Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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Grietas en la Armadura
La tormenta cesó al amanecer, dejando tras de sí un frío seco y cortante sobre Moscú
Yuri despertó temprano, insomne, con la cabeza llena de pensamientos enredados tras la escena en la cocina
Se vistió rápido con unos jeans ajustados y un suéter negro, decidido a no quedarse encerrado un minuto más
Al salir al pasillo, se sorprendió al ver la luz del despacho de Dmitry apagada
En la isla de la cocina no había café preparado ni rastros del magnate
Todo estaba en un silencio sepulcral
Yuri se acercó a la puerta del despacho y la encontró entreabierta
Asomó la cabeza con precaución
Dmitry estaba sentado en el sillón de cuero detrás de su escritorio, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados
Tenía la camisa desabotonada en el cuello, la corbata floja y una mano presionando firmemente su abdomen
Una mueca de dolor contenida marcaba sus facciones
Yuri frunció el ceño y entró sin hacer ruido
—¿Sokolov? —llamó, deteniéndose frente al escritorio
Dmitry abrió los ojos de golpe
Su mirada, siempre afilada, lucía empañada por el cansancio y el malestar
Se incorporó con lentitud, apretando la mandíbula
—¿Qué haces aquí, Romanov? Te he dicho mil veces que no entres a mi oficina sin llamar
—Estaba abierto —replicó Yuri, cruzándose de brazos mientras lo examinaba con atención
—Estás pálido. ¿Qué te pasa?
—Nada que te importe —dijo Dmitry con voz rasposa, intentando alcanzar un vaso de agua sobre la mesa, pero su mano tembló levemente
Yuri no lo pensó
Rodeó el escritorio a pasos rápidos y le quitó el vaso antes de que lo tirara
—No me salgas con tu actitud de hombre de hierro. Estás ardiendo en fiebre
—Estoy perfectamente. Sal de aquí —ordenó Dmitry, tratando de ponerse de pie, pero un mareo repentino lo hizo volver a caer sobre el asiento con un pesado suspiro
Yuri apoyó la palma de la mano directamente en la frente de Dmitry
El contacto fue tan cálido que le quemó la piel
Dmitry se tensó al instante por el atrevimiento, pero no tuvo fuerzas para apartarlo
—Estás hirviendo —dijo Yuri, con una mezcla de enojo y preocupación incontenible
—Llevas días sin dormir, comiendo nada y trabajando hasta el colapso
¿Esa es tu famosa disciplina?
Dmitry atrapó la muñeca de Yuri con los dedos, aunque esta vez su agarre no tenía la fuerza habitual
—No necesito un enfermero, Yuri
Vete a tus clases
—No me voy a ir a ningún lado mientras parezcas un cadáver en medio de la oficina —soltó Yuri, zafándose de su agarre con firmeza pero sin brusqueda
—Muévete Te vas a la cama
Dmitry lo miró con incredulidad, pero el agotamiento físico venció a su orgullo
Con la ayuda renuente de Yuri apoyando su hombro como soporte, se puso de pie y caminaron despacio por el pasillo hasta la habitación principal
Era la primera vez que Yuri cruzaba el umbral del dormitorio de Dmitry un espacio enorme, minimalista, en tonos grises y oscuros, impecable y frío
Yuri lo ayudó a sentarse en el borde de la cama matrimonial
Dmitry se dejó caer de espaldas contra la cabecera, cerrando los ojos mientras el aire le salía pesado entre los labios
—Hay un botiquín en el baño —murmuró Dmitry sin abrir los ojos
Yuri fue al baño adyacente, tomó el botiquín y un termómetro digital
Al regresar, le entregó el termómetro y un vaso de agua tibia
—Póntelo
Dmitry lo obedeció en silencio, demasiado débil para discutir
Unos segundos después, la señal sonora indicó la temperatura: 39.2 °C
—Definitivamente, eres un idiota —sentenció Yuri, buscando un antipirético en la caja de medicinas
—Toma esto
Dmitry aceptó la pastilla y bebió el agua a tragos lentos
—Borís vendrá al mediodía con un médico —dijo Dmitry con la voz desgastada
—No tienes que quedarte
Yuri se cruzó de brazos, de pie junto a la cama, mirándolo desde arriba
—Llamé a la universidad y avisé que no iría hoy
No voy a dejarte solo para que te desmayes y se rompa el contrato porque tu corazón se detuvo por terco
Dmitry dejó escapar una risa corta y seca, casi inaudible
—Siempre tan encantador, Romanov
—Cállate y duérmete —ordenó Yuri, arrastrando una silla de madera desde el rincón y colocándola a un lado de la cama
Se sentó ahí, apoyando los codos sobre sus rodillas
Dmitry lo observó a través de sus pestañas entreabiertas
La imagen del joven rebelde cuidando de él con la mandíbula apretada y la mirada seria le causaba una sensación extraña e incómoda en el pecho
—¿Por qué haces esto? —preguntó Dmitry en un susurro
—Tienes la oportunidad perfecta para huir o para dejarme tirado
Yuri lo miró fijamente a los ojos
—Porque no soy un monstruo como los hombres con los que haces negocios, Dmitry
Porque, aunque me cueste admitirlo, prefiero tenerte enfrente discutiendo conmigo qué tirado en un sillón sin poder respirar
Dmitry sostuvo su mirada durante varios segundos
La vulnerabilidad de estar postrado frente a Yuri lo exponía más que cualquier confesión, pero en lugar de cerrarse, suspiró y dejó caer la cabeza contra la almohada
—El botón de emergencias está en mi teléfono... si empeoro —murmuró Dmitry, sintiendo que el medicamento y el cansancio acumulado comenzaban a arrastrarlo hacia el sueño
—Lo sé
Ahora cierra la boca y descansa
Poco a poco, la respiración de Dmitry se volvió profunda y regular
Yuri se quedó en la silla, observando cómo las facciones habitualmente duras del magnate se relajaban en el sueño
Sin la máscara de frialdad y control absoluto, Dmitry no parecía una amenaza invencible solo era un hombre llevando un peso demasiado grande sobre los hombros
Yuri extendió la mano despacio, dudando un segundo en el aire, hasta que rozó levemente el cabello oscuro de Dmitry para apartarle un mechón de la frente
La piel seguía tibia, pero la fiebre empezaba a ceder
—Maldito sea el día en que firmé ese papel —susurró Yuri para sí mismo, bajando la mano, pero sin moverse de la silla, dispuesto a quedarse a su lado hasta que la tormenta interna de ambos finalmente terminara
Continuará...