Uno, al enamorarse, cree que será fácil y será correspondido con el tiempo, pero nadie te dice que puede ser la persona más cruel de quien quieres que te enamores, o la equivocada. ❤️
Y así es como casi le pasó a Alison, quien sin darse cuenta...
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La excusa y la mano que se aleja.
Caminamos unos pasos lejos, Belén y Átlas, y veo cómo Lizbeth se acerca a mí, abre los labios y me dice con claridad:
—Mark quiere verse contigo.
Volteo el rostro de golpe y miro hacia donde está él: Mark se queda quieto, esperando a su lado, con la postura tensa y la mirada puesta en mí. Bajo la cabeza de inmediato, invadida por una incomodidad que me recorre entera; mi rostro se pone rígido: cejas juntas y bajas, mirada que no logra sostener la suya y labios apretados hasta ponerse pálidos. Desvío la vista hacia el suelo, molesta y confundida.
Ni siquiera lo conozco —pienso, con el corazón acelerado—. No sé si es valiente o simplemente estúpido de su parte decir eso; nunca antes lo vi en mi vida, no sé nada de él.
Muevo la cabeza en un gesto firme de negación, busco la excusa más sencilla y creíble que se me ocurre, abro los labios y le respondo:
—Estoy engripada y no puedo.
Siento como si todos los que están cerca se hubieran detenido a mirarme, como si esperaran con ansia saber qué iba a decir, como si estuvieran esperando que eso sucediera esa misma noche; me siento pequeña y muy incómoda ante tanta expectativa puesta en mí.
Lizbeth me mira un momento sin hablar: tenía las cejas ligeramente levantadas, los ojos bien abiertos, brillantes, fijos y muy atentos, y la boca entreabierta, como si estuviera esperando que agregara algo más, queriendo entender qué pasaba realmente.
Subo la cabeza lentamente y la miro a los ojos con calma, notando su curiosidad; abro los labios y le digo con voz serena:
—No sucede nada más.
Al ver que no voy a agregar nada más, ella asiente despacio, se da la vuelta y camina hacia Mark. Él la mira con interrogación mientras se acerca, y ella abre los labios para decirle directamente:
—Ella no quiere verse con vos.
Dejo de mirarlos y recorro el lugar con la vista buscando a mi hermana; la encuentro a unos metros, hablando con Átlas. Él tiene las cejas relajadas, la mirada atenta y suave, fija en ella sin apartarse ni un instante, y una media sonrisa tranquila que le ilumina todo el rostro.
Veo cómo la sonrisa de Jonás le transforma el semblante entero: los ojos se entrecerraron levemente, dibujando pequeñas arrugas en las esquinas y ganando un brillo cálido y vivo; las comisuras de los labios se alzaron con gracia, apenas mostrando dientes finos y blancos; las mejillas se le redondearon un poco, la frente quedó totalmente relajada y su expresión se volvió abierta, amable y encantadora.
Por lo que alcanzo a escuchar de lo que él le dice, entiendo que se consideran amigos. Él mantenía la mirada clara y puesta solo en ella, parpadeando despacio, con los labios apenas entreabiertos y una atención absoluta a cada uno de sus gestos y palabras.
Estaba parado con la cabeza un poco baja y las manos metidas en los bolsillos; en un momento las sacó despacio. Su brazo y mano izquierdos quedaron al lado del cuerpo, igual que el derecho. Parpadeó unos segundos y luego empezó a hablarle con un tono más suave, acercándose poco a poco: se notaba que le coqueteaba, que parecía muy interesado en ella.
Jonás cree que solo le está hablando como un amigo más, pero yo veo claramente que no es así: se nota mucho que le gusta. Lo observo cuando sube la mano con lentitud e intenta tomar la de ella entre las suyas, logrando tenerla unos instantes antes de que ella reaccione.
Ella retira la mano rápidamente, sorprendida e incómoda por ese acercamiento que no esperaba.
Se le notó de inmediato la molestia en todo el rostro: frunció levemente el ceño y juntó las cejas, mientras su mirada se volvía inquieta y evasiva; apretó los labios con fuerza hasta que se pusieron blancos, tenía la mandíbula tensa y, de vez en cuando, esbozaba una sonrisa forzada que no llegaba en absoluto a sus ojos. Todo su semblante se puso rígido, como si quisiera alejar con la mirada lo que acababa de pasar. Intentó disimular lo mejor que pudo, volviendo a mirarlo como si él nunca hubiera intentado tocarla.
Busco con la vista a Miguel y lo encuentro parado un poco más allá, pensando en otra cosa, sin darse cuenta de nada de lo que acaba de pasar entre su amigo y mi hermana. Él sonreía feliz al lado de Matías, quien acababa de decirle algo que le había gustado mucho.
Veo cómo su rostro se iluminó por completo: ojos brillantes y alegres, con arrugas suaves en las esquinas, mejillas elevadas y una sonrisa amplia y serena que le llegaba a la mirada.
Volteo a mirar a Matías: tenía los ojos brillantes y vivos, se entrecerraban levemente y formaban pequeñas líneas en las puntas; las mejillas se le alzaron y redondearon de la risa, y los labios relajados mostraban los dientes con total naturalidad.
Yo, en cambio, me quedo quieta con el rostro endurecido: cejas fruncidas y bajas, mirada fija y penetrante hacia donde está Átlas, narinas dilatadas y labios apretados con fuerza. Toda mi expresión gritaba ira.
Estaba muy enojada: ¿cómo era posible que Miguel no se diera cuenta de la clase de amigo que tenía? ¿Cómo no veía lo que intentaba hacer? Dejo de mirarlos y vuelvo a buscar a Jonás: ella sigue visiblemente incómoda, se aleja despacio de Átlas y camina hasta donde está Lizbeth, buscando refugio en su amiga.
^^^Continuará❤️...^^^