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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

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Capítulo 09

El Fuego Negro era el antiguo pacto de las brujas primordiales y los señores de los dragones, un ritual arcaico que permitía a un noble romper cualquier lazo feudal a cambio de enfrentarse al juicio del abismo: la invocación directa de su propia magia de sangre para reclamar la soberanía absoluta de su feudo. Si el reclamante fracasaba, su alma era devorada por las sombras; pero si triunfaba, quedaba fuera de la jurisdicción de la corona imperial para siempre.

—¡Está loca! —gritó mi padre, con el sudor chorreándole por la frente—. ¡No tiene magia! ¡Nunca ha podido encender una mísera vela con energía arcana! ¡Va a destruir a nuestra familia entera!

—¿Seguro que no tengo magia, padre? —susurré.

Cerré los ojos por una fracción de segundo y busqué en lo más profundo de mi ser. Allí, en las cavernas subterráneas de mi alma donde durante dieciocho años me habían obligado a enterrar mi verdadero poder por miedo a ser quemada viva, encontré la llama. Era una llamarada violenta, púrpura y negra, que aullaba como una fiera hambrienta al ser liberada tras una eternidad de encierro.

La marca de nacimiento en mi muñeca izquierda estalló en un fulgor enceguecedor.

Un viento huracanado y gélido, cargado con el olor a azufre y nieve derretida, se levantó de la nada en el centro del salón cerrado. Las antorchas imperiales se extinguieron al unísono con un soplido sordo. Los candelabros de cristal comenzaron a oscilar violentamente en las alturas, amenazando con desprenderse de las bóvedas.

De las palmas de mis manos brotaron lenguas de fuego oscuro, danzando con un ritmo sobrenatural alrededor de mis antebrazos sin quemar la tela de mi vestido. El suelo de mármol bajo mis pies comenzó a resquebrajarse en una telaraña de grietas humeantes de las que emanaba una niebla escarchada.

La nobleza entera gritaba de pánico, empujándose unos a otros en una desbandada caótica hacia las salidas laterales. Los guardias imperiales cayeron de rodillas, incapaces de sostener sus armas ante la descomunal presión mágica que llenaba la sala como el peso de una montaña cayendo sobre sus pechos.

Aedric cayó de espaldas sobre las escalinatas, arrastrándose hacia arriba con el terror más puro y descarnado pintado en cada rasgo de su rostro. Me miraba como si estuviera viendo al mismísimo demonio surgir de las grietas del infierno para reclamar su alma podrida.

—¡Un monstruo...! —gimió el príncipe, con la voz rota—. ¡Siempre fuiste un monstruo...!

—No, Aedric —le respondí, elevando mi voz por encima del rugido de los vientos mágicos que hacían temblar las paredes del palacio—. Fui un ángel que te amó con devoción ciega... y tú te encargaste de arrancarme las alas una por una en la oscuridad. Ahora contempla lo que creaste con tu veneno: la villana que va a ver arder tu falso imperio hasta los cimientos.

En ese instante de clímax absoluto, cuando parecía que el palacio entero colapsaría bajo el despertar de mi poder ancestral, un sonido aún más aterrador retumbó desde el exterior de la capital:

Un rugido.

No era el rugido de una fiera terrenal. Era el aullido colosal, gutural y telúrico de un dragón milenario despertando en las profundidades de la tierra, respondiendo con un estruendo de guerra a la llamada de la sangre Fiargod. El palacio se sacudió violentamente; el polvo cayó en cascadas desde los techos góticos y el gran vitral del emperador fundador en la fachada oeste se quebró en miles de pedazos de vidrio de colores.

Y entonces, las puertas del salón del trono se abrieron de par en par con un estruendo metálico.

En el umbral, recortado contra la noche iluminada por la luna carmesí, no estaba la guardia imperial ni los inquisidores de la iglesia.

Estaba Aleixandre Bondhe.

Vestía su armadura negra de combate, su capa de lobo ondeando como alas de cuervo a su espalda, y en su mano derecha sostenía la cabeza decapitada de la bestia de las sombras que los espías de Aedric habían intentado liberar en las afueras de la ciudad para provocar un falso atentado. Arrojó el despojo sanguinolento al centro de la alfombra con una indiferencia brutal, manchando la seda con un charco de brea oscura.

Sus ojos carmesí barrieron el caos del salón, contemplando las llamas oscuras que rodeaban mi figura y la cobardía del príncipe arrastrándose a los pies del trono imperial.

Una sonrisa salvaje, fascinante y desprovista de piedad se dibujó en los labios del archiduque del norte.

—Parece que he llegado justo a tiempo para la fiesta de compromiso —dijo Aleixandre, y su voz profunda cortó el tumulto como una espada desenvainada—. Una lástima que el prometido sea tan patético como para mearse en los pantalones frente a su propia dama.

Avanzó hacia mí a través de las baldosas agrietadas con pasos lentos y seguros. Las llamas negras que brotaban de mi cuerpo no retrocedieron ante él; al contrario, se entrelazaron con el aura de escarcha y humo que emanaba de su armadura, creando una danza de poder elemental que hizo gemir los propios cimientos del palacio.

Se detuvo frente a mí, a un palmo de distancia. No había un solo rastro de miedo en sus facciones afiladas; solo un deleite oscuro, una devoción depredadora que me reconoció como a una igual.

—Reclamaste el juicio del Fuego Negro, Lady Eleanor —susurró él, bajando la cabeza para que solo yo pudiera sentir el calor de su aliento contra mi mejilla—. Pero olvidaste una regla ancestral de las tierras del norte.

Lo miré fijamente, con el corazón martilleando contra mis costillas con una fuerza salvaje. —¿Cuál regla, mi señor archiduque?

Aleixandre extendió su mano enguantada en cuero negro y plata, no para amenazarme ni para controlarme, sino ofreciéndomela con la solemnidad de un soberano que entrega las riendas de su propia tormenta.

—Que una reina de las cenizas no gobierna sola en el abismo —respondió, y sus ojos dorados brillaron con una promesa de sangre y destrucción que selló nuestro destino para siempre—. Si vas a quemar este imperio podrido, hazlo a mi lado. Ven conmigo a la fortaleza de las Fauces del Dragón, Eleanor. Deja que estos gusanos intenten venir a buscarte... y les enseñaremos juntos cómo arde el verdadero infierno.

Miré a Aedric, que nos observaba desde el estrado con el rostro descompuesto por una mezcla de odio impotente y pavor absoluto. Miré a mi padre, arrodillado en el suelo lamentando su propia ruina. Miré a la corte entera temblando ante dos monstruos que acababan de encontrarse en medio de su nido de hipocresía.

Sonreí. Una sonrisa radiante, hermosa y letal.

Puse mi mano derecha sobre la palma de Aleixandre Bondhe.

En el momento en que nuestras pieles hicieron contacto, una explosión de luz carmesí y negra envolvió el gran salón, sellando el primer pacto prohibido de una nueva era.

Al diablo con mi prometido. La corona ya no le pertenecía a los hombres débiles. La venganza acababa de vestirse de emperatriz.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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