NovelToon NovelToon
Renací Para Evitar Mi Final

Renací Para Evitar Mi Final

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.

Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.

Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.

Esta vez conserva todos sus recuerdos.

Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.

Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:

No perseguirá al príncipe.

Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

10

La nota de Aurelius se sentía como hielo contra la piel de Valeria. Cada palabra era una punzada de adrenalina fría. Cassian libre. Los Guardianes traicionados. No confíes en nadie. Las palabras resonaban en su mente como una sentencia de muerte, no solo para ella, sino para todo lo que estaba intentando proteger. La victoria en el banquete, el momento de poder que había sentido al exponer a Cassian, se desvaneció, reemplazada por un miedo primario y agudo.

Su primera reacción fue huir. Empacar una pequeña bolsa, desaparecer en la noche, dejar que el imperio se hundiera en su propia corrupción y ambición. Pero luego, la imagen de Alistair sonriendo en el puente, su calma fanática mientras hablaba de destruir el mundo para salvarlo, la detuvo. No podía huir. Huir era rendirse, y no había vuelto del infierno para rendirse ahora.

—Elena—llamó, su voice sorprendentemente firme. —Necesito que prepares un baño. Y que nadie me moleste. Especialmente mi madre.

—Sí, señora—respondió la doncella, su expresión preocupada. ¿Habría visto la nota? ¿O simplemente sentía el pánico que emanaba de Valeria como un perfume venenoso?

Mientras se sumergía en el agua caliente, su mente racing, tratando de conectar los puntos. ¿Cómo había escapado Cassian? ¿Quién lo había ayudado? ¿Y quién había traicionado a los Guardianes? La nota de Aurelius era clara: no confiara en nadie. Pero, ¿incluía eso a Harrington? ¿A Eleanor?

Decidió que necesitaba información, no pánico. Se vistió con un vestido sencillo y oscuro, y se deslizó por el pasadizo secreto en la biblioteca, el corazón martilleando contra sus costillas con cada paso. La cámara secreta estaba fría y silenciosa, las antorchas parpadeando débilmente como si estuvieran muriendo.

—Aurelius—llamó, su voz resonando en el espacio vacío. —Estoy aquí.

Nada. Solo el eco de su propia voz. La preocupación crecía en su pecho como una planta venenosa. ¿Lo habían capturado? ¿O peor?

Mientras exploraba la cámara, encontró algo que no había visto antes: un pequeño compartimento oculto en la base de la mesa de piedra. Con manos temblorosas, lo abrió, encontrando un solo objeto dentro: un libro pequeño y encuadernado en cuero, con el mismo símbolo de los Guardianes del Tiempo grabado en la cubierta.

Lo abrió con cuidado, encontrando no palabras, sino símbolos. Mapas estelares, diagramas complejos, fórmulas que no reconocía. Y en la primera página, una nota escrita en la caligrafía elegante de Aurelius:

"Si estás leyendo esto, es que las cosas han ido mal. Muy mal. Este libro es más de lo que parece. Es la clave. Protégela con tu vida. Y encuentra el Observatorio. Es el único lugar seguro que te queda."

Observatorio. La palabra resonaba en su mente, familiar pero distante. ¿Dónde estaba? ¿Y qué contenía este libro que era tan importante?

Mientras examinaba los símbolos, escuchó un ruido detrás de ella. Se giró bruscamente, su mano yendo instintivamente a la daga oculta, solo para encontrarse con una figura encapuchada emergiendo de las sombras.

—Tranquila, Valeria—dijo una voz que reconocía instantáneamente. Era Aurelius, pero su voz era tensa, casi desesperada. —No tenemos mucho tiempo.

—¿Qué está pasando?—exigió Valeria, su corazón todavía latiendo con fuerza. —¿Cómo escapó Cassian? ¿Quién traicionó a los Guardianes?

—Fue Harrington—dijo Aurelius, y las palabras golpearon a Valeria con la fuerza de un golpe físico. —Ha estado trabajando con Cassian desde el principio. Todo lo que te dijo... era una mentira.

La idea la repelió físicamente. Harrington, con su aire de anciano sabio y leal, su anillo de Guardián... todo una farsa. Una manipulación calculada.

—¿Por qué?—preguntó, aunque ya temía la respuesta. —¿Qué quiere?

—Lo mismo que Cassian. Lo mismo que todos los que buscan poder sin importar el costo—respondió Aurelius, su voz amarga. —Quiere reestructurar el imperio a su imagen, eliminar a quienes se oponen a él, consolidar su poder. Usó a los Guardianes para obtener información, para identificar a los renacidos, y ahora los está eliminando uno por uno.

Valeria sintió náuseas. Harrington no solo había traicionado a los Guardianes; los había estado usando desde el principio. Y ella había caído en su trampa, confiando en él, creyendo en sus advertencias.

—¿Y los demás?—preguntó —¿Los otros Guardianes? ¿Están...?

—Algunos están muertos. Otros, escondidos—respondió Aurelius con gravedad. —Hemos sido diezmados. Pero no todos estamos perdidos. Todavía queda una célula. Una célula que trabaja desde las sombras, preparándose para lo que viene.

Mientras hablaban, escucharon otro ruido, esta vez más cercano. Pasos en el pasadizo. Pasos apresurados, determinados.

—Tienes que irte—dijo Aurelius, su voz urgente. —Ahora. Llévate el libro. Encuentra el Observatorio. Es tu única esperanza.

—¿Y tú?—preguntó Valeria, su miedo por él sorprendiéndola a sí misma. —¿Qué vas a hacer?

—Tengo que distraerlos. Darte tiempo—respondió él, ya sacando su propia espada. —Encuentra el Observatorio, Valeria. Encuentra a los demás. Y prepárate. Porque la guerra que viene va a ser mucho más sangrienta de lo que imaginamos.

Con esas palabras, se giró y corrió hacia el pasadizo, desapareciendo en las sombras como un fantasma. Valeria se quedó sola por un momento, el libro en sus manos y el peso del futuro del imperio sobre sus hombros. Luego, con una determinación que no sabía que poseía, corrió en la dirección opuesta, buscando una salida que no la llevara directamente a las manos de sus enemigos.

Salió del pasadizo no en la biblioteca, sino en una bodega de vinos subterránea, un lugar que no había visitado en años. Mientras se deslizaba por las estanterías llenas de botellas de polvo y olvido, escuchó voces arriba. Voces que reconocía. La de su madre, y otra... la de Harrington.

—Debe estar por aquí—decía Harrington, su voz calmada pero con un filo de acero. —No puede haber ido lejos. Y tiene el libro.

—¿Qué libro?—preguntaba Lady Montrose, su voz confundida y asustada. —¿Qué está pasando, Lord Harrington? ¿Dónde está mi hija?

—Esa es la pregunta, ¿no crees?—respondía Harrington, y Valeria sintió un escalofrío. —Y tengo la sensación de que tú puedes ayudarme a responderla.

La amenaza era clara, no solo para ella, sino para su propia madre. Con el corazón martilleando, se movió sigilosamente hacia una pequeña puerta en el fondo de la bodega, una que recordaba que conducía a los túneles de servicio bajo la mansión.

Mientras se deslizaba por los túneles oscuros y húmedo, su mente trabajaba a toda prisa, tratando de entender la magnitud de la traición. Harrington no solo había traicionado a los Guardianes; había estado manipulando a la corte desde las sombras, usando su conocimiento del futuro para eliminar rivales y consolidar su poder. Y Cassian... ¿estaba trabajando con él? ¿O era simplemente otra pieza en su juego?

Decidió que necesitaba aliados. Aliados en los que pudiera confiar. Su primera pensamiento fue Eleanor, pero la idea de ponerla en peligro la horrorizaba. Su segundo pensamiento fue el príncipe Kaelan. Aunque no era un renacido, era el príncipe. Tenía poder, influencia, y, lo que era más importante, no parecía estar involucrado en las conspiraciones que amenazaban con destruir el imperio.

Pero antes de buscar al príncipe, necesitaba entender qué tenía en sus manos. Se sentó en un rincón oscuro del túnel, el libro sobre sus rodillas, y comenzó a examinar los símbolos con más detenimiento. No eran solo mapas estelares o diagramas; eran algo más. Algo que parecía cambiar, moverse, reorganizarse mientras los miraba.

Con una comprensión gradual, se dio cuenta de que no eran solo símbolos. Eran instrucciones. Un mapa. Un mapa no de lugares, sino de posibilidades. De futuros. Y en el centro de todo, un símbolo que se repetía una y otra vez: una espiral dentro de un círculo, con tres líneas que se cruzaban en el centro.

El Observatorio. No era un lugar físico. O al menos, no solo un lugar físico. Era un concepto. Una forma de ver el futuro, no como una línea fija, sino como un río con corrientes y remolinos, con futuros que se bifurcaban y volvían a unirse.

Mientras procesaba esta revelación, escuchó un ruido a su espalda. Se giró bruscamente, solo para encontrarse con una figura que no esperaba.

—Eleanor—dijo, su voz apenas un susurro. —¿Qué haces aquí?

—Te seguí—respondió su amiga, su expresión seria y determinada. —Vi a Harrington entrar a tu casa. Supe que algo andaba mal. ¿Qué pasa, Valeria? ¿Qué está sucediendo?

Valeria se quedó en silencio por un momento, luchando con el deseo de proteger a su amiga y la necesidad de aliados. Finalmente, decidió confiar en ella.

—Harrington ha traicionado a los Guardianes—dijo, su voz baja y urgente. —Está trabajando con Cassian. Han escapado, y ahora me están buscando. Tienen este libro.

Eleanor la miró, sus ojos widening con comprensión. —El Libro de los Destinos. Mi padre me habló de él. Dijo que era la clave para entender el futuro, para navegar sus corrientes sin ser arrastrado por ellas.

—¿Qué más te dijo?—preguntó Valeria, su interés inmediatamente captado.

—Dijo que había una profecía—respondió Eleanor, su voz temblando ligeramente. —Una profecía sobre una renacida. Alguien que volvería del infierno para cambiar el destino del imperio. Alguien que tendría que elegir entre la destrucción y la redención. Alguien que... sería tú.

La idea la dejó sin aliento. ¿Era eso lo que era? ¿Una figura profetizada, destinada a decidir el futuro del imperio?

—No puedo serlo—dijo, aunque una parte de ella sabía que era verdad. —Soy solo... yo.

—No, no lo eres—respondió Eleanor con firmeza. —Eres algo más. Algo más grande de lo que imaginas. Y tienes un papel que desempeñar, quieras o no.

Mientras hablaban, escucharon otro ruido, esta vez más cercano. Pasos en el túnel, acercándose rápidamente.

—Tenemos que movernos—dijo Valeria, ya guardando el libro. —Ahora.

Se deslizaron por los túneles, sus movimientos rápidos y silenciosos como los de ratas en las alcantarillas. Mientras corrían, Valeria sentía el peso del libro contra su costilla, un recordatorio constante de la responsabilidad que había caído sobre sus hombros.

—¿Adónde vamos?—preguntó Eleanor, su voz jadeante por el esfuerzo.

—Al palacio—respondió Valeria, su decisión tomada. —Al príncipe Kaelan. Es nuestra única esperanza.

Salieron de los túneles en un callejón oscuro detrás de una taberna mugrienta, el olor a cerveza derramada y desechos llenando el aire. La noche estaba fría, y la luna brillaba sobre los tejados de la capital como un ojo omnisciente.

—¿Estás segura de esto?—preguntó Eleanor, su expresión preocupada. —¿Podemos confiar en él?

—Tengo que confiar en alguien—respondió Valeria, su voz firme. —Y él es nuestra mejor opción.

Mientras se movían sigilosamente por las calles, evitando a los guardias que patrullaban con una determinación que parecía sospechosa, Valeria sentía cómo el mundo cambiaba a su alrededor. Ya no era la joven noble que asistía a banquetes y discutía política en salones lujosos. Era una fugitiva, una renacida con un libro que podía cambiar el destino del imperio, perseguida por enemigos que querían usar su poder para sus propios fines.

Llegaron a las murallas del palacio, altas e imponentes bajo la luz de la luna. Los guardias estaban en sus puestos, sus armaduras brillando con una luz pálida.

—¿Ahora qué?—preguntó Eleanor, su voz temblando. —No podemos simplemente entrar.

—No—dijo Valeria, su mente racing. —Pero conozco a alguien que puede ayudarnos. Alguien que trabaja en el palacio. Alguien que le debe un favor a mi familia.

Mientras se deslizaban hacia una pequeña puerta lateral, Valeria sentía el peso de las decisiones que había tomado. Había elegido un bando, pero la guerra estaba lejos de terminar. Harrington y Cassian estaban ahí fuera, buscando venganza. Alistair estaba ahí fuera, planeando la destrucción de todo lo que ella estaba tratando de salvar.

Pero mientras golpeaba suavemente la puerta lateral, esperando que su contacto estuviera de guardia, sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: determinación. No la falsa determinación de una joven noble ingenua, sino la determinación dura y resistente de una luchadora que había enfrentado sus demonios y estaba decidida a ganar.

La puerta se abrió lentamente, revelando a un hombre joven con uniforme de sirviente, cuyos ojos se abrieron sorprendidos al verlas.

—Lady Montrose—dijo, su voz un susurro de sorpresa. —¿Qué...?

—Necesito ver al príncipe Kaelan—dijo Valeria, su voz firme y clara. —Ahora. Es una cuestión de vida o muerte.

1
Dora Guzman Pacherres
Cada vez más intrigante tú novela, me gusta bastante. Tiene de todo sobre todo lo que puede suceder las paradojas del destino 😱.
Dora Guzman Pacherres
Cada capítulo más interesante sabes tejer las intrigas y nos dejas con un suspenso de querer más y más.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play