Un bailarín apasionado. Un deportista reservado. Dos mundos completamente diferentes que chocan desde el primer día. Lo que ninguno imagina es que ese choque podría cambiarlo todo
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Una Invitación
La mañana comenzó con música demasiado alta.
—¿Quién dejó conectada la bocina?
—Tú.
—Ah.
—¿Lo recuerdas?
—No.
—Eso explica muchas cosas.
Liam dejó caer la cabeza sobre la mesa.
Todavía era temprano.
Demasiado temprano.
Y ya estaba rodeado de gente con energía.
Lo cual era una tragedia.
—Buenos días, sol radiante.
—No me llames así, Ethan.
—Buenos días, estrella brillante.
—Peor.
—Buenos días, bailarín favorito.
—Aceptable.
—Qué fácil eres.
Liam sonrió.
La sala del club de baile comenzaba a llenarse poco a poco.
Algunos practicaban.
Otros conversaban.
Otros simplemente intentaban despertar.
Entonces Ethan dio una palmada.
—Bien.
Todos lo miraron.
—Tengo noticias.
—¿Buenas o malas? —preguntó alguien.
—Depende de cuánto les guste sufrir.
—Malas.
—Definitivamente malas.
—Excelente actitud.
Ethan tomó una hoja.
Y sonrió.
Demasiado.
—La universidad fue invitada a la Competencia Interuniversitaria de Artes Escénicas.
El salón explotó.
Algunos celebraron.
Otros comenzaron a quejarse.
Y varios hicieron ambas cosas al mismo tiempo.
Liam abrió los ojos.
—¿En serio?
—Muy en serio.
—No tenemos suficiente tiempo.
—Correcto.
—Vamos a morir.
—Probablemente.
—Perfecto.
Ethan sonrió.
—Por eso me agradas.
⸻
Un par de horas después…
Emma seguía pensando en la competencia.
Lo cual era preocupante.
Porque cuando Emma pensaba demasiado en algo, generalmente alguien terminaba involucrado en un plan.
Y Noah lo sabía.
Por eso levantó la vista de su libro.
—¿Qué estás tramando?
—Nada.
—Mentira.
—Qué feo que no confíes en mí.
—Es experiencia.
Emma ignoró el comentario.
Entonces giró lentamente hacia Liam.
—Tengo una idea.
—No.
—Ni siquiera la escuchaste.
—No necesito hacerlo.
—Es una gran idea.
—Eso me preocupa más.
Emma sonrió.
Y Liam sintió miedo.
—Deberías invitar a Kae.
Silencio.
Noah cerró el libro.
Liam parpadeó.
—¿Qué?
—A la competencia.
—Emma.
—¿Qué?
—Emma.
—¿Qué?
—No.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Argumento débil.
—No necesito argumentos.
—Sí los necesitas.
Noah observó el intercambio.
Y para sorpresa de Liam…
Asintió.
—Creo que deberías hacerlo.
Silencio.
Emma abrió mucho los ojos.
—¿ESTÁS DE MI LADO?
—No hagas un escándalo.
—¡ESTÁS DE MI LADO!
—Solo creo que sería bueno.
Liam los miró a ambos.
Traicionado.
Completamente traicionado.
—¿Por qué ahora están trabajando juntos?
—Porque tenemos razón.
—Eso no ayuda.
⸻
Horas después…
Liam seguía pensando en ello.
Lo cual era molesto.
Porque Emma tenía la mala costumbre de plantar ideas en su cabeza.
Y hacer que crecieran.
Por eso terminó frente al gimnasio universitario.
Sin estar completamente seguro de cómo había llegado allí.
Bueno.
Sí lo sabía.
Y eso era precisamente el problema.
Tomó aire.
Y entró.
⸻
El gimnasio estaba lleno.
Pesas.
Máquinas.
Música.
Conversaciones.
Pero encontrar a Kae resultó sorprendentemente fácil.
Porque estaba al fondo.
Entrenando.
Concentrado.
Completamente ajeno al resto del mundo.
Y durante un instante…
Liam simplemente se quedó observando.
Porque era extraño.
Ver a Kae allí.
En un lugar donde parecía tan cómodo.
Tan seguro.
Tan natural.
Era exactamente la misma sensación que Kae había tenido cuando lo vio bailar.
Aunque ninguno de los dos lo sabía.
⸻
—Vas a desgastar el suelo.
Liam parpadeó.
Kae acababa de girarse hacia él.
Y claramente lo había descubierto hacía rato.
—¿Qué?
—Llevas varios minutos ahí.
—No es cierto.
—Sí lo es.
—Quizás un poco.
Kae tomó una botella de agua.
—¿Me estabas buscando?
La pregunta era sencilla.
Directa.
Y por alguna razón, Liam sintió que la respuesta también debía serlo.
—Sí.
Kae pareció sorprendido.
Solo un poco.
Pero suficiente para que Liam lo notara.
—Ah.
—¿Eso es todo?
—Estoy procesando.
—Tú también dices eso.
—Porque funciona.
Liam soltó una risa.
Y por un momento simplemente se quedaron ahí.
Mirándose.
Cómodos.
⸻
—Tenemos una competencia.
—¿Quiénes?
—El club.
—Ah.
—Y…
Liam se rascó la nuca.
De repente mucho más nervioso de lo que esperaba.
—Pensaba que quizá…
Kae arqueó una ceja.
—¿Quizá?
—Podrías ir.
Silencio.
Liam sintió que acababa de lanzarse desde un edificio.
Sin paracaídas.
Kae lo observó durante unos segundos.
Y entonces…
Sonrió.
Pequeño.
Pero real.
—Supongo que puedo ir.
El alivio golpeó a Liam tan rápido que casi se rio.
—¿Sí?
—Sí.
—Genial.
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
Y por primera vez…
La competencia dejó de sentirse como algo lejano.
Porque ahora había alguien a quien realmente quería ver entre el público.