NovelToon NovelToon
Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Negación Absoluta

El silencio en el despacho tenía la densidad del mercurio líquido. Podía cortarse con el filo de un bisturí.

Valeria no perdió el tiempo en fingir sorpresa. En una fracción de segundo, la ejecutiva fría dio paso a la leona territorial: avanzó tres zancadas sobre sus tacones esmeralda y se plantó de espaldas a sus hijos, interponiendo su cuerpo entero entre la imponente figura de Bastian y los tres pequeños querubines.

—Salga de mi despacho privado inmediatamente, señor Thorne —la voz de Valeria no tembló, pero vibró con una ferocidad letal, baja y peligrosa—. La gala es en el piso inferior. El acceso a esta planta está restringido por protocolos de seguridad de Sterling Global.

Bastian no retrocedió ni un milímetro. La miraba desde sus casi metro noventa de estatura con una intensidad que parecía perforar la seda de su vestido. Sus ojos grises, antes fríos y calculadores en la sala de juntas matutina, ahora ardían con un fuego oscuro y turbulento.

—Protocolos de seguridad —repitió Bastian, y su voz arrastrada por un sutil timbre europeo sonó casi burlona, aunque en sus sienes latía una vena con violencia contenida—. Qué fascinante concepto viniendo de una mujer que acaba de albergar en su oficina al clon triplicado de mi propia anatomía.

A Valeria se le secó la garganta, pero su máscara no se quebró. Seis años de preparación mental para un escenario de pesadilla que creyó estadísticamente imposible se activaron en su torrente sanguíneo.

—No sé qué delirio de grandeza lo aqueja después de beber champaña en ayunas, señor Thorne, pero la genética infantil no es una cláusula negociable en nuestros contratos. No vuelva a dirigirse a mis hijos.

—Mamá, no bebió nada —intervino Lucas desde atrás de sus piernas, ajustándose las gafas con una calma exasperante—. Sus reflejos motores no muestran signos de intoxicación etílica. Sin embargo, su presión arterial se elevó drásticamente en cuanto vio la marca de nacimiento de Mateo. Su respiración se aceleró a veintidós inhalaciones por minuto.

Bastian apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de sus mejillas se tensaron como cuerdas de acero. Escuchar a esa versión diminuta de sí mismo diseccionar sus constantes vitales con una precisión quirúrgica fue como recibir un balde de agua helada en la nuca.

Es imposible, se repitió a sí mismo como un mantra desesperado. La mente humana busca patrones donde no los hay. Es una trampa. Una coincidencia genética de una en mil millones. O peor: un montaje corporativo.

Richard Sterling era un zorro viejo de Wall Street. ¿Habría sido capaz la familia Sterling de rastrear el escándalo de Ginebra hace años, conseguir material genético a través de sobornos y preparar una extorsión multimillonaria a largo plazo para atar a Thorne Maritime? En el mundo de Bastian, donde la traición se cotizaba en bolsa, una conspiración corporativa de seis años resultaba mucho más plausible que la absurda casualidad de que su rival de negocios fuera la madre accidental de su estirpe.

—Mamá, dile que no sea pesado —resopló Emma, avanzando un paso para pararse al lado de Valeria con los brazos cruzados y las alitas de plumas rozando la falda de su madre—. Ya le dije que su traje es pasable, pero tiene cara de pocos amigos. Además, aplastó una de mis plumas celestiales con su zapato lustrado. Debería pedir perdón.

Mateo, por su parte, se deslizó por debajo del brazo de Valeria como una anguila, sosteniendo su vaso de plástico con jugo de manzana y la pajita mordisqueada. Miró a Bastian con los ojos muy abiertos, fascinado por la descomunal altura del europeo.

—Oye, señor —dijo Mateo, señalándolo con la pajita goteando—. ¿Tú también sabes saltar desde los sofás sin tocar el suelo? Porque tienes piernas de gigante.

Bastian bajó la vista hacia el niño. El pequeño Mateo estaba tan cerca que Bastian podía ver las pequeñas pecas sobre su nariz y ese remolino rebelde en el cabello exactamente igual al que él mismo intentaba domar cada mañana. Un impulso primitivo, ajeno y aterrador le sacudió el pecho: la tentación casi incontrolable de extender la mano y tocar la cabeza del niño.

Antes de que pudiera procesarlo, las puertas dobles del despacho se abrieron apresuradamente. Una mujer de mediana edad, sin aliento y con el abrigo a medio abrochar, entró tropezando.

—¡Señorita Sterling! ¡Perdóneme, el tráfico en la Quinta era un infierno! —exclamó la señora Miller, deteniéndose en seco al ver el cuadro: el hombre más temido de las navieras europeas, Valeria vestida como una diosa furiosa y tres niños vestidos de ángeles.

—Llegó justo a tiempo, Miller —dijo Valeria, sin quitarle los ojos de encima a Bastian—. Lleve a los niños al ático inmediatamente. Que cenen, se laven los dientes y se vayan a la cama. El señor Thorne y yo estábamos... concluyendo un desacuerdo técnico.

—¡Pero mami, todavía no vi la momia del museo! —protestó Mateo.

—A la cama, Mateo. Ahora.

Mientras la señora Miller comenzaba a reunir apresuradamente las mochilas y los abrigos de los pequeños, Mateo tropezó con la alfombra y chocó de lleno contra la pierna de Bastian. En el impacto, el vaso de plástico con restos de jugo y saliva rodó por el suelo, deteniéndose justo contra la puntera del zapato Oxford del magnate.

—¡Cuidado, Mateo! —reprendió la niñera, jalando al niño con suavidad.

Bastian, con la agilidad felina de quien ha entrenado reflejos durante años, se agachó con el pretexto de no tropezar. Con un movimiento imperceptible de su mano izquierda, envolvió el vaso de plástico en su pañuelo de seda blanca de bolsillo y lo deslizó discretamente dentro del forro de su abrigo de lana. Al mismo tiempo, al levantarse, sintió un ligero roce contra su manga: dos hebras sueltas de cabello castaño que se habían desprendido de la cabeza de Mateo quedaron adheridas a la tela de su solapa. Bastian las atrapó con la yema del pulgar y el índice, ocultándolas en el puño cerrado.

Se puso de pie con una lentitud milimétrica.

—Váyanse, niños —ordenó Valeria en un susurro gélido, vigilando cada fracción de movimiento de Bastian como un halcón.

—Adiós, gigante —se despidió Mateo agitando la mano.

—No olvides sonreír, te saldrán arrugas —le aconsejó Emma con un suspiro dramático mientras salía por la puerta.

Lucas fue el último en salir. Se detuvo en el umbral, miró fijamente a Bastian por encima de sus gafas redondas, y luego miró a su madre.

—La correlación estadística entre sus patrones faciales y los nuestros es superior al noventa y dos por ciento —murmuró el niño para sí mismo, antes de que la señora Miller lo empujara suavemente hacia el pasillo y cerrara las puertas.

El clic de la cerradura resonó como un trueno.

Valeria y Bastian quedaron a solas en la penumbra del inmenso despacho. El calor entre los dos era abrasador, una mezcla combustible de secreto descubierto, desafío intelectual y una tensión física tan cruda que amenazaba con devorar el espacio.

Valeria avanzó dos pasos hacia él, con la barbilla en alto y los labios apretados.

—No sé qué clase de juego sucio cree que está jugando, Thorne, pero si piensa usar a mi familia para desestabilizarme en la negociación de esta noche, le juro por Dios que hundiré su flota entera antes de que sus abogados redacten la primera queja.

Bastian dio un paso hacia ella, acortando la distancia hasta que apenas unos centímetros los separaban. Podía oler su perfume: jazmín, peligro y esa sutil nota dulce de fresa que ahora tenía un significado completamente demoledor.

—Usted me subestima, señorita Sterling —susurró él, bajando la voz a un registro gutural, tan íntimo y cargado de magnetismo que la piel de Valeria se erizó por completo bajo el vestido—. Si esto fuera una maniobra corporativa, ya la tendría acorralada en un tribunal de arbitraje. Pero no creo en los milagros. Y mucho menos en las casualidades de seis años de antigüedad.

—Entonces crea en lo que quiera, pero lárguese de mi vista.

Bastian la miró a los labios por un segundo que pareció una eternidad, antes de regresar a sus ojos castaños llenos de fuego.

—Disfrute de la gala, Valeria —dijo él, usando su nombre de pila por primera vez con una cadencia oscura y posesiva que la dejó momentáneamente sin aire—. Baje a sonreírles a los inversionistas. Yo tengo asuntos de extrema urgencia que atender en mi laboratorio privado.

Dio media vuelta y salió del despacho a paso firme, sin mirar atrás.

En cuanto las puertas se cerraron, Valeria se llevó una mano al pecho. El corazón le martilleaba las costillas con la fuerza de un pistón desbocado. Sabía exactamente qué mirada acababa de ver en Bastian Thorne: no era la de un socio comercial contrariado. Era la mirada de un lobo que acaba de encontrar su rastro en la nieve.

Abajo, en el asiento trasero de su vehículo blindado, Bastian sacó el teléfono satelital y presionó una sola tecla.

—Klaus —la voz de Bastian cortó la línea como un latigazo—. Trae la unidad móvil de análisis genético al ático del hotel ahora mismo. Tengo dos cabellos con raíz y una muestra de epitelio bucal.

—¿Señor? ¿Encontró una pista de la clínica?

Bastian apretó el pañuelo de seda en su bolsillo mientras contemplaba las luces de Manhattan con la frialdad de quien está a punto de desatar una tormenta.

—No encontré una pista, Klaus. Encontré a los tres. Y si ese laboratorio confirma lo que mis propios ojos acaban de ver... la heredera de los Sterling va a descubrir lo que significa haberle robado al hombre equivocado.

1
Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play