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La Mirada Del Destino

La Mirada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Una mirada puede cambiarlo todo; la de él es un enigma indescifrable. Ella tiene apenas veinte años, una vida por delante y unos ojos azules llenos de inocencia. Él, diez años mayor, lleva marcada en el rostro la severidad de un pasado intransigente y en sus ojos oscuros una frialdad capaz de intimidar a cualquiera. Sus caminos no debían cruzarse, pero el destino no pide permiso. Entre el misterio de un secreto silenciado y la tensión innegable que surge cada vez que sus miradas se encuentran, ambos se verán arrastrados a un juego donde las barreras de la razón colapsan. Él intentará mantener la distancia para protegerla de sus propios demonios, pero la determinación de ella romperá cada una de sus defensas. ¿Es posible encontrar el amor en la mirada más fría? Una apasionante historia de tensión, secretos inconfesables y una atracción inevitable que te mantendrá en suspenso desde el principio.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Coincidencias del destino

En la suite del hotel, el sonido del teléfono de la sala cesó de golpe. Miranda guardó el aparato en el bolsillo de su delantal, dio media vuelta para regresar al cuarto con los juguetes de Ethan y se detuvo en seco. La puerta de la entrada estaba entreabierta. Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Ethan? —llamó, avanzando a pasos acelerados hacia el pasillo—. ¡Ethan, mi amor!

El silencio de las habitaciones vacías fue la única respuesta. La puerta de la suite daba directamente al vestíbulo principal de ascensores. Desesperada, Miranda corrió por los pasillos, preguntó a los empleados del piso y bajó a la recepción, pero nadie había visto salir al pequeño de la mochila de cohetes.

En ese preciso instante, la puerta automática del hotel se abrió e Isabela cruzó el vestíbulo con una carpeta de contratos de alquiler bajo el brazo. Al ver el rostro desencajado y pálido de Miranda, el corazón de Isabela dio un vuelco brusco, dejándola sin aliento.

—¡Isabela! —exclamó Miranda con la voz entrecortada y los ojos anegados en lágrimas—. Fue solo un segundo... atendí una llamada de la recepción y cuando volví... la puerta estaba abierta. ¡Ethan no está!

El mundo pareció detenerse para Isabela. Las carpetas cayeron al suelo con un golpe sordo. El pánico, sordo y violento, le oprimió la garganta mientras la imagen de la ciudad en la que vivía Renzo Rossi cruzaba su mente como una amenaza latente.

—¡Búscalo en las cámaras con el personal de seguridad! —ordenó Isabela, tratando de mantener el control sobre el torbellino de angustia que la dominaba—. ¡Yo saldré a la plaza comercial ahora mismo!

Sin pensarlo un segundo, Isabela echó a correr hacia la calle. El sol caía con fuerza sobre el amplio bulevar peatonal que conectaba las torres corporativas con el centro comercial contiguo. La desesperación la empujaba entre la multitud, mirando a cada niño que pasaba, llamando a Ethan con la voz quebrada por el miedo. Miranda la alcanzó a los pocos minutos, corriendo a su lado mientras la angustia consumía a ambas.

Al llegar a la entrada principal del centro comercial, un oficial de seguridad las abordó tras notar el estado de agitación de las dos mujeres.

—Señoritas, por favor, cálmense. ¿Buscan a un niño pequeño de unos cinco años con una mochila azul? —preguntó el guardia.

—¡Sí! ¡Es mi hijo! —exclamó Isabela, sujetando al oficial por la manga con las manos temblorosas—. ¡¿Sabe dónde está?!

—Tranquila, señora —sonrió el guardia con tono reconfortante—. El niño está perfectamente. Tropeso en el bulevar con una dama muy elegante. Ella lo llevó a la heladería del primer nivel para comprarle un helado mientras nosotros voceábamos a la familia. Vengan conmigo, las llevaré allá.

Un respiro de aliento desgarrador escapó del pecho de Isabela. Sosteniéndose del brazo de Miranda, aceleró el paso siguiendo al guardia por los pasillos pulcramente iluminados hasta el local de cristal en la plaza central.

Allí, sentados en una mesa pequeña de madera, estaban Ethan y su acompañante. El niño reía alegremente con la boca manchada de helado de mantecado, agitando su dinosaurio de plástico en el aire mientras la mujer madura lo escuchaba con una fascinación y un afecto evidentes, limpiándole la mejilla con una servilleta de papel.

—¡Ethan! —gritó Isabela, corriendo los últimos metros con el llanto retenido en la garganta.

—¡Mami! —exclamó el pequeño, bajándose de la silla de un brinco para correr hacia los brazos de su madre.

Isabela se hincó en el piso de mármol, envolviendo a su hijo en un abrazo desesperado, besándole la cabeza, la cara y los brazos mientras las lágrimas rodaban sin freno por sus mejillas. Miranda cayó de rodillas a su lado, suspirando de alivio mientras acariciaba la espalda del niño.

—¡Perdóname, mami! —susurró Ethan, abrazándola con fuerza por el cuello—. Es que salí a buscar a mi papá, pero la señora me ayudó y me compró un helado.

Poco a poco, la tormenta de angustia comenzó a ceder. Isabela alzó la vista desde el suelo para agradecer a la persona que había protegido a su hijo en medio de la calle, encontrándose de frente con la mujer que se ponía de pie al otro lado de la mesa.

La sorpresa dejó a ambas inmóviles.

Catalina Rossi observaba la escena con los ojos abiertos de par en par. Al reconocer el rostro de la joven, un choque de asombro recorrió todo su ser. ¡Era la misma mujer brillante, educada y hermosa que el día anterior la había salvado de una caída en la Torre Rossi!

Isabela, por su parte, contuvo la respiración. La dama elegante frente a ella era la misma persona a la que había ayudado en el vestíbulo ejecutivo, la mujer de modales refinados que le había dedicado palabras tan amables antes de su reunión con el presidente de la firma.

Ninguna de las dos sospechaba el nombre ni el linaje de la otra. Para Isabela, ella era simplemente una señora distinguida y generosa. Para Catalina, Isabela era la ejecutiva amable del vestíbulo, ahora revelada como la dedicada madre del pequeño tan vivaz que la había cautivado minutos atrás.

—¿Usted...? —murmuró Isabela, poniéndose de pie con delicadeza sin soltar la mano de Ethan—. ¿Usted fue quien cuidó de mi hijo?

Catalina sonrió con una calidez genuina que iluminó sus rasgos refinados, acercándose un par de pasos hacia ellas.

—Qué coincidencia tan maravillosa tiene la vida —dijo Catalina con voz suave y emotiva—. Ayer me tendiste la mano para evitar que me lastimara, y hoy el destino me dio la oportunidad de cuidar de este pequeño ángel mientras te encontraba.

Isabela sintió una profunda oleada de gratitud que borró por completo el rastro del pánico anterior. Tomó las manos de Catalina con auténtico respeto.

—No tengo palabras para agradecerle lo que hizo por mi hijo —expresó Isabela con la voz emocionada—. Me devolvió la vida al mantenerlo a salvo. Gracias de todo corazón.

—No hay nada que agradecer, querida —respondió Catalina, acariciando con extrema dulzura el cabello negro de Ethan—. Tu hijo es un niño maravilloso, educado y lleno de luz. Tienes una familia hermosa.

Ethan miraba a ambas mujeres con los ojos azules desbordando inocencia, feliz de haber comido helado y de ver a su madre tranquila.

—Señora, por favor, déjeme invitarle un café o pagarle... —comenzó Isabela, pero Catalina negó suavemente con la cabeza.

—De ninguna manera —la interrumpió Catalina con amabilidad—. Saber que este pequeño volvió a los brazos de una madre tan amorosa es el mejor regalo que podía recibir hoy. Solo asegúrate de cuidarlo mucho.

Catalina se agachó a la altura del niño, acariciándole la mejilla con un afecto que le brotaba de manera espontánea.

—Fue un placer conocerte, pequeño Ethan —dijo Catalina en un susurro dulce.

—¡Gracias por el helado, señora bonita! —respondió el niño con una sonrisa radiante.

Catalina se incorporó, le dedicó una última mirada cargada de empatía a Isabela y se retiró a pasos lentos por el pasillo del centro comercial. Ambas mujeres se despidieron con la firme convicción de haber cruzado caminos con un alma noble, ignorando por completo que el hilo invisible de la sangre ya las había unido para siempre bajo el apellido Rossi.

1
Kim Nava
😩 necesito una boda de ellos 🤭
Kim Nava
ojalá y no se quede callado y le diga a Renzo en el peligro que está Isabela
esas dos solo les importa el dinero😡
Telcel Cruzad
yo creo que si ,va a,ser su papá
Mariadelosangeles Londoño
🤣🤣🤣🤣
Mariadelosangeles Londoño
esta super la siguiente parte por favor
Alexandra Ortiz Posada
Renzo se portó a la altura, es un guerrero defendiendo su familia 🥰
Kim Nava
no falta más
malo que sabiendo la verdad todavía quisieras hacerle daño
Kim Nava
sabía es su hija
espero isabela o Renzo sospechen eso
Kim Nava
jajajajaj en sus caras
magnífico Renzo
pero sigan teniendo cuidado
Kim Nava
😲😲😲😲 no es lo que me estoy imaginando o si
Kim Nava
Elana va a dar más rápido con el Secreto de Isabela que Renzo es que este no piensa nada 🙄
Kim Nava
tenían que hacerlo lo más difícil
Kim Nava
ok pero espero después de este encuentro no oculte a su hijo Renzo no tuvo culpa pero ella tampoco los dos están pensando mal el uno al otro a ver que pasa no sea la típica historia
Kim Nava
ose que ella trabajando para el y no me digan que ni siquiera una foto vio de el por qué si es el famoso empresario por más las revistas saldria
Kim Nava
es enserio 6 años y no pudo dar con isabela
no estan poderoso entonces 🙄
y ahora este matrimonio y con una niña Rica de las que se encaprichan
Kim Nava
por que la cual el sabía también sus disque amigos lo llevaron ahi
Liliana Torres
No puede ser , la vida y su destino
Cliente anónimo
Hola espero con ansias l actualización de la historia es muy buena
keila arias
Magnífico Renzo
Maria Mongelos
Isabella se encontró con la abuela de Ethan
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