En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Lila 1
La oscuridad volvió a envolverla.
Pero esta vez no estaba vacía.
De pronto...
Imágenes.
Miles de ellas.
Entraban en su mente una tras otra, como si alguien hubiera abierto las compuertas de un río imposible de detener.
—¡No!
La voz de una niña.
El sonido de un plato rompiéndose.
Un tirón del cabello.
El frío de un invierno sin abrigo.
El hambre.
La soledad.
El miedo.
Su cabeza comenzó a doler.
Era como si estuviera viviendo dos vidas al mismo tiempo.
[Van demasiado rápido...]
[¿Qué está pasando?]
Intentó apartar aquellas escenas, pero era imposible.
Las imágenes seguían apareciendo.
Una pequeña casa de madera casi derrumbada.
Una mujer de aspecto severo levantando la mano una y otra vez.
Una escoba golpeando una espalda infantil.
Un cubo de agua helada arrojado sobre una niña por haberse quedado dormida después de trabajar durante horas.
Una cocina donde apenas había un trozo de pan duro para comer.
No eran recuerdos suyos.
Y, sin embargo...
Podía sentir el dolor.
El hambre.
La tristeza.
Como si ella misma los hubiera vivido.
Entonces comprendió.
Aquella anciana...
No era una desconocida.
Era la mujer que había criado a esa niña.
Criado...
Era una palabra demasiado amable.
La había utilizado como sirvienta desde que tenía memoria.
Golpes por despertar tarde.
Golpes por despertar temprano.
Golpes si rompía algo.
Golpes si no rompía nada.
Nunca existía una razón.
Solo violencia.
Las imágenes continuaron.
Una mujer de sonrisa cálida.
Cabello claro.
Los mismos ojos violetas.
La niña abrazándola.
Aquella era su madre.
El único recuerdo feliz que conservaba.
Pero la escena cambió rápidamente.
La mujer enfermó.
Y pocos meses después murió.
Desde entonces...
La niña quedó completamente sola.
Jamás conoció a su padre.
Ni siquiera sabía quién era.
Nadie quiso hacerse cargo de ella.
Terminó siendo entregada a aquella anciana, quien aceptó criarla únicamente porque necesitaba a alguien que hiciera todos los trabajos de la casa sin recibir un salario.
En ese mundo...
La magia existía.
Era algo tan cotidiano como respirar.
Había personas capaces de controlar los elementos.
Otras podían sanar heridas.
Algunas dominaban la naturaleza.
Su vida se limitaba a sobrevivir un día más.
Las personas del pueblo apenas conocían su verdadero nombre.
Todos la llamaban igual.
—Lila.
No por cariño.
Sino porque sus ojos violetas eran tan inusuales que aquel apodo terminó reemplazando cualquier otra forma de llamarla.
Las imágenes comenzaron a hacerse más lentas.
Hasta detenerse por completo.
El silencio regresó.
Ella abrió lentamente los ojos.
El techo de madera seguía allí.
La habitación antigua.
El olor a leña.
La luz del sol entrando por la ventana.
Permaneció inmóvil durante varios segundos.
[Entonces...]
[No fue un sueño.]
[Morí...]
[Y ahora...]
[Renací.]
No había otra explicación.
Había muerto en un mundo.
Y despertado en otro.
En otra época.
En otra vida.
Llevó una mano hasta su pecho.
Podía sentir los latidos.
Fuertes.
Constantes.
Llenos de vida.
Se incorporó despacio y volvió a observar su pequeño cuerpo.
Era evidente que no debía tener más de doce años.
Sus brazos eran delgados.
Las piernas pequeñas.
Todavía tenía la estatura de una niña.
Había algunos moretones recientes y pequeñas heridas en la piel producto del maltrato.
Pero cuando respiró profundamente...
Se quedó inmóvil.
No había dolor en el pecho.
No había esa presión constante que la acompañó durante los últimos meses de su vida anterior.
No sentía agotamiento.
Ni dificultad para respirar.
Ni aquel peso insoportable que convertía cada movimiento en un esfuerzo.
Su corazón latía con fuerza.
Sus pulmones se llenaban de aire sin dificultad.
Su cuerpo...
Estaba sano.
Muy sano.
Abrió y cerró las manos varias veces.
Estiró los brazos.
Giró lentamente el cuello.
Luego dio unos pequeños pasos por la habitación.
Cada movimiento era ligero.
Natural.
Sin sufrimiento.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
No de tristeza.
Sino de una felicidad tan inesperada que apenas podía contenerla.
[Estoy sana...]
Sus labios temblaron.
[De verdad...]
[Estoy sana.]
En su vida anterior había aprendido a despedirse de todo.
De caminar largas distancias.
De correr.
De respirar sin dolor.
Incluso de soñar con un futuro.
Porque sabía que no lo tendría.
Pero ahora...
Ahora podía sentir cómo el aire llenaba sus pulmones una y otra vez.
Podía mantenerse de pie.
Podía moverse.
Podía vivir.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Era una sonrisa tranquila, cálida y profundamente agradecida.
No le importaba haber despertado en un mundo desconocido.
No le importaba haber renacido en una época extraña.
Ni siquiera le importaba empezar desde cero.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, el futuro no era una cuenta regresiva.
Era un camino.
Uno completamente nuevo.
Acarició con suavidad su pequeño pecho mientras cerraba los ojos unos instantes.
[Gracias...]
[No sé a quién debería darle las gracias...]
[Pero gracias.]
[Esta vez...]
[Quiero vivir.]
[Y también...]
[Quiero que esta niña, que sufrió tanto antes que yo, pueda conocer la felicidad que nunca tuvo.]
Cuando volvió a abrir los ojos, la dulzura que siempre había llevado en el corazón seguía allí.
Solo que ahora estaba acompañada por algo que había perdido mucho tiempo atrás.
Esperanza.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente
estos dos quien dará el primer paso 👌👌👌 no creo q sea a lia o tal vez me equivocoque jejjejej