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Las Enseñanzas Del Bambú

Las Enseñanzas Del Bambú

Status: Terminada
Genre:Época / Completas
Popularitas:469
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Lady Genevieve es la joven rebelde que escandaliza a la alta sociedad londinense. Lordian, un duque frío, metódico y perfecto, viaja de incógnito por la campiña inglesa cuando sus caminos se cruzan.
Sin conocer su verdadera identidad, Genevieve decide enseñarle las antiguas lecciones orientales que aprendió de su tío: fluir como el agua, encontrar el equilibrio y aprender a soltar. Entre risas, barro, estrellas y una atracción imposible de ignorar, ella descubrirá que incluso el corazón más rígido puede aprender a amar.

NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El florecer de la tierra

El suave aliento de la brisa primaveral trajo consigo el final definitivo de las heladas. En los alrededores de Blackwood Manor, el manto helado de los meses anteriores se disipó por completo, dando paso a una alfombra de verde intenso salpicada de pequeñas flores silvestres. Las aguas del estanque recuperaron su brillo cristalino, y los brotes jóvenes del bambú se erguían con vigor junto a la orilla, meciéndose al compás de un aire tibio que olía a tierra húmeda y a flor de cerezo.

​En el interior de la mansión, los preparativos para la ceremonia de unión entre Lordian y Genevieve se desarrollaban lejos de la ostentación y el protocolo rígido que la corte solía imponer. No se enviaron invitaciones con letras doradas a la alta aristocracia de Mayfair, ni se convocó a los ministros de la capital. La celebración tendría lugar en los propios jardines de Kent, abierta a los vecinos, artesanos y granjeros que habían formado parte de la transformación del ducado.

​En los aposentos del ala este, Genevieve terminaba de ajustarse el vestido de novia. Se trataba de un diseño confeccionado en lino fino de tono marfil, con mangas holgadas y un bordado discreto de espigas de trigo y hojas de bambú a lo largo de la caída de la falda. Sin corsés asfixiantes ni pedrería pesada, el vestido resaltaba la soltura de sus movimientos y la belleza natural de su silueta. En lugar de una tiara de diamantes, su cabello castaño estaba peinado en trenzas suaves coronadas con una guirnalda de flores frescas cortadas esa misma mañana.

​Una de las jóvenes del poblado, que la asistía con el espejo, suspiró con admiración sincera.

​—Está hermosa, señorita Genevieve. Jamás se ha visto a una novia tan radiante en esta provincia.

​Genevieve contempló su reflejo y sonrió con serenidad, acomodando el pequeño aro de oro con la gema avellana en su dedo.

​—La belleza no viene del adorno, Sarah —respondió con voz dulce—, sino de la tranquilidad de saber que se camina hacia el lugar correcto.

​En la terraza principal que daba al parque posterior, decenas de familias del distrito se habían congregado bajo el sol del mediodía. Las mesas de madera al aire libre estaban dispuestas con sencillez, decoradas con ramas de olivo y jarras de barro llenas de flores.

​Lordian aguardaba al pie de la arcada de piedra del jardín. Vestía un traje de paño azul noche de corte impecable pero ligero, con la camisa de lino desabrochada en el cuello y sin rastro de la antigua corbata de seda. En sus facciones ya no quedaba vestigio de la frialdad distante del noveno duque de Blackwood; sus ojos oscuros brillaban con una expectativa ansiosa y profunda.

​Al sonar las notas de un violín y una flauta de madera tocados por los músicos locales, la multitud guardó un silencio reverente. Genevieve avanzó por el sendero del jardín. Caminaba descalza sobre la hierba fresca, sintiendo la tierra bajo sus pies con la misma libertad con la que solía recorrer las colinas de Kent.

​Lordian avanzó unos pasos a su encuentro. Al tomar sus manos entre las suyas, el duque contuvo el aliento, deslumbrado por la luz que emanaba de la joven.

​—Pareces el espíritu mismo de la primavera, Genevieve —murmuró él con la voz contenida por la emoción.

​—Y tú pareces un hombre que al fin ha encontrado su verdadero hogar, Lordian —devolvió ella en un susurro ardiente.

​El anciano juez de paz del distrito, flanqueado por los testigos de la comunidad, leyó las palabras de la ceremonia. No hubo fórmulas latinas oscuras ni contratos de dote; solo la promesa mutua de respetar la libertad del otro, de cuidar la tierra que habitaban y de mantener la flexibilidad del bambú ante cualquier tormenta futura.

​—Por la autoridad que me confiere la comunidad de Kent y el honor de este suelo —proclamó el anciano—, los declaro unidos en vida y alma.

​Lordian atrajo a Genevieve hacia sí con una firmeza apasionada y la besó en los labios ante los vítores y aplausos de toda la comitiva. El eco de las aclamaciones resonó por el valle de Kent, sellando el inicio de una era donde el poder y el amor ya no caminaban por senderos opuestos.

​La fiesta se extendió hasta bien entrada la noche bajo un cielo estrellado y transparente. La música tradicional, los bailes en la hierba y el choque festivo de las copas de sidra llenaron de vida los jardines que durante décadas habían estado sumidos en el silencio solemne de la etiqueta aristocrática.

​El señor Harrison, observando la escena desde la terraza con una copa en la mano, no pudo evitar sonreír mientras veía al duque bailar entre los campesinos con la camisa remangada y a la nueva duquesa riendo a su lado.

​Al acercarse la medianoche, Lordian y Genevieve se alejaron discretamente de la multitud, caminando hacia la orilla del estanque. El murmullo de la fiesta llegaba ablandado por la distancia, mientras el viento suave de la noche hacía crujir las hojas de bambú.

​Lordian envolvió a Genevieve entre sus brazos por la espalda, apoyando el rostro contra su nuca mientras contemplaban el reflejo de la luna llena sobre las aguas serenas.

​—El nudo se desenredó, la tormenta pasó y la tierra ha florecido, Genevieve —dijo el duque con voz profunda y cálida.

​Genevieve reclinó la cabeza contra su pecho, sintiendo el latido seguro y constante de su corazón.

​—El bambú se dobló, el roble echo raíces profundas y ahora ambos crecen bajo el mismo cielo libre —respondió ella, entrelazando sus dedos con los de él.

​Lordian la giró suavemente en sus brazos y la besó con una ternura infinita, sabiendo que el viaje de sus vidas apenas comenzaba, sostenido por la fuerza invencible de la verdad compartida.

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Isabel Sandoval
Eso se cuenta? /Slight//NosePick//Grin/
Isabel Sandoval
Ya está en la bolsa
Isabel Sandoval
jajaja
Isabel Sandoval
Hago eso y me rompo un hueso /Facepalm//Scare/
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja k chistosa y ya se enamoró ❤️
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