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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:837
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Botas prestadas

me regaló botas. No botas normales. Botas rosadas con flores amarillas pintadas a mano. De goma, altas hasta rodilla, con suela gruesa que suena clac clac en barro.

Me las dio el domingo en mañana. Llegó en camioneta verde, bajó con caja de cartón.

Toma, dijo. Te las compré en feria . Eran últimas.

¿Para mí? Dije.

Sí. Porque andas con zapatillas blancas de Milán que se te van a hacer bolsa con barro. Y porque te ves ridículo con zapatillas blancas en campo.

Miré botas. Eran rosadas. Rosado fuerte. Con flores amarillas que parecían hechas por niña de básica pero con cariño.

¿Rosadas? Dije.

Sí. Rosadas. ¿qué tiene? Dijo 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 como si me estuviera retando. Rosado es color. Y además son impermeables. Y con flores. Te van a dar suerte.

No sabía si me daba risa o vergüenza. En Milán usaba zapatos negros caros, de cuero italiano, que dolían pero se veían bonitos. Nunca usé botas rosadas con flores.

Póntelas, dijo Sofía. Ahora. Para que las estrenes.

Me saqué zapatillas blancas que ya estaban cafés por barro y me puse botas. Me quedaron un poco grandes pero con dos calcetines quedaban bien.

Me paré. Clac clac sonó suelo de madera.

Me veo ridículo, dije.

Te ves hermoso, dijo Sofía. Te ves como modelo de campo. Como modelo de barro.

Tomás salió de su casa porque escuchó clac clac. Me vio. Se quedó mirando mis botas.

¿Y esas? Dijo.

Me las regaló 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】, dije levantando un pie como si fuera pasarela. ¿qué tal?

Tomás se rió. Pero no risa mala. Risa buena.

Te quedan bien, dijo. Se te ven bonitas.

¿Bonitas? ¿Rosadas con flores amarillas?

Sí. Bonitas. Te combinan con abrigo de barro.

Sofía aplaudió.

¡Viste! Dijo. Si Tomás dice que se te ven bonitas es porque se te ven bonitas. Él nunca dice mentiras para hacerte sentir bien. Si te dice que se te ven bonitas es porque se te ven bonitas de verdad.

Me miré al espejo chico de mi abuela que estaba trizado. Botas rosadas con flores, abrigo de barro con lana morada, pelo largo sin cortar, cara sin afeitar hace tres días.

Me veía raro. Pero no feo. Raro lindo. Como si fuera otro Noah. No Noah de Milán flaco con ropa cara. Noah de campo con botas rosadas.

¿Tengo que usarlas siempre? Pregunté.

Sí, dijo Sofía. Siempre que llueva. Y llueve siempre. Así que siempre.

Esa tarde tuve que ir a comprar pan a lo de Marta. Marta queda a diez minutos caminando por camino de tierra que cuando llueve se hace barro hasta tobillo.

Me puse botas rosadas. Obvio. No iba a ponerme zapatillas blancas que ya eran cafés.

Salí. Clac clac clac por camino. Con abrigo de barro. Con botas rosadas con flores.

La gente me miraba. Pasaba señora con bolsa y me miraba botas. Pasaba niño en bici y se reía pero no risa mala, risa de qué lindas botas.

Llegué a lo de Marta. Marta vende pan y además vende de todo un poco y además sabe todo de todos.

Entré. Marta me miró de arriba a abajo.

¿Y esas botas? Dijo.

Me las regaló 【entity-【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】¦canonical_name\=【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】】, dije.

¿Rosadas con flores? Dijo Marta como si no pudiera creer.

Sí. Son impermeables.

Marta se acercó, miró flores de cerca.

Están bonitas, dijo al final. ¿dónde las compró 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】?

En Temuco, dije.

¿Y no había azules? Preguntó.

Había rosadas nomás. Últimas.

Marta asintió. Me pasó pan.

¿Y Tomás qué dijo? Preguntó bajito como chisme.

Dijo que se me ven bonitas, dije.

Ah, dijo Marta con cara de ya sabía. Si Tomás dice que se te ven bonitas es porque le gustas.

Me puse rojo. Rojo como botas pero más fuerte.

Marta, dije, son botas nomás.

Botas nomás, repitió Marta riendo. Claro. Botas nomás. Y yo soy modelo de Milán.

Me fui con pan bajo brazo, con botas clac clac de vuelta. Ahora más gente me miraba. Don Ciro de radio vieja me gritó desde su casa:

¡Lindas botas, modelo!

¡Gracias! Grité de vuelta. Ya no me daba vergüenza.

Llegué a casa. Tomás estaba en mi corredor esperándome con dos tazas de café.

¿Compraste pan? Preguntó.

Sí, dije levantando pan.

¿Y qué dijo Marta de botas?

Dijo que son bonitas y que si tú dices que son bonitas es porque te gusto.

Tomás se puso rojo. Rojo como tomate.

Marta habla mucho, dijo.

¿Y es verdad? Pregunté. ¿te gusto con botas rosadas?

Me gustas con botas rosadas, sin botas rosadas, con zapatillas blancas cafés, con abrigo de barro, con cara manchada con tomate, dijo Tomás rápido como si hubiera ensayado.

Me quedé callado. Con pan en mano, con botas rosadas con flores, con café en otra mano.

¿Me lo dices de verdad o porque Marta dijo? Pregunté.

De verdad, dijo. Desde antes de botas. Pero con botas más. Porque te atreves a usar rosado con flores en pueblo donde todos usan negro y verde.

Me senté en suelo de corredor con botas puestas. Tomás se sentó al lado.

¿Sabes? Dije. En Milán nunca hubiera usado rosado con flores. Me hubieran dicho que no es masculino, que no es fashion, que no sé qué.

¿Y acá? Dijo Tomás.

Acá me dicen lindas botas, modelo. Y me gusta más.

Tomás me tomó mano. Con bota rosada y todo.

¿Te las vas a sacar para dormir? Preguntó.

No, dije. Me las dejo puestas. Por si llueve en noche.

Se rió. Nos tomamos café con pan de Marta, con botas rosadas puestas, con clac clac cada vez que movíamos pies.

Esa noche dormí con botas al lado de cama. No puestas, pero al lado. Para verlas al despertar.

Y soñé que desfilaba en Milán con botas rosadas con flores amarillas y que todos aplaudían y que Armani decía bravo, finalmente entendiste que moda es usar lo que te hace feliz aunque sea rosado con flores.

Desperté y botas seguían ahí. Rosadas. Con flores. Impermeables. Regalo de Sofía que me conocía más que yo.

Me las puse de nuevo. Clac clac al baño, clac clac a cocina, clac clac a invernadero.

Y ese día Tomás me dijo de nuevo que se me veían bonitas.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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