Ella se casa por contrato con un empresario frío (CEO). Él la ignora, la traiciona y la desprecia.
Un día, decide irse sin decir una sola palabra.
Cuando él descubre que ella era la mente detrás de todo lo que hacía crecer la empresa… ya es demasiado tarde.
Su regreso será rápido, triunfal y absolutamente satisfactorio.
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Capítulo 3
Llegó el gran día.
El día que, teóricamente, cambiaría la vida de Lívia para siempre.
El casamiento.
Desde temprano, la mansión Albuquerque estaba en movimiento. Profesionales entrando y saliendo, voces apresuradas, perfumes caros en el aire. Todo seguía exactamente como planeado, sin espacio para errores. Lívia observaba todo en silencio. Con el tiempo, se había acostumbrado a aquella vida dentro de la mansión, a las reglas, a las miradas frías y a la sensación constante de no pertenecer. Pero ahora una pregunta martillaba en su mente: ¿cómo sería su vida de ahora en adelante? Si allí ella ya era invisible, ¿qué la esperaba como esposa?
Ella se perdió en esos pensamientos hasta ser arrancada de su propia mente.
—¡Lívia! ¿Aún no estás lista? ¡Vas a llegar tarde! — gritó Camila, desde el corredor, impaciente.
El tono autoritario hizo que Lívia respirara hondo y volviera a la realidad.
No había más tiempo para pensar.
Era la hora de la verdad.
Vestida de blanco, finalmente del modo en que había luchado para ser, Lívia se miró en el espejo. Cualquier otra mujer estaría emocionada, sonriendo, viviendo un sueño. Ella, sin embargo, sentía solo un vacío extraño en el pecho, como si todo aquello estuviera sucediendo con otra persona.
En la puerta de la iglesia, Lívia se detuvo.
Su brazo estaba entrelazado al de Augusto, el hombre que siempre llamó padre. Para muchas mujeres, aquel momento sería inolvidable, cargado de amor y orgullo. Para Lívia, era apenas un papel más a ser interpretado.
El sonido de la música comenzó.
Las puertas se abrieron lentamente.
Lívia dio el primer paso con el corazón oprimido. Cada paso parecía pesado, como si se estuviera alejando de sí misma. Ella miró al frente y vio a Henrique, serio, impecable, sin emoción en la mirada. Ninguna sonrisa, ninguna señal de nerviosismo o alegría.
En aquel instante, Lívia entendió.
Ella no estaba caminando en dirección al amor.
Estaba caminando hacia un destino decidido por otros.
Aún así, siguió adelante.
Porque, incluso vacía, algo dentro de ella susurraba que aquel no era el fin.
Tal vez fuese apenas el comienzo del mayor cambio de su vida.
Del otro lado del altar, Henrique Montenegro observaba a Lívia acercarse lentamente. Su rostro permanecía serio, casi frío. Por dentro, sin embargo, sus pensamientos eran duros, crueles.
Qué mujer sin expresión…
Este casamiento es solo interés.
Ella va a sufrir. Vamos a ver hasta cuándo va a aguantar.
Para él, aquel no era un día de amor. Era un acuerdo. Una jugada estratégica para fortalecer negocios y alianzas. Nada más. Henrique jamás pensó en sentimientos cuando aceptó aquel casamiento, y no pretendía comenzar ahora.
Sus pensamientos vagaron hacia la noche anterior.
Se despertó aquella mañana con un fuerte dolor de cabeza y un gusto amargo en la boca. La resaca era resultado de la despedida de soltero, organizada por su mejor amigo, Marlon Freitas — heredero de una de las marcas de cosméticos más codiciadas del país. Bebida, risas, mujeres y provocaciones sobre la vida de casado que lo aguardaba.
— Aprovecha mientras puedes — Marlon había dicho, riendo. — Después de esto, es solo apariencia y obligaciones.
Henrique pasó la mano por el rostro, aún sentado en la cama, cuando la puerta del cuarto se abrió.
Su padre entró, elegante como siempre, trayendo la realidad de vuelta de forma directa.
— Vamos, Henrique — dijo él, firme. — Hoy es el gran día. El día en que te vuelves hombre de verdad. Responsable, respetado… casado.
Henrique respiró hondo.
Ahora, de frente a Lívia, él entendió que no había más vuelta atrás. La música cesó. Las miradas se volvieron hacia ellos. La ceremonia continuaría, costase lo que costase.
Mientras Lívia sentía el corazón vacío, Henrique mantenía la mirada fría.
Dos desconocidos unidos por interés.
Dos destinos a punto de colisionar.
Y ninguno de los dos imaginaba…
que aquel casamiento cambiaría todo de formas que jamás podrían controlar.