Camila Fernández se despertó en la cama de un hotel con un hombre que intentaba matarla, acusándola de haberle tendido una trampa. Pero la realidad era peor de lo ella esperaba.
Su propio hermano había organizado todo con la intención de sacarle dinero a Mateo Vázquez, el hombre con quien paso la noche y cuando obtuvo lo que quería, desapareció.
Dos meses después Camila estaba sola con su abuela, sus padres se habían quitado la vida al irse a la ruina, su hermano estaba desaparecido y ahora ella, estaba embarazada de Mateo.
Cuando su hermano Nicolás regresa y descubre el embarazo, corre con la familia Vázquez para sacar provecho y ahora, Camila está atrapada en un matrimonio con un hombre que la desprecia.
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Capítulo 10
Al día siguiente amaneció con un cielo limpio y brillante. La tormenta de la noche anterior había dejado todo fresco y el sol ya calentaba temprano. Mateo llenó el tanque en la estación más cercana y volvimos a la Finca Vázquez en Pilar sin decirnos casi nada durante todo el trayecto.
La abuela Mariana estaba sentada en el jardín, tomando sol en una reposera de mimbre. Apenas escuchó el motor, se levantó con una sonrisa amplia y vino a nuestro encuentro.
---Camila\, hija\, ¿cómo volvieron tan temprano? ¿No te llevó Mateo a pasear un rato más?
Sentí que me ardían las orejas. En realidad tenía miedo de que me bajara del auto en medio de la ruta, pero contesté lo más natural posible.
---Anoche llovió demasiado fuerte. No era momento para andar por ahí.
Mateo ni siquiera se detuvo. Pasó a nuestro lado murmurando:
---Voy a cambiarme.
La abuela me tomó del brazo y me llevó hasta un banco bajo el sol.
---Vení\, sentate un rato conmigo. Ahora que estás embarazada tenés que tomar sol todos los días\, para que el bebé tenga calcio y crezca fuerte.
Me senté. Ella me miró con cariño.
---No te hagas mala sangre por la cara de Mateo. Él es así con todo el mundo\, desde chico. No es solo con vos.
---¿Tenía tendencia al autismo o algo parecido? ---pregunté sin pensar.
La abuela se rio con ganas.
---¡Qué autismo ni autismo! Cuando era chico vio en una serie que los varones tenían que ser fríos y misteriosos para gustarles a las chicas. Desde entonces se puso esa cara de estatua.
Me quedé sin palabras. La imagen del implacable Mateo Vázquez se desmoronó un poco en mi cabeza.
---De todos modos\, podés estar tranquila ---siguió ella---. Mi nieto nunca anduvo con mujeres por ahí. En el tema del corazón es una hoja en blanco. Eso te lo garantizo yo.
---Pero... ¿no tenía pensado casarse con otra? ---pregunté bajito. Recordaba la discusión con el abuelo.
La abuela suspiró.
---Ay\, hija\, eso tiene su historia. No quiero que pienses mal...
---No hace falta que me explique nada\, abuela. Solo pregunté por preguntar.
---No\, no. Ahora que ya están casados\, tenés derecho a saber. Además\, no quiero que mi nieto quede como un sinvergüenza de dos mujeres.
Me quedé callada. La abuela continuó:
---Cuando Mateo era chico\, una vez salió solo y se metió en un lío. Una nena lo salvó. La familia\, para agradecer\, la reconoció como ahijada. Con el tiempo esa chica creció y se encaprichó con Mateo. Le dijo que se casara con ella como pago por haberle salvado la vida. Mi nieto\, que es más terco que una mula\, le dio su palabra. Pero la verdad es que los dos siempre estuvieron muy ocupados. Nunca tuvieron tiempo de noviazgo ni nada parecido. Entre ellos no pasó nada.
Entendí todo. Era un compromiso por gratitud, pero también por decisión de los dos. Y si habían crecido juntos, seguramente el lazo era fuerte. Por eso Mateo había discutido tan fuerte con el abuelo.
En el living, Sofía y su madre, Doña Lucía, estaban sentadas en el sofá mirando televisión y comiendo papas fritas. Sofía no dejaba de mirar hacia el jardín, donde la abuela y yo conversábamos. Cada vez que la abuela se reía, Sofía apretaba más la boca.
---Mamá\, ¿qué le estará diciendo esa mujer a la abuela para que se ría tanto?
---Comé y callate ---contestó Doña Lucía sin levantar la vista.
---¿No te molesta que una extraña te esté robando el lugar de tu hija favorita?
---Vos misma dijiste que es una extraña. Entonces\, ¿qué te quejás?
Sofía se acercó más a su madre.
---Es que no soporto esa cara de mosquita muerta\, siempre tratando de caerle bien a la abuela.
---Basta. Esa chica tiene un hijo Vázquez en la panza. No la vas a provocar por cualquier cosa.
Sofía se tragó el enojo, pero por dentro ya estaba pensando cómo hacerle la vida difícil.
Esa noche la cena fue solo para la abuela y para mí. Don Julián tenía problemas de digestión y casi no cenaba. Doña Lucía había salido a jugar a las cartas con amigas y Sofía estaba a dieta. Aun así, la mesa estaba llena de platos: sopa de verduras, pescado al horno, ensaladas frescas, frutas y postres especiales para embarazadas. La abuela había contratado a una nutricionista solo para mí.
Comí lo que pude, pero últimamente tenía el estómago revuelto y las náuseas seguían apareciendo de repente.
Después de cenar nos sentamos en el living a ver televisión. Al rato, unas luces de auto barrieron la entrada.
---Debe ser Mateo ---dijo la abuela\, mirando hacia afuera.
Yo también reconocí el sonido del motor. No tenía ganas de cruzármelo.
---Abuela\, estoy cansada. Me voy a subir a descansar.
---Andá\, hija.
Subí las escaleras rápido, pero al llegar al pasillo vi a la señora Marta saliendo de mi antigua habitación con una pila de mi ropa.
---¿Señora Marta? ¿Adónde lleva mis cosas?
---La señora abuela dijo que como ya están casados\, tienen que dormir en la misma habitación. Mandó que trasladáramos todo al dormitorio principal.
Me quedé helada.
---¿Cómo? ¿Tengo que dormir con Mateo?
---Claro\, son marido y mujer.
No podía explicarle que todo era un acuerdo de papel. Tenía que hablar con la abuela antes de que Mateo se enterara.
Bajé corriendo.
---Abuela...
---Camila\, ¿volviste a bajar? ¿No te gusta cómo arreglamos el cuarto para ustedes?
La abuela me miró ilusionada. Justo en ese momento se abrió la puerta principal y entró Mateo.
Nuestras miradas se cruzaron un segundo. Él apartó la vista enseguida, frío como siempre.
---Si hay algo que no te gusta\, decímelo y lo cambiamos ---insistió la abuela.
Mateo frunció el ceño.
---¿Otra vez estás armando lío?
---¡Cómo le hablás así a tu mujer! ---lo reprendió la abuela---. Vení\, subamos a ver el dormitorio que preparé.
La abuela empezó a subir las escaleras sin esperar respuesta.
Mateo me agarró fuerte de la muñeca.
---¿Te estás pasando de la raya? Ya te casaste conmigo\, ¿ahora también querés el dormitorio de matrimonio?
---Yo no pedí nada de esto. Fue idea de la abuela.
---¿Y vos no le dijiste nada? ¿La abuela se puso a armar todo esto sola?
---Creé lo que quieras. Pero si lográs convencerla de que me deje dormir en otro cuarto\, te lo agradecería.
Me soltó con un gesto de fastidio y subió.
Cuando llegué al dormitorio principal, Mateo ya estaba discutiendo con la abuela.
---Abuela\, vos sabés perfectamente que entre ella y yo solo hay un hijo. No hace falta que armes todo este circo.
---Boludo\, la chica es joven y te está dando un hijo. ¿Qué te cuesta tratarla bien?
---¿Que ella me está dando un hijo? ¡Me tendió una trampa!
---Un hombre grande como vos\, dejándose engañar por una muchacha. Vergüenza debería darte.
Entré al cuarto.
---Abuela...
---Camila\, mirá qué lindo quedó todo. ¿Te gusta?
Miré alrededor. La habitación estaba preciosa: flores frescas, velas aromáticas, sábanas nuevas. Pero no tenía cabeza para apreciarlo.
---Abuela\, la verdad es que estoy acostumbrada a dormir sola. Además\, últimamente duermo mal\, me muevo mucho. Mateo trabaja tanto... no quiero molestarlo.
---Él duerme como un tronco. Podrías ponerle un altavoz al lado de la oreja y ni se enteraría.
Mateo me miró como diciendo "¿yo soy el nieto o no?".
---Pero es que... él ronca\, rechina los dientes\, habla dormido y a veces camina dormido. Me da miedo.
La abuela abrió grandes los ojos.
---¿Y vos cómo sabés todo eso si no durmieron juntos?
Me quedé muda. Sentí que la cara me ardía.
Mateo apretó la mandíbula hasta que se le marcó el músculo.
Camila, buscá una salida rápida.
---Abuela\, piense también en la salud de su nieto. Mateo está en la edad de tener... ciertas necesidades. Si lo obliga a dormir todas las noches al lado de una mujer\, lo está torturando.
La abuela parpadeó.
---¿Querés decir que...?
---Sí ---seguí\, ya sin filtro---. Dicen que si un hombre se contiene demasiado\, puede tener problemas. Usted que lo quiere tanto\, no va a querer que le pase nada\, ¿verdad?
La abuela me miró un rato largo y después sonrió con picardía.
---Ah\, entonces lo que te preocupa es que mi nieto se quede con las ganas.
---No... no exactamente...
---Entiendo\, entiendo. Pero tranquilizate\, nuestro Mateo tiene mucho autocontrol. ¿No es cierto\, hijo?
Mateo estaba rojo de furia.
---¿Qué carajo estás diciendo\, mujer? ---me gruñó por lo bajo.
Yo solo quería que la tierra me tragara. Había intentado decir que sin una mujer cerca no tendría pensamientos raros, pero todo había salido al revés.
La abuela dio unas palmaditas en la cama.
---Listo\, asunto arreglado. Duerman juntos. Y no se preocupen tanto.
Mateo y yo nos quedamos mirando el enorme dormitorio matrimonial sin poder creerlo. La negociación había sido un fracaso total.
Esa noche, después de ducharme, tomé una manta y me fui directamente al sofá que estaba junto a la ventana. No pensaba dormir en la misma cama que él.