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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

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Capitulo 18

La noche había caído helada sobre el palacio imperial. En la gran suite del ala privada, la chimenea chispeaba con fuerza intentando calentar el ambiente, pero Aeryn sentía un frío intenso que le calaba los huesos.

Metida en la enorme cama de roble bajo varias mantas pesadas, Aeryn temblaba sin poder controlar los espasmos de su cuerpo. Los seis largos años de consumo constante de supresores de baja calidad en el sur le estaban pasando una factura terrible. Al haber dejado de tomarlos de golpe tras llegar a la capital y al haber estado expuesta de forma continua a la abrumadora presencia de Magnus, su cuerpo había colapsado por completo, desatando una fiebre altísima.

Mara le ponía paños de agua fría en la frente, con el rostro lleno de preocupación.

—Esta fiebre no baja con nada, Aeryn —murmuró Mara mientras le acomodaba con cuidado las mantas sobre los hombros—. El médico del palacio debería ver esto cuanto antes.

—No... —susurró Aeryn con la voz débil y los labios secos por el calor interno—. Si un médico de la corte examina mi cuerpo... sabrá que usé inhibidores ilegales durante años. Se volverá un escándalo político y dirán que no soy apta... No pueden usar eso contra Ian...

En ese momento, las pesadas puertas dobles de la habitación se abrieron de golpe. Magnus entró a la suite. Los guardias del pasillo le habían informado que algo andaba mal en la habitación. Al ver a Aeryn pálida, sudando y temblando en la cama, el Emperador atravesó la estancia a pasos agigantados.

—¿Qué le pasa? —preguntó Magnus con la voz cargada de angustia, haciéndose espacio al lado de la cama.

—Es por las medicinas que tomaba en el sur para esconder su aroma de Omega, Majestad —explicó Mara con tono firme pero triste—. Su cuerpo no resistió más el veneno acumulado de esos químicos al mezclarse con el aire de la capital. Ella no quiere que vengan los médicos de la corte.

Magnus se sentó en el borde de la cama sin dudarlo un solo segundo. Apoyó la palma de su mano sobre la mejilla de Aeryn y sintió cómo la piel de ella quemaba por la fiebre.

—Nadie de la corte vendrá aquí a hurgar en sus asuntos —ordenó Magnus mirando a Mara—. Cierra las puertas y cuida a Ian en la habitación contigua. Yo me quedaré con ella toda la noche.

Mara asintió de inmediato al ver la devoción pura en los ojos del Emperador. Se retiró a la estancia del niño y cerró la puerta con absoluto cuidado.

Aeryn soltó un pequeño gemido de dolor, moviendo la cabeza de un lado a otro sobre la almohada en medio del delirio de la fiebre.

—Magnus... hace mucho frío... —susurró ella sin poder abrir del todo los ojos.

El Alfa no lo pensó dos veces. Se quitó la túnica pesada, se quitó las botas y se metió en la cama junto a ella. Tomó el cuerpo tembloroso de Aeryn entre sus brazos fuertes y la pegó contra su pecho ancho, envolviéndola por completo con su calor natural y con su denso aroma a pino fresco y tormenta.

Para una Omega enferma por el abuso de supresores, la presencia y el contacto físico directo con su Alfa era la medicina más efectiva que podía existir. El aroma de Magnus actuó como un bálsamo reconfortante de inmediato, calmando el desastre químico que recorría la sangre de Aeryn.

—Estoy aquí, Aeryn. Ya estás a salvo —le susurró Magnus al oído con una voz extraordinariamente suave, pasándole los dedos por el cabello húmedo y besándole la frente con infinita paciencia.

Poco a poco, el aroma cálido y envolvente de Magnus empezó a surtir efecto. Aeryn dejó de temblar. Inhaló profundo el olor a menta que salía de la piel del Alfa y buscó pegarse aún más a él, escondiendo la cara en el hueco del cuello del Emperador.

Aeryn abrió los ojos despacio, encontrándose con la mirada fija, roja y llena de preocupación de Magnus sobre ella.

—Te estás quemando por dentro por haberte lastimado con esa porquería todos estos años —dijo Magnus con la voz quebrada por el dolor de verla sufrir—. No vuelvas a tomar esos remedios, Aeryn. Nunca más tendrás que esconder lo que eres frente a mí ni frente a nadie.

—Tenía miedo... —admitió Aeryn con la voz débil, estirando la mano para acariciarle el pecho desnudo—. Tenía mucho miedo de perder mi libertad y a mi hijo.

—Tu libertad está conmigo —respondió Magnus, tomándole la mano y apretándola con fuerza contra su corazón—. Nunca más volverás a estar sola contra el mundo. Te lo prometo.

Durante toda la noche, Magnus no pegó un solo ojo. Se dedicó a cambiar los paños fríos de su frente, a darle pequeños sorbos de agua y a mantenerla apretada contra su cuerpo para que el frío de la fiebre no regresara. Aeryn descansó plácidamente sobre su pecho, escuchando el latido constante de su corazón y sintiendo el calor del hombre que la cuidaba con una dedicación absoluta.

Cuando los primeros rayos del sol empezaron a entrar por las ventanas iluminando las cortinas, la fiebre de Aeryn había cedido por completo. Aeryn despertó sintiéndose liviana, fresca y con el cuerpo lleno de una energía renovada.

Al levantar la vista, vio a Magnus recostado contra la cabecera de la cama, aún abrazándola con firmeza, mirándola con los ojos cansados pero llenos de un amor profundo.

Aeryn sonrió y se incorporó un poco sobre la cama para darle un beso suave y largo en los labios.

—Gracias por cuidarme —dijo ella con voz dulce y sincera.

Magnus sonrió de lado, tomándola de la nuca para besarla otra vez con ganas y pasión, sintiendo con alivio que por fin su Omega estaba fuera de peligro y completamente a salvo a su lado.

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