Tras dieciséis años de conocerse Lyra y Damián el Alfa de la manada Amanecer, se habían comprometido tres años antes y sería en la próxima luna la ceremonia de marcación, Lyra por fin podría recibir su loba, pero jamás pensó que tres días antes de la fecha encontraría su peor pesadilla, su prometido y su hermana se apareaban entre las sabanas del dormitorio que sería suyo. El dolor por el hecho, la traición de su prometido y su propia hermana, no imaginaba que sería su condena, al quejarse con su padre, esperando su apoyo, sin embargo lo que logró fue una bofetada llena de odio, pero lo que más le dolía era que su prometido, su padre y su hermana proclamaron la ceremonia para la marca porque El Alfa Damián proclamó a Kiara su hermana como su luna, su padre ya no disimuló el desprecio por ella, la noche antes de la luna su padre la exilio y para su sorpresa Damián lo apoyó.
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Celo
Sus besos eran el pecado al que siempre caería. Sus manos una prisión tan ardiente qué ella misma la buscaba y era tan magnífica esa forma de llevarla al mismo infierno con solo su cercanía, sin medir consecuencias ni importarle nada con tal de conseguirlo.
La ceremonia de unión no sería enseguida, eso lo tenía claro. Pero con saber qué era suya con un lazo del tamaño suficiente para no darle forma de escapar bastaba por el momento con nada más que su anillo en su dedo y en la cama de su dormitorio.
No se cansaba de eso. La tenía era suya y con el deseo de adueñarse de cada uno de sus gemidos, no disminuyó.
La puso de medio lado sobre la cama, atrapando una de sus piernas que dobló en su estómago y se adentró completamente de esa manera, logrando la tensión que tanto limpiaba a Lyra. Resistía tan bien cada embate que siempre quería más. Verla luchando por contener el aliento era algo que no se cansaba y poner a prueba.
La inocencia que era ella también lo descolocaba, y que ahora se veía opacada por la perversión qué la envolvía, pues con cada estocada, amasaba sus senos, echando la cabeza hacia atrás, escuchando las frases llenas de morbosidad que el Alfha decía.
Odiaba las vulgaridades, pero en él, tenían un sabor distinto. Sobre todo porque las decía en el momento justo en que ella llegaba al clímax, deslizándose fuera de su €ño y dándole imágenes que también podía sentir.
El atropello contra su entrepierna dolía tan satisfactoriamente que rogaba por más. Pues sentir como abandonaba su interior era un suplicio que rogaba volver a sentir.
Verla retorciéndose con sus paredes ahogando su prominente polla lo tentaba a permanecer ahí toda la vida. Su rostro tenía rasgos tan hermosos, que verla en verdad causaba que no quisiera dejar de verla, tenía un magnetismo intenso que usaba a su favor al momento de pedir que la besara, cuándo el Alfha en ese momento también reaccionaba a los ruegos por qué la penetrara nuevamente.
Con esa longitud siempre corría el riesgo de que la lesionara al empujar tan fuerte, pero el dolor era reemplazado por las descargas de placer que la dejaban rendida en los brazos del hombre subía sobre su cuerpo, capturando su boca para sumergir su lengua, a la vez que sus venas explotaban, bañándole las piernas al salir y entrar más profundo.
Sus cuerpos sudorosos y sus besos cargados de desespero no tenían intención de llegar al final.
Un músculo en su mandíbula se contrajo, revelando la tensión que ni siquiera se esforzaba en ocultar.
Lyra se acomodó y la tomó entre sus manos para ubicarla en el centro de su hendidura, dejándose caer lentamente hasta que cada pulgada desapareció al estar dentro suyo.
— ¿Eres mía? - Lyra movió la cabeza tomando la suya para acercarla a su boca e invadirla, no deseaba dejar de ver cómo se oscurecía su mirada al encajarse su polla sin que nadie pusiera resistencia.
No soltó su rostro, llenando su boca con su lengua, mientras Lyra se movía más salvaje.
— ¡Lobita! - ¿no te diste cuenta que estabas en celo? - por eso me resististe tan bien. Le atacó su boca nuevamente, sólo separándose de él para tomar aire y cabalgando al hombre que la llevaba hasta el infinito cada noche que se entregaba a él,
Lyra cayó rendida. Darius la había dejado exhausta, se levantó con ella de ese modo.
La llevó hasta la tina, lavándole cada parte con delicadeza, para después llevarla a la cama y acomodarla entre sus brazos. Así los venció el sueño.
EN LAS AFUERAS DE LA CIUDAD.
Víctor y Kiara decidieron abandonar Ciudad Luz de Plata, el humillante trato que recibieron, Víctor no lo borraba de su mente.
Kiara lo observaba en silencio con el ceño en su frente visiblemente enfadada.
— Porque salimos así, me agradaba la ciudad quería permanecer más tiempo ir de compras es más divertida que la nuestra.
— Un minuto más aquí, y mataría a esa maldita. - Kiara miró como temblaba su mandíbula al decirlo.
— ¿Padre qué es lo que escondes? - era obvio que temía a algo, lo veía. - ¿porque temes que Lyra haya despertado su loba? - lo observó con un gesto.
— Sus padres fueron una vez grandes entre los mejores.
— ¿Entonces es verdad? - ¿Lyra no es tu hija?
Víctor aceptó moviendo la cabeza.
— Fue hija de mi hermano gemelo. - reconoció, es mi sobrina, mi hermano tenía todos los privilegios que yo siempre deseaba, - apuño las manos recordando, todos los reyes, los príncipes, nobles y grandes ejércitos lo veneraban, triunfaban en los enfrentamientos junto con Zafiro madre de Lyra.
— Fue entonces que uno de los rebeldes que escondimos entre sus guerreros nos dijo lo que pasaba.
— Zafiro no era una loba común, sino heredera de la madre Luna. - declaró, tenía un gran poder que destruía ejércitos completos.
— Pero no alcanzamos a descubrir cuales eran pues descubrieron nuestro espía, y antes de que pudiera decir quién lo mandaba lo asesinamos para que no nos descubriera.
— Hice desaparecer a mi hermano cuando salió buscando una casa. - declaró con toda intención que lo había mandado asesinar.
Entonces me apropié de todo lo que le pertenecía incluyendo a Zafiro que mantenía doblegada, y amenazada con el mismo veneno que detuvimos la loba de Lyra con dosis pequeñas, y con amenazas de hacerle daño a su hija.
— Cuándo ya las dosis no le afectaban tuve que deshacerme también de ella con acónito.
— Entonces alguien tuvo que informar a Lyra que no eres su padre. - mencionó Kiara.
— ¡Esos malditos ancianos!
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Quisiera los poderes de Lyra asi me desago de algunas alimañas 🤣 también.