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La Chica De Los Días Prestados

La Chica De Los Días Prestados

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:161
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Cubilla

En una ciudad donde cada persona nace con un reloj invisible que marca el tiempo que le queda de vida, Akira, un joven reservado de 18 años, descubre que una misteriosa chica llamada Hana tiene algo imposible: su reloj está detenido.

NovelToon tiene autorización de Natalia Cubilla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre del Abrigo Negro

"El destino rara vez llama a la puerta. Normalmente espera en las sombras, observando en silencio hasta que llega el momento de revelar quién eres realmente".

La lluvia caía con violencia sobre el techo de la antigua casa.

Cada gota parecía golpear con una fuerza sobrenatural, como si el cielo entero hubiera decidido descargar su furia sobre aquel lugar olvidado.

Akira permanecía inmóvil frente a la ventana rota.

Allí estaba.

La misma figura que había visto de niño.

La misma presencia que apareció en los recuerdos de Hana.

El hombre del abrigo negro.

Su sombrero ocultaba parte de su rostro, pero no lograba esconder aquella sonrisa tranquila, casi elegante, que resultaba mucho más inquietante que cualquier gesto de odio.

No parecía un asesino.

No parecía un monstruo.

Parecía que alguien simplemente había esperado demasiado tiempo.

Y ahora, por fin, había encontrado lo que buscaba.

—¿Quién eres? —preguntó Akira.

El hombre no respondió.

Levantó lentamente la vista.

Sus ojos eran de un azul tan intenso que parecían reflejar un cielo sin nubes.

No había maldad en ellos.

Solo una profunda tristeza.

—Has crecido mucho...

Su voz era suave.

Serena.

Como la de un viejo maestro hablando con un antiguo alumno.

Akira sintió un extraño escalofrío.

Aquella voz...

Era exactamente igual a la que había escuchado al final de su último recuerdo.

—¿Nos conocemos?

El desconocido suena apenas.

—Mucho más de lo que imaginas.

Kuro dio un paso al frente.

Su expresión había perdido la calma habitual.

—No pronuncies su nombre.

El hombre lo observará con una ligera inclinación de cabeza.

—Hace siglos que no me llamas así, Kuro.

Hana miró sorprendida a ambos.

—¿Se conocen?

El silencio fue suficiente para responder.

El Guardián del Umbral avanzó lentamente hasta colocarse entre Akira y la puerta.

Por primera vez desde que apareció, su voz sonó autoritaria.

—Retírate.

Todavía no es el momento.

El hombre soltó una leve risa.

—Siempre dices lo mismo.

—Porque todavía existe una posibilidad de cambiar el desenlace.

-No.

Lo que está escrito jamás desaparece.

Solo cambia el camino para llegar al mismo final.

Akira sintió que la conversación se escapaba completamente de su comprensión.

—¡Alguien explíqueme qué está ocurriendo!

El hombre se dirigió finalmente toda su atención hacia él.

Y entonces sucedió algo inesperado.

Se quitó lentamente el sombrero.

Su cabello era blanco como la nieve.

No por la edad.

Sino por naturaleza.

Su rostro apareció poco más de treinta años.

Sin embargo, había algo antiguo en su mirada.

Demasiado antiguo.

Como si hubiera visto nacer y morir civilizaciones enteras.

—Mi nombre...

Hizo una breve pausa.

—Es Ren.

El nombre no significaba nada para Akira.

Pero para el Guardián sí.

Sus ojos se entrecerraron.

—Jamás pensé que volvería a intervenir.

Ren sonrió con melancolía.

—Yo tampoco.

Pero el equilibrio se volvió vertiginoso.

Y cuando eso ocurre...

Mi debe ser aparecer.

Hana dio un paso adelante.

—¿Tú conocías a mi padre?

Ren la vigilada durante varios segundos.

Su expresión se suavizó.

-Si.

Haruto era un buen hombre.

Hasta aquella noche.

Hana sintió que el corazón le dolía.

—Entonces viste lo que ocurrió?

Ren bajó la mirada.

—Lo vi todo.

Akira avanzó inmediatamente.

—Entonces dime la verdad.

¿Mi muerte...?

Ren negó.

-No.

La pregunta correcta es otra.

Akira frunció el fruncido.

Ren lo miró fijamente.

—Pregunta por qué Hana debía morir.

Aquellas palabras hicieron que el mundo pareciera detenerse.

Ni siquiera la lluvia parecía escucharse ya.

Akira tragó saliva.

—¿Debía... morir?

Ren lentamente.

-Si.

Y ese fue el primer error del destino.

Hana dio un paso atrás.

—¿Qué significa eso?

Ren cerró los ojos unos segundos.

Como si estuviera grabando algo muy lejano.

—Hace mucho tiempo...

Muchísimo antes de que ustedes nacieran...

Dos almas hicieron un juramento.

Un juramento tan poderoso que incluso el tiempo quedó atado a él.

El Guardián cerró los puños.

—Ren...

Basta.

Pero Ren continuó.

—Prometieron encontrarse una y otra vez.

Sin importar la época.

Sin importar la muerte.

Sin importar el mundo.

Akira sintió un nuevo dolor en la cabeza.

Imágenes fugaces aparecieron.

Una ciudad antigua.

Un templo.

Un cerebro gigante cubierto de pétalos.

Él...

Y Hana.

Vestidos con ropa completamente diferentes.

—¿Quiénes éramos?

preguntó casi sin aliento.

Reníguese con tristeza.

—Eso...

Todavía debes recordarlo tú mismo.

Si te lo dijera ahora...

Perdería todo sentido.

De pronto, la casa entera comenzó a temblar.

Las paredes vibraron.

El piso cruzó.

Haruto, que permanecía inmóvil en el centro de la habitación, soltó un grito desgarrador.

Una sombra negra comenzó a salir de su cuerpo.

No era humor.

No era oscuridad.

Parecía una criatura viva.

Con cientos de manos formadas por sombras que intentaban aferrarse al alma del hombre.

Hana gritó.

-¡Papá!

Intentó correr hacia él.

Pero Kuro la sujetó.

-¡No!

Si esa cosa te toca...

Nunca podrás regresar.

Ren observó la escena con absoluta calma.

—Llegamos tarde.

El Guardián dio un paso al frente.

Por primera vez levantó ambas manos.

Todo el ambiente se ilumina con una intensa luz dorada.

El aire vibró.

Las sombras retrocedieron.

Akira sintió una presión inmensa sobre su pecho.

Era como si el propio mundo hubiera dejado de respirar.

Ren suspiró.

—Así que romperás las reglas...

El Guardián respondió sin apartar la vista de Haruto.

—Prefiero ser castigado...

Antes que permitir otra tragedia.

La luz aumentó hasta envolver toda la habitación.

Las sombras comenzaron a desprenderse lentamente del cuerpo de Haruto.

Una...

Dos...

Tres...

Cada una lanzaba un grito aterrador al desaparecer.

Hana lloraba sin poder hacer nada.

Akira apretó los puños.

Nunca había visto un poder semejante.

Pero entonces...

Entre todas aquellas sombras apareció una figura distinta.

Mucho más grande.

Mucho más oscura.

Y con dos enormes ojos rojos.

Sonrió.

Una sonrisa imposible.

Como si hubiera esperado exactamente ese momento.

Ren dejó de sonreír.

Kuro retrocedió un paso.

Incluso el Guardián abrió los ojos con sorpresa.

-No...

susurró.

La criatura habló con una voz tan profunda que hizo vibrar toda la casa.

—Al fin...

Después de quinientos años...

Volvemos a encontrarnos.

Y mientras todos observaban aterrados a aquella entidad, sus ojos no estaban puestos en el Guardián.

Ni en Kuro.

Ni en Hana.

Estaban fijos únicamente en Akira.

Como si lo conociera desde mucho antes de esta vida.

Muchísimo antes.

1
Ma Viviana Medina
el que?
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