una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
la trampa del puerto
La lluvia caía con fuerza sobre Ciudad Oscura.
Las gotas golpeaban los contenedores oxidados del antiguo puerto y formaban pequeños ríos que corrían entre las grietas del pavimento. Una espesa niebla cubría gran parte de la zona, haciendo que las luces lejanas parecieran fantasmas flotando en la oscuridad.
Eran casi las doce de la noche.
Gabriel Torres observaba todo desde la sombra de un viejo almacén abandonado. Llevaba una cámara, una linterna pequeña y una mochila con documentos. Su corazón latía con fuerza.
La llamada anónima seguía resonando en su cabeza.
"Si quieres saber quién dirige La Sombra Negra, ve mañana al antiguo puerto a medianoche."
No sabía quién había enviado aquel mensaje.
No sabía si era una trampa.
Pero después de todo lo que había descubierto, no podía ignorarlo.
A varios metros de distancia aparecieron las luces de una caravana de vehículos negros.
Gabriel reconoció inmediatamente aquellos automóviles.
Pertenecían a Antonio Romano.
Los vehículos se detuvieron lentamente.
Varios guardaespaldas descendieron primero y revisaron el área.
Finalmente apareció Antonio.
Vestía un elegante traje oscuro y caminaba con expresión seria.
Desde la muerte de Lorenzo, la rabia se había convertido en una parte permanente de su vida.
Miró alrededor con desconfianza.
Algo no le gustaba.
Algo se sentía extraño.
Cinco minutos después llegaron otros vehículos.
Esta vez pertenecían a Víctor Moretti.
Los hombres descendieron rápidamente y tomaron posiciones.
El ambiente se volvió tenso de inmediato.
Los miembros de ambos grupos comenzaron a observarse con hostilidad.
Muchos de ellos habían perdido amigos y familiares durante los últimos meses.
La guerra parecía inevitable.
Antonio y Víctor se encontraron frente a frente bajo la lluvia.
La niebla los rodeaba.
Durante unos segundos nadie habló.
Solo se escuchaba el sonido del agua golpeando el metal de los contenedores.
—Debí imaginar que estarías aquí —dijo Antonio finalmente.
—Yo podría decir lo mismo —respondió Víctor.
Antonio cruzó los brazos.
—¿Fuiste tú quien envió el mensaje?
—No.
—Entonces alguien está jugando con nosotros.
Víctor asintió lentamente.
Por primera vez en mucho tiempo ambos estaban de acuerdo en algo.
Antes de que pudieran continuar la conversación, una voz resonó desde la oscuridad.
—Qué agradable verlos juntos.
Todos se giraron inmediatamente.
Una figura apareció caminando entre la niebla.
Era un hombre de aproximadamente sesenta años.
Cabello gris.
Traje impecable.
Paso tranquilo.
Parecía completamente seguro de sí mismo.
Como si no tuviera miedo de las decenas de armas apuntándole.
Antonio frunció el ceño.
Víctor hizo lo mismo.
Ninguno lo reconoció.
—¿Quién demonios eres? —preguntó Antonio.
El hombre sonrió.
—Mi nombre es Esteban Navarro.
El nombre no significó nada para ninguno de los presentes.
Pero Gabriel sintió curiosidad inmediatamente.
Comenzó a tomar fotografías.
Esteban avanzó unos pasos.
—Llevo años observando esta ciudad.
—Habla claro —ordenó Víctor.
—Con gusto.
Esteban extendió los brazos.
—Ustedes dos han gobernado Ciudad Oscura durante demasiado tiempo.
Antonio soltó una breve risa.
—¿Y qué?
—Que ha llegado el momento de un cambio.
Víctor dio un paso adelante.
—¿Quién te crees para decir eso?
La sonrisa de Esteban se hizo más amplia.
—Alguien con el poder suficiente para hacerlo realidad.
Gabriel observaba cada detalle.
Algo le decía que aquel hombre era importante.
Muy importante.
—¿Eres el líder de La Sombra Negra? —preguntó Antonio.
Por primera vez Esteban pareció divertido.
—No exactamente.
—Entonces deja de perder nuestro tiempo.
—Soy uno de los fundadores.
Aquellas palabras provocaron un silencio absoluto.
Incluso los guardaespaldas parecieron tensarse.
Antonio sintió cómo la ira comenzaba a crecer dentro de él.
—¿Fuiste tú quien ordenó matar a Lorenzo?
La sonrisa desapareció del rostro de Esteban.
—Sí.
La respuesta llegó sin vacilar.
Antonio quedó inmóvil durante un segundo.
Luego desenfundó su arma.
—Voy a matarte.
Pero antes de que pudiera disparar, enormes reflectores se encendieron alrededor del puerto.
La oscuridad desapareció de golpe.
Todos quedaron cegados por la luz.
Y entonces comprendieron la verdad.
Habían caído en una emboscada.
Sobre los contenedores aparecieron hombres armados.
En los techos de los almacenes había francotiradores.
Detrás de montañas de carga surgieron más combatientes.
Eran decenas.
Quizás cientos.
Antonio observó la escena.
Víctor hizo lo mismo.
Por primera vez en años ambos parecían sorprendidos.
Esteban volvió a sonreír.
—Bienvenidos a mi puerto.
Los hombres de Antonio y Víctor levantaron sus armas.
Pero estaban rodeados.
Completamente rodeados.
—Durante años pelearon por esta ciudad —dijo Esteban—. Ahora me pertenece a mí.
—Estás loco —respondió Víctor.
—No.
Esteban negó con la cabeza.
—Soy paciente.
Entonces levantó una mano.
La señal era clara.
Los francotiradores apuntaron.
Los hombres de La Sombra Negra prepararon sus armas.
La tensión era insoportable.
Nadie respiraba.
Nadie se movía.
Y entonces sonó un disparo.
Nadie supo quién apretó el gatillo primero.
Pero fue suficiente.
El infierno se desató.
Las balas comenzaron a cruzar el puerto en todas direcciones.
Los hombres buscaron cobertura.
Los gritos llenaron el aire.
Antonio rodó detrás de un contenedor metálico.
Víctor se lanzó tras un camión abandonado.
Los disparos impactaban contra el metal produciendo chispas.
Gabriel corrió desesperadamente mientras intentaba proteger su cámara.
Las balas pasaban peligrosamente cerca.
Nunca había visto una batalla semejante.
El puerto entero se convirtió en una zona de guerra.
Explosiones.
Disparos.
Gritos.
Caos.
Durante varios minutos nadie tuvo el control de la situación.
Los hombres de La Sombra Negra eran más numerosos.
Pero los guardaespaldas de Antonio y Víctor eran combatientes experimentados.
La resistencia fue feroz.
Antonio disparó contra dos atacantes que intentaban rodearlo.
Víctor neutralizó a varios más desde su posición.
Sin darse cuenta, ambos estaban luchando contra el mismo enemigo.
Algo impensable unos meses atrás.
Gabriel logró refugiarse dentro de un almacén semidestruido.
Respiraba agitadamente.
Necesitaba salir de allí.
Pero también necesitaba pruebas.
Si sobrevivía, aquellas fotografías podrían destruir a La Sombra Negra.
De repente escuchó pasos.
Se giró rápidamente.
Una mujer apareció entre las sombras.
Llevaba una chaqueta negra y parecía nerviosa.
—¿Gabriel Torres?
El periodista levantó una barra metálica para defenderse.
—¿Quién eres?
—No tengo tiempo para explicaciones largas.
—Empieza a hablar.
La mujer respiró profundamente.
—Mi nombre es Sofía Navarro.
Gabriel abrió los ojos sorprendido.
—¿Navarro?
—Sí.
—¿Familia de Esteban Navarro?
Ella bajó la mirada.
—Soy su hija.
Gabriel quedó en silencio.
No esperaba aquella respuesta.
—¿Por qué estás aquí?
—Porque quiero detenerlo.
—¿Detener a tu propio padre?
Sofía asintió.
—Ya no es el hombre que conocí.
El sonido de los disparos continuaba afuera.
—Explícate.
—Mi padre fundó La Sombra Negra hace muchos años junto con otros empresarios y criminales poderosos.
—¿Con qué propósito?
—Controlar la ciudad.
Gabriel escuchaba atentamente.
—Pero al principio solo querían ganar dinero.
—¿Y después?
—Después se obsesionó con el poder.
Sofía observó hacia la ventana rota.
—Ahora quiere eliminar a Antonio y a Víctor para quedarse con todo.
Gabriel comprendió inmediatamente la gravedad de la situación.
—¿Cómo lo detenemos?
Sofía dudó unos segundos.
—Existe una forma.
—¿Cuál?
—Los archivos.
—¿Qué archivos?
—Toda la información de La Sombra Negra está almacenada en un servidor privado.
Pagos.
Nombres.
Operaciones.
Corrupción.
Asesinatos.
Todo.
Gabriel sintió una pequeña esperanza.
—¿Dónde está?
—En la Torre Navarro.
Aquella respuesta lo preocupó.
La Torre Navarro era el edificio más alto de Ciudad Oscura.
Y también uno de los más protegidos.
—Entrar allí será casi imposible.
—Lo sé.
—Entonces estamos perdidos.
Sofía negó con la cabeza.
—No todavía.
Gabriel la observó.
—¿Tienes un plan?
—Sí.
—¿Y cuál es?
—Entrar antes de que mi padre descubra que estoy ayudándote.
El periodista volvió a mirar hacia el puerto.
La batalla continuaba.
Antonio y Víctor seguían resistiendo.
La ciudad entera estaba al borde del colapso.
Y ahora todo dependía de una misión imposible.
Infiltrarse en la fortaleza de la familia Navarro.
Robar los archivos.
Y exponer la verdad antes de que La Sombra Negra tomara el control definitivo de Ciudad Oscura.
Mientras la lluvia seguía cayendo sobre el puerto, Gabriel comprendió que la verdadera guerra apenas estaba comenzando.
Continuará en el Capítulo 5...