El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.
nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.
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abrazo de ambos
Darian permanecía frente a la habitación médica, mirando al pequeño Mateo a través de la ventana. Su rostro seguía serio y sus pensamientos no dejaban de regresar a lo ocurrido en aquel apartamento.
De pronto, escuchó unos pasos apresurados.
—¡Darian!
Antes de que pudiera girarse, Daniel se acercó y lo abrazó fuertemente por la cintura.
—¡Hermano! Por fin regresaste…
Darian abrió los ojos por la sorpresa y después bajó la mirada hacia él.
—Daniel…
—Estaba preocupado por ti —murmuró su hermano, apretando un poco más el abrazo—. ¿Por qué tardaron tanto? ¿Pasó algo?
Darian intentó sonreír.
—Estoy bien, pequeño. No tienes que preocuparte.
—No me digas pequeño…
Daniel levantó la cabeza y lo miró con el ceño ligeramente fruncido, pero enseguida notó que su hermano no parecía estar de buen humor.
Entonces se separó un poco para observarlo mejor.
—¿Qué ocurrió?
Antes de que Darian pudiera responder, Adrian se acercó también. Al verlos, se detuvo unos segundos y después abrazó a Darian por el otro lado.
—Me alegra que hayas regresado —susurró el rubio.
Darian se quedó inmóvil por un instante.
Luego rodeó a ambos con los brazos y les devolvió el abrazo, apoyando suavemente una mano sobre la espalda de Daniel y la otra sobre la de Adrian.
—Estoy aquí. No pasó nada… estoy bien —aseguró, intentando mantener la sonrisa.
Sin embargo, Adrian levantó la mirada y lo observó detenidamente.
—Darian, no tienes que fingir conmigo.
El soldado dejó de sonreír por un momento.
—¿Qué quieres decir?
—Que te conozco un poquito. Cuando estás preocupado, te quedas callado y dices que todo está bien, aunque no sea cierto.
Daniel asintió rápidamente.
—¡Exactamente! Siempre haces eso. Crees que porque eres el hermano mayor tienes que guardarte todo.
Darian soltó una pequeña risa, aunque sus ojos continuaban reflejando tristeza.
—Ustedes dos son demasiado observadores.
—Y tú eres demasiado terco —respondió Daniel.
Adrian apoyó suavemente la cabeza contra el pecho de Darian.
—No tienes que contarnos nada si todavía no quieres. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.
Aquellas palabras hicieron que Darian sintiera un nudo en la garganta.
Durante el camino de regreso había intentado convencerse de que debía dejar atrás lo sucedido, pero al encontrarse nuevamente con las personas que le importaban, comprendió cuánto le había afectado.
Aun así, no quería preocuparlos.
—De verdad, estoy bien —murmuró, acariciando el cabello de Daniel—. Solamente fue un día difícil.
Daniel lo miró con preocupación, pero decidió no insistir.
—Entonces hoy vas a descansar. Yo me encargaré de que comas algo.
—¿Ahora también vas a darme órdenes?
—¡Sí! Alguien tiene que hacerlo, porque tú nunca te cuidas.
Adrian soltó una risita y Darian finalmente sonrió un poco más sinceramente.
—Está bien, está bien. Haré lo que diga el señor Daniel.
—¡Más te vale!
Los tres permanecieron abrazados unos instantes, hasta que Daniel recordó algo y miró hacia la habitación médica.
—Por cierto, ¿qué hace ese bebé ahí dentro? Lo vi cuando Iván pasó por el pasillo.
La sonrisa de Darian desapareció lentamente.
Adrian también dirigió la mirada hacia la ventana.
—¿Encontraron a un niño?
Darian bajó los brazos y observó al pequeño Mateo, que seguía dormido sobre la camilla.
—Sí. Lo encontramos en un apartamento de la ciudad.
Daniel esperó a que continuara, pero su hermano guardó silencio.
—¿Y sus padres? —preguntó Adrian con cautela.
Darian apretó ligeramente los puños.
—Su madre… ya no está con él.
Adrian dejó de sonreír y miró al bebé con tristeza.
Daniel comprendió que detrás de aquellas pocas palabras había ocurrido algo que su hermano todavía no podía contar.
Por eso, en lugar de hacer más preguntas, volvió a abrazarlo.
—Ya regresaste, Darian. Ahora estás aquí con nosotros.
Adrian también tomó suavemente su mano.
Darian cerró los ojos por un instante y correspondió al abrazo de ambos.
Por primera vez desde que habían salido de la ciudad, sintió que podía respirar un poco más tranquilo.
Aunque el recuerdo de aquella mujer seguía persiguiéndolo, al menos ya no estaba solo.