Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Vesta 2
El tiempo siguió avanzando.
Y, por primera vez desde que había llegado a aquel mundo...
Sarah sintió que realmente estaba construyendo una vida propia.
No la vida de la protagonista de una novela.
Sino la suya.
Cuando cumplió diecisiete años...
Los duques Ivanov organizaron un pequeño banquete familiar.
No era una celebración ostentosa.
Solo invitaron a unas cuantas familias nobles cercanas.
Los salones fueron decorados con flores blancas y doradas.
La música sonaba suavemente.
Y Sarah saludaba con elegancia a cada invitado.
Sin embargo...
Cada cierto tiempo dirigía una discreta mirada hacia la entrada principal.
[Espero que haya resultado...]
El mayordomo seguía anunciando invitados.
Pero...
Ningún Smith.
Esperó unos minutos más.
Nada.
Miró nuevamente la lista de invitados.
[¿De verdad funcionó...?]
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
[¡No vino!]
Intentó mantener la compostura.
Pero por dentro estaba celebrándolo.
[¡Qué bien!]
El dia que se enviaron las invitaciones para el banquete, Sarah habia roto la invitación para la mansión Smith.
Aun asi, no estaba segura que hubiese funcionado porque el mayordomo a veces revisaba varias veces la lista para asegurarse que no faltara nada.
[¡Resultó]
No tendría que soportar conversaciones sobre espadas.
Ni caballos.
Ni entrenamientos.
Ni sonrisas interesadas.
Podría disfrutar tranquilamente de su cumpleaños.
Y así fue.
Conversó con algunos comerciantes invitados por el duque.
Escuchó a un viejo profesor hablar sobre nuevas leyes comerciales.
Incluso pasó casi una hora conversando con una anciana condesa acerca de la administración de hospicios.
Aquello le resultó infinitamente más entretenido.
Mientras tanto...
Sienna no compartía el mismo ánimo.
Aquella mañana había cometido un grave error.
Había entrado al guardarropa de Sarah.
Y, creyendo que nadie la descubriría...
Se puso uno de sus vestidos nuevos.
Quería lucir especialmente elegante por si Archibald aparecía.
[No importa si me descubren, pero necesito que Archi me vea hermosa esta noche]
Pero una doncella la encontró justo cuando intentaba devolvérselo al armario.
El asunto llegó rápidamente a oídos de la duquesa.
—Sienna.
La voz de la mujer fue serena.
Pero firme.
—Ese vestido pertenece a Sarah.
La joven bajó inmediatamente la cabeza.
—Solo quería verlo...
La duquesa negó lentamente.
—Entraste sin permiso.
—Y además lo usaste.
Como consecuencia...
Durante todo el banquete Sienna permaneció ayudando en las cocinas.
Sin participar en la recepción.
Sin acercarse a los invitados.
Y, para su enorme desgracia...
Archibald nunca apareció.
Así que ni siquiera habría valido la pena.
Sarah, al enterarse del castigo, solo comentó con tranquilidad..
—Espero que prima haya aprendido que pedir permiso siempre es mejor.
Y volvió a disfrutar de su pastel de cumpleaños.
Unos días después...
Sarah regresó nuevamente al ducado Reed.
Apenas descendió del carruaje...
Vesta prácticamente salió corriendo a recibirla.
—¡Sarah!
—¡Vesta!
Las dos se abrazaron con naturalidad.
Se hablaban con confianza y cercania, porque su amistad habia crecido con el tiempo.
Como viejas amigas.
—Tengo muchísimas cosas que contarte.
—Yo también.
Entraron riendo a la mansión.
Y apenas estuvieron sentadas...
Los planos volvieron a aparecer sobre la mesa.
Vesta señaló emocionada varios dibujos.
—Ya comenzaron las obras de la primera escuela.
Sarah sonrió.
—Eso es maravilloso.
—Estoy muy feliz.
Vesta parecía una niña mostrando un tesoro.
—Los salones serán amplios.
—También habrá una pequeña biblioteca.
Sarah observó los planos.
—¿Y después construirás otra escuela?
Preguntó con curiosidad.
Vesta respondió sin dudar.
—Probablemente.
Sarah sonrió.
—¿Y después?
—Otra más.
Sarah soltó una pequeña risa.
—¿Piensas educar a todo el reino?
Vesta levantó orgullosamente el mentón.
—Ese es el plan.
Ambas comenzaron a reír.
Sin embargo...
En medio de aquella conversación...
Algo cambió.
Vesta dejó de sonreír.
Parpadeó.
Una vez.
Luego otra.
Su mirada perdió el enfoque.
Sarah dejó inmediatamente la taza sobre la mesa.
—¿Vesta?
La joven duquesa llevó una mano a la frente.
Todo parecía girar.
Las voces comenzaron a escucharse lejanas.
Intentó responder.
Pero los labios apenas se movieron.
La habitación dio una vuelta completa.
Y después...
Oscuridad.
Su cuerpo cayó hacia un lado.
Sarah reaccionó por puro instinto.
—¡Vesta!
Se levantó tan rápido que la silla cayó hacia atrás.
Alcanzó a sujetar a la duquesa antes de que golpeara el suelo.
Pero el movimiento fue demasiado brusco.
Uno de los pequeños muebles auxiliares perdió el equilibrio.
Cayó pesadamente.
Y golpeó directamente el hombro y el brazo izquierdo de Sarah.
El impacto fue seco.
Un dolor intenso recorrió todo su brazo.
Ella hizo una mueca.
Pero no soltó a Vesta.
La sostuvo con todas sus fuerzas.
Hasta dejarla cuidadosamente sobre la alfombra.
—¡Vesta!
No respondía.
Sarah sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¡Alguien!
Una doncella que pasaba por el pasillo escuchó el ruido.
Al entrar...
Soltó un grito.
—¡¡La duquesa!!
La mansión entera pareció despertar.
Pasos.
Voces.
Puertas abriéndose.
Y apenas unos segundos después...
La puerta del salón prácticamente se abrió de un golpe.
Joel Reed apareció.
El temido duque Reed.
Alto.
Imponente.
Con una expresión que bastó para helar el ambiente.
Lo primero que vio...
Fue a su esposa inmóvil.
Y a Sarah inclinada sobre ella.
El tiempo pareció detenerse.
Durante un único instante...
El miedo se convirtió en otra cosa.
Furia.
Una furia tan intensa...
Que incluso el aire pareció volverse más pesado.
Sarah sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Los ojos oscuros del duque se clavaron sobre ella.
Y, casi por reflejo...
La mano de Joel descendió hasta la empuñadura de su espada.
Sarah contuvo el aliento.
[Ahora entiendo...]
[Ahora entiendo por qué todo el reino le tiene miedo.]
Jamás había visto una mirada semejante.
No era un hombre gritando.
No era alguien fuera de control.
Era mucho peor.
Era alguien que parecía completamente dispuesto a matar si eso significaba proteger a la persona que amaba.
Entonces...
Una voz rompió aquella tensión.
—¡Su excelencia!
Era la doncella.
Estaba completamente agitada.
—¡Lady Ivanov la sostuvo!
Joel no apartó la vista de su esposa.
La joven continuó hablando atropelladamente.
—¡La duquesa se desmayó! ¡Lady Ivanov evitó que golpeara el suelo! ¡El mueble cayó encima de ella!
El silencio volvió.
Joel permaneció inmóvil.
La mano seguía sobre la espada.
Pero...
La razón comenzó a abrirse paso.
Observó nuevamente la escena.
Sarah estaba sujetándose el brazo.
Vesta no tenía ningún golpe visible.
El mueble seguía volcado.
Y la doncella temblaba mientras hablaba.
Muy lentamente...
Joel retiró la mano de la empuñadura.
Se acercó sin pronunciar una sola palabra.
Se arrodilló.
Tomó cuidadosamente a Vesta entre sus brazos.
Como si fuera lo más frágil del mundo.
Después habló.
—Llamen al doctor.
Su voz volvió a ser firme.
Controlada.
Pero todos alcanzaron a percibir la desesperación que ocultaba.
Los sirvientes salieron corriendo.
Joel abandonó la habitación con Vesta en brazos.
Sin mirar atrás.
Sarah permaneció sentada sobre la alfombra.
Sujetándose el brazo dolorido.
Respirando lentamente.
Minutos después...
Sarah era atendida en una habitación cercana.
Otro médico examinaba cuidadosamente el golpe.
—No parece haber fractura.
Dijo mientras palpaba con cuidado.
—Pero tendrá un hematoma considerable.
Sarah asintió.
—Lo imaginaba.
El brazo seguía doliendo.
Pero podía mover los dedos.
Eso ya era un alivio.
Mientras el médico terminaba de colocar un vendaje...
Varias doncellas cuchicheaban cerca de la puerta.
—Qué injusto...
—Lady Ivanov también resultó herida.
—Y su excelencia ni siquiera lo notó.
—Solo tomó a la duquesa y se fue.
Otra negó con la cabeza.
—Después de todo lo que hizo por ella...
Sarah alcanzó a escucharlas.
Y sonrió apenas.
No...
No estaba ofendida.
En absoluto.
Porque si ella hubiera visto a una amiga inconsciente...
También habría corrido primero hacia esa persona.
Y, además...
Recordó aquella expresión que había visto durante apenas un segundo.
La del hombre que creyó que alguien habia atacado a su esposa.
Sarah bajó la vista hacia el vendaje de su brazo.
[No fue indiferencia...]
Sonrió con suavidad.
[Fue miedo.]
Y, curiosamente...
Aquello hizo que el temible duque Reed le pareciera mucho más humano que todas las historias que había escuchado sobre él.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶