eso me molestó.

Muchísimo.

No entendía por qué aquel hombre se había instalado tan fácilmente en mi cabeza. Tal vez porque la noche anterior había arriesgado su vida para protegerme. O porque seguía recordando la sangre en la comisura de sus labios y la forma en que había puesto su cuerpo delante del mío.

Sacudí la cabeza.

No.

No iba a empezar a pensar cosas raras.

Lo que sí tenía claro era que estaba molesta con él.

Muy molesta.

Había intentado ayudarlo con sus heridas y prácticamente me había tratado como si fuera una niña incapaz de hacer nada.

Me levanté de la cama, me arreglé rápidamente y salí de mi habitación dispuesta a reclamarle.

Lo encontré en la cocina.

Y tuve que detenerme unos segundos.

Estaba recién bañado, con las mangas de la camisa remangadas hasta los antebrazos y los pantalones del traje del día anterior. Su cabello todavía estaba ligeramente húmedo.

Además, se había limpiado todos los rasguños.

Todos.

—Buenos días —dijo sin mirarme.

—Buenos días.

Me observó de reojo y me pasó un plato.

—Come.

Miré el plato y luego a él.

—¿Por qué eres así?

Frunció el ceño.

—¿Así cómo?

—Así.

—Eso no responde mi pregunta.

—No te dejas ayudar, Gael Santoro.

Me miró con una expresión que decía claramente ¿estás loca?

—No me mires así.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Ajá.

—No seas grosero.

—No estoy siendo grosero. Solo que no sé qué quieres decir.

Solté un suspiro.

—Tienes la inteligencia emocional de una piedra.

—Sí. La verdad, sí.

No pude evitar reírme.

—Por lo menos eres honesto.

Él soltó una pequeña carcajada y comenzó a comer.

Lo observé unos segundos.

—Lo que quiero decir es que ayer te quería ayudar.

—¿En qué?

Lo miré incrédula.

—Con tus heridas.

—Valentina, no era necesario.

—¡Claro que era necesario! Tenías sangre en la cara.

—Ya me limpié.

—Eso no es el punto.

Me miró.

—Gracias. De verdad. Pero yo me conozco y prefiero hacerlo por mi cuenta.

—No te dejas ayudar porque eres un bebito llorón.

Gael soltó una carcajada.

—Come.

—¿Tú qué comiste?

—No desayuno a diario.

Abrí los ojos.

—Con razón eres tan amargado.

—Eso no tiene ninguna relación.

—Tiene toda la relación del mundo.

Señalé la silla frente a mí.

—Come conmigo.

—No gracias.

—No. Come conmigo.

—¿Por qué?

—Porque me siento mal comiendo sola.

Me miró durante unos segundos.

—Eso es chantaje.

—Exactamente.

Negó con la cabeza, pero se sentó frente a mí.

—Además —continué—, no te quedó feo.

—¿Qué cosa?

—El desayuno.

—Gracias, pero paso.

—Deja de ser tan rígido conmigo, Gael.

Su expresión cambió ligeramente.

—Soy tu escolta, Valentina. No tu amigo.

Sus palabras me hicieron guardar silencio.

—Pero me ayudaría tener con quién hablar de vez en cuando —admití—. Todos mis amigos están en Francia. Estoy tratando de adaptarme a todo esto y también estoy tratando de ser amable contigo.

Él no respondió.

Solo permaneció en silencio mientras terminaba mi desayuno.

Y, por supuesto, después se levantó y me dejó sola para hablar por teléfono con mi papá.

Definitivamente, Gael Santoro tenía el talento especial de arruinar cualquier conversación medianamente agradable.

 

Nuestra primera reunión del día fue en el centro de la ciudad.

Debido a todo lo que estaba ocurriendo, mi padre había decidido que debía mantener abiertas todas las puertas profesionales que pudiera.

No podía desaparecer completamente.

Y yo tampoco quería hacerlo.

Mientras caminábamos hacia el edificio donde tendría la primera reunión, Gael me ofrecía la mano cada vez que tenía que subir o bajar escaleras o salir del vehículo.

Al principio me pareció innecesario.

Después empecé a acostumbrarme.

—Perdón por lo de esta mañana —dije mientras caminábamos—. No fui muy gentil contigo.

Él me miró.

—Lo noté.

—No arruines mi disculpa.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Continúa.

—Solo que nunca había estado... amarrada a alguien las veinticuatro horas del día.

—Yo tampoco.

—Pues debes dejar de ser tan obtuso.

—Trataré.

Lo miré sorprendida.

—¿Eso fue una disculpa?

—No exageres.

Me reí.

—Gracias.

Entramos al edificio y él se quedó afuera mientras yo asistía a la reunión.

Por suerte, todo salió mejor de lo esperado.

Cuando salí, Gael estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados.

—Vamos —dije—. Tengo que estar a la una para el almuerzo.

Subimos al vehículo y, apenas arrancamos, comencé a quitarme los tacones y a buscar en mi bolso otra ropa.

Gael frenó de golpe.

—¿Qué haces?

—Me cambio.

—No.

—Conduce.

—No, no, no.

—Gael.

—Esto no es Francia.

—Es piel, no es nada más.

—Llámalo como quieras.

Se giró para mirarme.

—Yo lo conozco como espacio personal y privacidad.

Abrió la puerta y se bajó.

—¿En serio?

—Te cambias y me avisas cuando hayas terminado.

—¡Gael!

Cerró la puerta.

Cinco minutos después bajé la ventanilla.

—¡Ya!

Volvió a subir.

Me miró.

—¿Esto es normal?

—No.

—¿Entonces?

—Me harás perder tiempo.

—Claro que no.

Y continuó conduciendo.

No pude evitar sonreír.

Quizás aquel hombre no era tan insoportable como yo pensaba.

 

El día terminó sorprendentemente bien.

Cuando regresamos al apartamento, Gael dejó las llaves sobre la mesa.

—Mañana volvemos a la finca.

—Bueno.

Fui a mi habitación para cambiarme.

Estaba frente al espejo cuando algo llamó mi atención.

Un pequeño punto rojo apareció sobre mi pecho.

Fruncí el ceño.

Por un segundo pensé que era el reflejo de alguna luz.

Entonces escuché el sonido.

¡CRASH!

El cristal de la ventana explotó.

Me quedé paralizada.

Sentí un ardor en el brazo y bajé la mirada. Una pequeña línea de sangre comenzaba a recorrer mi piel.

—¡Gael!

La puerta de mi habitación se abrió de golpe.

Él apareció agachado y se acercó rápidamente a mí.

—Al suelo.

—Me dieron.

—¿Dónde?

—El brazo.

Gael revisó rápidamente la herida.

—Es un roce. No parece profunda.

Otro disparo hizo que el resto del cristal terminara de caer.

Me agaché instintivamente.

—¡Dios mío!

Gael miró hacia la ventana y después hacia la puerta.

Su expresión cambió.

Ya no era el Gael que conocía.

Era frío. Concentrado. Como si todo su cuerpo hubiera entrado en modo de supervivencia.

—¿Tienes tu teléfono?

—Sí.

—¿Tu bolso?

—En la sala.

—¿La laptop?

Miré hacia el escritorio.

—Aquí.

Gael negó con la cabeza.

—No hay tiempo.

—No pienso dejarla.

—Valentina...

—¡Tiene todos mis contratos!

Me miró durante un segundo.

—Toma la laptop. Yo voy por el bolso.

—¿Y si vuelven a disparar?

—Entonces mantente detrás de mí.

Se movió rápidamente hacia la puerta.

Antes de salir, miró el pasillo.

—No hay nadie.

Lo seguimos.

Yo llevaba los tacones en la mano porque ya no tenía sentido intentar caminar con ellos.

Gael llegó a la sala, tomó mi bolso y me lo lanzó.

—¿Listo?

—Sí.

Entonces escuchamos un ruido metálico.

Gael se quedó inmóvil.

Venía del ascensor.

Las puertas comenzaron a abrirse en nuestro piso.

Me tomó del brazo y me llevó hacia una puerta que yo ni siquiera había notado.

—¿Qué haces?

—Salida de servicio.

—¿Cómo sabes que existe?

—Porque revisé los planos del edificio.

Por supuesto.

Gael parecía tener un mapa de cada lugar al que entrábamos.

Abrió la puerta y encontramos un pequeño corredor que comunicaba con las escaleras de emergencia.

—Baja.

—¿Hasta dónde?

—Hasta el primer piso.

—¿Y si están abajo?

—Por eso no vamos a bajar hasta allí.

Me quedé mirándolo.

—¿Entonces?

—Al piso dieciséis.

—¿Qué?

—Hay una salida secundaria desde ese nivel.

—¿Y cómo sabes eso?

—Valentina.

—Está bien, está bien.

Subimos un tramo de escaleras.

Yo iba detrás de él intentando no caerme.

Entonces escuchamos voces arriba.

Nos detuvimos.

Gael apagó la luz de emergencia que estaba junto a nosotros y me hizo entrar en un pequeño descanso entre dos pisos.

Se colocó delante de mí.

—No hagas ruido.

Podía escuchar mi propia respiración.

Las voces se acercaron.

—Revisa el apartamento.

—Ya está vacío.

Sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.

Gael permaneció completamente quieto.

Uno de los hombres abrió la puerta de emergencia.

La luz del pasillo iluminó parcialmente las escaleras.

Gael me cubrió con su cuerpo.

El hombre miró hacia abajo.

Por suerte, no continuó.

La puerta volvió a cerrarse.

Esperamos unos segundos.

Gael acercó la boca a mi oído.

—Ahora.

Continuamos bajando.

Llegamos al piso dieciséis y Gael abrió una puerta que conducía a un pasillo de servicio.

El edificio tenía varias oficinas y apartamentos en niveles inferiores.

Caminamos rápido.

—¿Dónde vamos?

—Hay una salida para empleados al final del pasillo.

—¿Y después?

—La calle.

—¿Y si nos están esperando?

Gael se detuvo.

Miró por una pequeña ventana.

—No veo a nadie.

Abrió la puerta.

Salimos a un callejón.

El aire frío me golpeó el rostro.

Por primera vez desde que había empezado todo, pude respirar.

—Corre.

—¿Qué?

—Corre, Valentina.

Lo seguí.

Avanzamos por el callejón hasta llegar a una avenida.

Gael levantó la mano y detuvo un taxi.

Abrió la puerta trasera.

—Sube.

Entré.

Él subió después y cerró la puerta.

—¿A dónde? —preguntó el taxista.

Gael le dio una dirección.

No era la del apartamento.

Tampoco era la de la finca.

El conductor arrancó.

Me quedé mirando a Gael.

—¿A dónde vamos?

—A un punto de encuentro.

—¿Qué punto de encuentro?

—Uno donde podamos cambiar de vehículo.

Lo miré sorprendida.

—¿Ya tenías todo esto planeado?

—No.

—Entonces, ¿cómo...?

—Porque siempre tengo una segunda opción.

—¿Y una tercera?

Me miró.

—También.

A pesar del miedo, casi sonreí.

Ese hombre era desesperante.

Pero empezaba a entender por qué mi padre lo había elegido.

El taxi nos dejó varios kilómetros después, en una zona poco transitada.

Gael pagó y bajamos.

Miré alrededor.

—¿Ahora qué?

—Esperamos.

—¿Esperamos qué?

No alcanzó a responder.

Una camioneta oscura apareció al final de la calle y se detuvo frente a nosotros.

El conductor bajó un poco la ventanilla.

—Señor Santoro.

Gael asintió.

—Gracias.

Abrió la puerta y me ayudó a subir.

Yo entré primero.

Gael subió detrás de mí.

El conductor arrancó inmediatamente.

Solo cuando dejamos atrás las últimas casas y comenzamos a alejarnos de la ciudad, me permití recostarme contra el asiento.

Gael me observó.

—¿Estás bien?

—Sí... eso creo.

Bajé la mirada hacia mi brazo.

—Me duele.

Su expresión se suavizó apenas.

—Lo sé.

Miré la chaqueta que había puesto sobre mis hombros.

Después miré el vendaje improvisado que había hecho con su propia camisa.

Y entonces comprendí algo que me incomodó admitir.

No sabía cuánto tiempo tendría que seguir huyendo.

No sabía quién estaba detrás de todo aquello.

Ni siquiera sabía si realmente podía confiar en alguien.

Pero, por el momento...

confiaba en Gael.

1
Liliana Torres
😡😡 que triste saber que tienes un papá asi de 🐀
Yadira Alvarez
cambiaste la portada ?
Isabel Balbuena
yo digo que Thiago está detrás de todo esto
Isabel Balbuena
ya vaya que lo hace es millonario y trabaja como custodio eso es raro algo esconde muy grande
Viviana Maldonado
solo espero a Valentina se quede con Gael
Viviana Maldonado
el padre de Valentina duerme con alejandra.est tratará de destruir a Valentina al igual q su padre,son dos basura ellos
Viviana Maldonado
me juego es el padre q favorece la amiga de ella
Liliana Torres
ese enemigo es muy muy cerca
Yadira Alvarez
hayyyy en la mejor parte me quede enganchada 🤦
Liliana Torres
Se va a complicar todo 😡😡
Isabel Balbuena
sospecho que es Thiago el que estubo contigo en París y que es el quien está queriendo hacerle daño a tu y Agus padres
Yadira Alvarez
me.encanta 🥰
Liliana Torres
se esta armando el rompe cabeza
Liliana Torres
se está armando
Mariela Alejandra Gonzalez
mmmm!!! para mí que don Augusto está metido en algo turbio y debe algo y para cobrarle quieren. a valentina.nose me parece a mí.
Ichuu
Es muy raro que sepa exactamente donde están siempre es alguien muy cercano
Liliana Torres
me gusta
Viviana Maldonado
buenísimo!! comenzar a leer y quiero más de esta historia
👑🖤📚
wry cuando esta mujer le va a reclamar lo de PARIS!???
Mariela Alejandra Gonzalez
pero con mucho gusto dejo que me cuides!!!!
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