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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16

Capítulo 16: Demasiado cerca

La mansión estaba completamente tranquila.

Akemi había salido.

Kaito y Clara también habían decidido pasar el día fuera.

Por primera vez en mucho tiempo...

Richel y Ren estaban completamente solos.

Richel bajó las escaleras lentamente.

Miró a su alrededor.

—¿Ren?

No hubo respuesta.

—¿Ren?

Silencio.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Perfecto.

Tomó su bolso y caminó hacia el jardín.

---

La piscina estaba completamente vacía.

El agua reflejaba la luz del sol.

Richel dejó la toalla sobre una de las tumbonas.

—Quiero salir a nadar.

Se quitó las sandalias y entró lentamente en el agua.

—Mucho mejor.

Nadó unos minutos.

Finalmente podía relajarse.

Sin reuniones.

Sin trabajo.

Sin amenazas.

Y, sobre todo...

Sin Ren diciéndole que tuviera cuidado cada cinco segundos.

Richel cerró los ojos.

—Esto sí es vida.

Pero no sabía que alguien la estaba observando desde una ventana.

Ren.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Richel...

Bajó las escaleras.

---

Las empleadas estaban trabajando en el pasillo cuando escucharon la voz de Ren.

—¡Richel!

Todas se quedaron quietas.

Una de ellas levantó las cejas.

—Ya empezó.

Otra se acercó discretamente a la ventana.

—¿Qué hizo ahora?

—Está sola en la piscina.

Las dos se miraron.

—Oh, no.

---

Richel salió del agua.

—¿Qué ocurre?

Ren caminó hacia ella.

—¿Por qué estás sola?

Richel parpadeó.

—Porque quería nadar.

—Podrías haberte avisado.

—Ren...

—Después de lo que ocurrió ayer, no puedes simplemente desaparecer.

—No desaparecí.

—No importa.

Richel cruzó los brazos.

—Estaba aquí.

—Exactamente. Sola.

—Sé nadar.

—Lo sé.

—Entonces...

—Eso no significa que no pueda ocurrirte algo.

Richel suspiró.

—Estás exagerando.

Ren frunció el ceño.

—¿Exagerando?

—Sí.

—Intentaron secuestrarte ayer.

Richel quedó callada.

Ren bajó la voz.

—Sentí que te alejabas.

Su expresión se suavizó.

—No sabes lo que fue sentir que podía perderte.

Richel dejó de discutir.

—Ren...

Él se acercó.

—Solo quiero protegerte.

—Lo sé.

—Entonces no vuelvas a hacerlo.

Richel hizo un pequeño puchero.

—Pero quería nadar.

Ren suspiró.

—Puedes nadar.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Sola?

—No.

Richel puso los ojos en blanco.

—Sabía que había una condición.

---

Las empleadas habían escuchado toda la conversación.

Una de ellas suspiró.

—Pobre Richel.

—Está triste.

—Hay que hacer algo.

La otra desapareció unos minutos.

Regresó con un plato.

Galletas.

Y un vaso de leche.

—Esto debería funcionar.

---

Richel estaba sentada junto a la piscina.

Ren había ido a cambiarse.

Ella miraba el agua con expresión seria.

Entonces una empleada apareció.

—Señorita Richel.

—¿Sí?

Le entregó el plato.

—Para usted.

Richel parpadeó.

—¿Galletas?

—Y leche.

—¿Por qué?

La empleada sonrió.

—Porque creemos que necesita sonreír.

Richel soltó una pequeña risa.

—Gracias.

La otra empleada apareció detrás.

—Y no se preocupe.

Richel la miró.

—¿Por qué?

—El señor Ren regaña mucho, pero también se preocupa muchísimo por usted.

Richel sonrió.

—Ya lo sé.

Las dos empleadas se miraron.

—Entonces todo está bien.

Richel tomó una galleta.

—Creo que sí.

---

Mientras tanto...

En otra parte de la ciudad...

Clara y Kaito caminaban juntos.

Todo había comenzado perfectamente.

Hasta que Kaito recibió una llamada.

—Tengo que irme.

Clara frunció el ceño.

—¿Ahora?

—Es importante.

—Siempre dices eso.

Kaito la miró.

—Clara.

—¿Qué?

—No empieces.

Ella se quedó inmóvil.

—¿No empiece qué?

—Solo necesito resolver algo.

—Podrías explicármelo.

—No tengo tiempo.

Clara cruzó los brazos.

—Entonces vete.

Kaito suspiró.

—No quiero discutir.

—Pues ya estamos discutiendo.

Él se quedó callado.

Clara bajó la mirada.

—Desde que somos pareja, siento que quieres decidir todo por mí.

Kaito quedó sorprendido.

—Eso no es cierto.

—Sí lo es.

—Solo intento protegerte.

—¡No necesito que me trates como si fuera incapaz de cuidarme!

Kaito apretó la mandíbula.

—Casi te secuestran.

—Y Richel me salvó.

—Precisamente.

Clara respiró profundamente.

—No quiero que tengas miedo todo el tiempo.

Kaito la miró.

Su expresión cambió.

—No tengo miedo por mí.

Tengo miedo de perderte.

Clara se quedó callada.

Kaito bajó la voz.

—Pero quizá estoy exagerando.

Ella se acercó.

—Solo quiero que confíes en mí.

Kaito asintió.

—Lo intentaré.

Clara sonrió.

—Yo también.

Y la primera pelea terminó con un abrazo.

---

De regreso en la mansión...

Richel seguía comiendo galletas.

Ren regresó.

La encontró sentada junto a la piscina.

—¿Qué estás comiendo?

Richel levantó una galleta.

—Me las dieron las empleadas.

Ren sonrió.

—Te están consintiendo.

—Porque tú me regañaste.

—Porque estabas sola.

—Otra vez.

Ren se sentó a su lado.

—Está bien.

Richel lo miró.

—¿Qué?

—Intentaré no regañarte tanto.

Ella sonrió.

—Gracias.

Ren tomó una galleta.

—Pero tendrás que avisarme cuando quieras salir.

—Trato hecho.

—Y no te alejes demasiado.

—Ren...

—Estoy negociando.

Richel soltó una carcajada.

—Está bien.

---

La tarde comenzó a caer.

Richel se quedó junto a Ren.

Él la observaba en silencio.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Sí.

—Otra vez.

Ren sonrió.

—No puedo evitarlo.

Richel se acercó.

—Entonces tendrás que acostumbrarte.

Ren tomó suavemente su mano.

—Ya estoy acostumbrado.

Hubo unos segundos de silencio.

Después Ren se acercó un poco más.

Richel sintió que su corazón se aceleraba.

—Ren...

—¿Sí?

—¿Qué haces?

—Intentando decirte algo.

—¿Qué?

Él la miró directamente.

—Quiero más que besos.

Richel se quedó completamente quieta.

Ren continuó antes de que ella pudiera responder.

—Pero no quiero apresurarte.

Ella lo miró.

—¿Entonces qué quieres?

—Quiero estar más cerca de ti.

—¿Solo eso?

—Quiero que nuestra relación avance.

Richel sonrió.

—¿Y si yo también quiero eso?

Ren guardó silencio.

Por primera vez parecía nervioso.

—Entonces...

Richel tomó su rostro entre las manos.

—Entonces tendremos que hacerlo a nuestro ritmo.

Ren sonrió.

—Eso me parece bien.

Ella le dio un beso suave.

Cuando se separaron...

Ren la abrazó.

—Definitivamente necesito acostumbrarme a esto.

Richel se rio.

—¿A qué?

—A tenerte tan cerca.

Ella apoyó la cabeza contra su pecho.

—Ya no puedes quejarte.

—Nunca me quejaré.

Y mientras el sol desaparecía detrás de la mansión...

Los dos permanecieron juntos junto a la piscina.

Por una vez...

Sin enemigos.

Sin secretos.

Sin miedo.

Solo ellos.

Aunque ninguno de los dos sabía que aquella tranquilidad no duraría demasiado.

La noche había caído sobre la mansión.

Richel estaba junto a la ventana, mirando las luces de la ciudad.

Ren permanecía detrás de ella.

Durante varios minutos ninguno dijo nada.

Hasta que Richel habló.

—Ren...

—¿Sí?

Ella se giró lentamente.

—No creo poder seguir al ritmo que dijimos.

Ren arqueó una ceja.

—¿Por qué?

Richel se puso ligeramente roja.

—Porque después de verte así...

—¿Así cómo?

—Sin casi ropa.

Ren sonrió.

—¿Te afectó tanto?

—¡No te burles!

Él se acercó.

—No me estoy burlando.

Richel desvió la mirada.

—Solo digo que...

Se quedó callada.

Ren tomó suavemente su mano.

—Si quieres detenernos, nos detenemos.

Ella negó.

—No quiero detenernos.

Ren la miró con atención.

—Entonces dime qué quieres.

Richel respiró profundamente.

—Quiero estar contigo.

Ren sonrió.

—Yo también.

La distancia entre ambos desapareció.

El resto de aquella noche quedó solamente para ellos.

No hubo promesas apresuradas ni palabras innecesarias.

Solo dos personas que, después de todo lo que habían vivido, decidieron dejar de tener miedo.

Y aquella noche...

Richel y Ren se unieron en alma y cuerpo.

---

La mañana llegó lentamente.

La luz del sol entró por las cortinas.

Richel abrió los ojos.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Entonces recordó la noche anterior.

Su rostro se volvió completamente rojo.

—No puede ser...

A su lado, Ren seguía dormido.

Richel lo miró.

—Zorro...

Ren abrió un ojo.

—Buenos días.

—No.

—¿No?

—No me hables.

Ren sonrió.

—¿Por qué?

—Porque estoy avergonzada.

Él soltó una pequeña risa.

—No tienes por qué.

—Tú eres el culpable.

—¿Yo?

—Sí.

Richel se levantó rápidamente.

Tomó una bata y salió de la habitación.

Ren la observó divertido.

—Richel.

—¡No!

—¿A dónde vas?

—A esconderme.

---

Cinco minutos después...

Ren caminaba por la mansión.

—Richel.

Ninguna respuesta.

—Sé que estás aquí.

Silencio.

Ren recorrió el pasillo.

Nada.

Abrió una puerta.

Vacío.

Otra.

Vacío.

Hasta que llegó al vestidor.

Sonrió.

—Te encontré.

Desde el interior del armario se escuchó una pequeña voz.

—No.

Ren abrió la puerta.

Richel estaba escondida entre varias prendas.

—¿Qué haces ahí?

—Huyendo.

—¿De mí?

—Del zorro insaciable.

Ren comenzó a reír.

—¿Insaciable?

Richel cruzó los brazos.

—Sí.

—No sabía que pensabas eso de mí.

—Ahora lo sabes.

Ren se agachó frente al armario.

—Sal.

—No.

—Richel.

—No.

—Te prometo que no voy a molestarte.

Ella entrecerró los ojos.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Richel salió lentamente.

Ren la miró con una sonrisa.

—Aunque debo admitir algo.

—¿Qué?

—Te ves adorable escondida ahí.

Richel le dio un pequeño golpe en el hombro.

—¡No vuelvas a decirlo!

Ren tomó su mano.

—Está bien.

—¿Seguro?

—Sí.

Hubo un pequeño silencio.

Richel levantó la mirada.

—Ren.

—¿Sí?

—Lo de anoche...

Él esperó.

—No me arrepiento.

La sonrisa de Ren desapareció.

Su mirada se volvió mucho más suave.

—Yo tampoco.

Richel apoyó la frente contra su pecho.

—Entonces está bien.

Ren la abrazó.

—Está más que bien.

---

Más tarde, las empleadas encontraron a Richel desayunando.

Una de ellas la observó cuidadosamente.

—Señorita...

Richel levantó la mirada.

—¿Sí?

La mujer sonrió.

—¿Durmió bien?

Richel casi se atragantó con la leche.

—¡Sí!

La empleada miró a su compañera.

Ambas intercambiaron una sonrisa.

Richel se puso roja.

—¡No digan nada!

—No hemos dicho nada.

—Pero están sonriendo.

—Porque estamos felices por usted.

Richel escondió el rostro entre las manos.

Desde el otro lado del comedor...

Ren observaba la escena.

Y sonreía.

Por primera vez en mucho tiempo...

No tenía miedo de su propio corazón.

Porque ahora sabía que Richel no estaba a su lado por obligación.

Ella lo había elegido.

Y eso era mucho más poderoso que cualquier marca.

1
Lariel Flowers
Exelente
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