"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.
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Capítulo 17: Harina, besos robados y un juez muy estricto
El domingo por la mañana en el penthouse no olía a café de cápsula de cinco dólares, sino a determinación. Killian Vane, el hombre que manejaba fondos de inversión de nueve cifras, estaba frente a la isla de mármol de la cocina con un delantal negro y una expresión de concentración absoluta.
—¿Qué estás haciendo, Killian? —preguntó Elara, entrando a la cocina en pijama y con el cabello revuelto. Se detuvo en seco al ver el desastre: harina en el suelo, tres tipos de queso diferentes y un libro de recetas abierto en la página de "Pizza Casera".
—He decidido que la logística de la cena de anoche fue un éxito, pero el sabor del catering fue mediocre —dijo Killian, tratando de romper un huevo con una sola mano y fallando épicamente—. Voy a hacerles pizza. Desde cero. Sin algoritmos.
Evans y Edans aparecieron detrás de su madre, con sus libretas de notas en la mano.
—Análisis preliminar: técnica de ruptura de huevo deficiente —anotó Evans—. Probabilidad de cáscaras en la masa: 85%.
—Nivel de higiene: aceptable, pero el delantal es demasiado caro para ensuciarlo con levadura —añadió Edans—. Señor Iceberg, si fallas en esto, nuestra confianza en tu capacidad de proveer carbohidratos caerá por los suelos.
Killian suspiró, mirando a Elara con una súplica silenciosa en los ojos. Ella se rió, una risa limpia que hizo que Killian se olvidara por un segundo de la harina que tenía en la nariz.
—Está bien, "Chef Vane". Te voy a ayudar, pero solo porque no quiero que los niños terminen con una intoxicación —dijo Elara, acercándose a él.
Se colocó detrás de él para enseñarle cómo amasar. La cercanía era peligrosa. Elara podía sentir el calor del cuerpo de Killian y el aroma de su loción mezclado con el olor a levadura. Sus manos se encontraron sobre la masa pegajosa. Killian se tensó, pero no se alejó; al contrario, se inclinó un poco hacia ella.
—Así que... así se siente el trabajo manual —susurró Killian cerca de su oído, haciendo que a Elara se le erizara la piel.
—Se llama esfuerzo, Killian. Algo que no se compra con acciones en la bolsa —respondió ella, tratando de mantener la voz firme.
—¡Menos charla y más amasado! —gritó Edans desde la mesa, donde los gemelos habían montado un panel de jueces con carteles que decían "Puntaje: 4/10"—. La elasticidad del gluten es clave para una corteza crujiente. ¡Muevan esas manos!
Killian aprovechó que los niños estaban distraídos discutiendo sobre la temperatura del horno para girarse rápidamente. Con un dedo lleno de harina, le manchó la punta de la nariz a Elara.
—¡Killian! —chistó ella, tratando de limpiarse, pero él le tomó las manos.
—Te ves hermosa cuando intentas ser estricta conmigo, Elara —dijo él, con una mirada tan intensa que el horno pareció sobrar para calentar la habitación—. Me gusta esta versión de nosotros. Sin jefes, sin secretarias. Solo... esto.
Elara sintió que el corazón le latía en las orejas. Estaba a punto de decir algo, quizás algo que cambiaría las reglas del juego, cuando un olor a quemado empezó a salir del horno que los niños habían precalentado a máxima potencia "para acelerar el proceso".
—¡Alerta de incendio! —gritó Evans, corriendo con un paño de cocina—. ¡El algoritmo de temperatura falló! ¡Aborten la misión pizza!
Elara y Killian se separaron de un salto, riendo mientras trataban de apagar la alarma de humo. Al final, terminaron sentados en el suelo de la cocina de lujo, comiendo los bordes quemados de una pizza que parecía un mapa deforme, mientras los niños les daban una charla sobre "seguridad industrial".
—Puntaje final: 6/10 —dictaminó Edans, dándole un mordisco a un trozo de queso derretido—. El sabor compensa la falta de técnica. Y el factor "romance de oficina" le suma un punto extra.
Killian miró a Elara, que tenía una mancha de salsa en la mejilla, y supo que no cambiaría ese desastre por la cena más cara de Nueva York. La lentitud de este amor que estaba naciendo le gustaba. Porque cada segundo que pasaba, el "Iceberg" se sentía más como un hombre que finalmente había encontrado su hogar.
debe ser alguien del pasado
o alguien a quien afectaron los gemelos en el pasado 💣
es un viaje de emociones ...
magnífico ,comienzo de esta historia..
Son unos diablillos adorables 👏👏