Mateo, Elena, Sophia y Liam han heredado el éxito de sus padres y hoy dominan la ciencia, la alta cocina y la moda internacional. Pero el verdadero engranaje del destino estalla cuando los hilos de la infancia se cruzan de forma pasional: los mellizos de ambas familias se enamoran de manera cruzada. Una historia de ambición moderna, lealtad inquebrantable y erotismo explícito donde el amor real se multiplica en la sintonía perfecta de una nueva generación.
Orden de las novelas
- Fuegos Artificiales Invisibles
- frecuencia cruzada: El Legado Del Estéreo
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Lujuria En El Apartamento Milanes
Contenido Explícito +18
La noche del viernes en el apartamento de Milán se transformó rápidamente en otra entrega erótica sumamente explícita, fogosa y agresiva entre Liam y Elena. La adrenalina de haber resistido las semanas de separación geográfica y el orgullo residual de ver el éxito de sus respectivas marcas en París y Milán habían encendido en el gigante de los fogones un apetito sexual sumamente agresivo y hambriento hacia mi hermana, una urgencia carnal que se notaba en la fijeza de sus ojos oscuros mientras la observaba desvestirse bajo la luz azul de la luna que entraba por el gran ventanal del balcón italiano.
Elena se quitó el vestido de lino orgánico con movimientos lentos y calculados de pasarela, quedando completamente desnuda ante su prometido. Su silueta larga de uno con setenta y cuatro de estatura lucía una madurez erótica impresionante; sus senos firmes de puntas turgentes y sus caderas esbeltas eran una provocación insoportable para Liam, cuyo miembro ya se encontraba completamente erecto, macizo y venoso, marcando la tela de sus pantalones elásticos con una rigidez impresionante que le cortaba la respiración.
Se desvestió con prisa salvaje, arrojando su ropa al suelo de la sala, revelando su torso musculoso, velludo y fuerte, y caminó hacia ella con pasos decididos. La tomó por las caderas con sus manos grandes de cocinero y la levantó en vilo de un solo movimiento, sentándola sobre la mesada de mármol blanco de la cocina donde minutos antes habían preparado las trufas. El contacto del mármol frío contra los muslos desnudos de Elena le provocó un escalofrío electrizante que la hizo soltar un jadeo agudo de pura excitación carnal.
Liam se acomodó entre sus piernas, sus labios buscando los de ella en un beso hambriento, húmedo y lleno de saliva que les nubló el juicio por completo. Su mano libre bajó por su vientre liso, deslizándose profundamente entre sus labios menores para encontrar que su intimidad ya estaba completamente empapada, segregando un flujo denso, tibio y pegajoso que delataba su propia excitación continua; las terminales nerviosas de su feminidad estaban hipersensibles por el deseo acumulado, convirtiendo cualquier roce de Liam en una tortura deliciosa.
Introdujo tres de sus dedos de golpe dentro de ella, moviéndolos en un vaivén rápido que la hizo retorcerse sobre el mármol, sus gemidos llenando el silencio del apartamento milanés.
—¡Liam... ya, por favor... mételo de una vez, el mármol está frío pero yo tengo un fuego aquí dentro que me desgarra las entrañas! —suplicó Elena, arqueando las caderas hacia delante para buscar su hombría.
Él no la hizo esperar más. Se acomodó en la entrada de su ranura empapada y, con un empuje implacable, violento y profundo, se hundió por completo en su interior de una sola estocada devastadora que la hizo ver estrellas. El impacto carnal de su grosor masivo llenando cada milímetro de su feminidad fue tan inmenso que Elena soltó un grito de puro éxtasis; sentir cómo su hombría rozaba las paredes internas con una fricción deliciosa la privó de toda cordura matemática.
Liam comenzó a embestirla con un ritmo frenético y despiadado, usando la mesada de mármol como apoyo para marcar un bombeo salvaje que hacía resonar los utensilios de cocina con cada estocada profunda. Sus manos grandes apretaban sus glúteos firmes con fuerza, dejando las marcas de sus dedos en su piel mientras se hundía en ella hasta la base en cada movimiento rítmico. El sonido húmedo de sus zonas íntimas chocando con fuerza, sus jadeos graves en su oído y la forma en que su miembro estiraba sus paredes internas crearon una atmósfera de lujuria pura que la nubló por completo.
Aceleró las estocadas en los últimos minutos, sus movimientos volviéndose cortos y profundos, un bombeo animal que hizo que Elena gritara el nombre de su prometido mientras envolvía sus piernas largas alrededor de su espalda para abrirse por entero a su hombría. El clímax se acumuló en su vientre bajo en una marea de calor insoportable que contrajo sus músculos internos con una fuerza espasmódica increíble, aprisionando su miembro en un calambre de puro placer que la hizo temblar entera. Liam soltó un rugido gutural, asestó tres estocadas brutales que hicieron crujir el metal de los taburetes y se vino dentro de ella, eyaculando chorros abundantes de esperma caliente que inundaron su útero en oleadas ardientes, dejándolos colapsados sobre el mármol en una sintonía carnal perfecta que selló el fin de semana con el pacto erótico más ardiente de sus vidas matrimoniales antes de regresar a sus imperios internacionales.
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