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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:24.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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.

—Señor... tenemos un problema grave.

Gustavo soltó un resoplido áspero. Llevaba apenas unos minutos dentro de la empresa y su secretario personal ya lo recibía con esa cara descompuesta.

—¿Qué pasó? —preguntó con firmeza.

El secretario tragó saliva antes de responder.

—Llamaron varios socios de negocios.

—¿Socios? —repitió Gustavo—. ¿Qué problema hay? ¿Por qué se comunicaron?

—Están preguntando por la situación del Grupo Balcázar, ahora que la noticia de la boda cancelada entre la señorita Alena y el joven Renzo Sebastián se regó por todos los medios.

El rostro de Gustavo cambió al instante. Jamás imaginó que la cancelación de la boda de Alena y Renzo tendría semejante repercusión.

—Todo el mundo veía que, en los últimos tiempos, la relación entre el Grupo Balcázar y el Grupo Sebastián se había estrechado cada vez más gracias a ese plan de matrimonio. Ahora temen que la cooperación entre ambas empresas también llegue a su fin.

—Algunos inversores incluso exigen una explicación oficial sobre la posición de nuestra compañía —añadió el secretario.

Antes de que Gustavo pudiera responder, el celular que llevaba en el bolsillo del saco empezó a sonar de repente. En la pantalla apareció el nombre del señor Duarte, uno de sus antiguos socios.

Gustavo atendió de inmediato.

—Hola, señor Duarte.

—Señor Gustavo —la voz al otro lado sonó seria—. Hay algo que quiero confirmar.

—Dígame, señor Duarte.

—¿La cooperación entre el Grupo Balcázar y el Grupo Sebastián sigue en pie después de todo esto?

—Por supuesto.

—¿Está seguro?

Gustavo se quedó callado, incapaz de dar una respuesta, porque de pronto él mismo empezaba a dudar.

—Ayer presenciamos con nuestros propios ojos cómo se cancelaba la boda de los herederos de ambas familias. Con toda franqueza, empezamos a preocuparnos. Buena parte de los grandes proyectos del Grupo Balcázar ha contado con el respaldo financiero y la red de contactos del Grupo Sebastián. Si la relación entre las dos familias se rompe, ¿qué pasará con los proyectos en curso? Tenemos que asegurarnos de que nuestra inversión siga a salvo.

La llamada se cortó de manera unilateral, lo que hizo que Gustavo apretara la mandíbula. Pero antes de que pudiera tomar aire...

Entró otra llamada. Y luego otra. Y otra más. Todas preguntaban lo mismo. ¿El Grupo Sebastián seguiría respaldando al Grupo Balcázar? ¿La cooperación entre ambas empresas se terminaría? ¿El dinero que habían invertido continuaba seguro?

El ambiente de la oficina, ya ajetreado desde la mañana, se volvió tenso. Incluso algunos medios de economía empezaron a apostarse frente al edificio de la empresa a la espera de una declaración oficial.

Gustavo se alejó del vestíbulo con el semblante sombrío, seguido de Selena, que también lucía pálida.

Sin embargo, el caos no terminó ahí.

Cerca de una hora después, el secretario tocó a la puerta del despacho del director general con una cara mucho más alterada.

—¡Señor!

—¿Y ahora qué? —Gustavo levantó la cabeza y clavó la mirada en su secretario con gesto de fastidio.

—El jefe de la División de Operaciones le pide que baje de inmediato a la sala de juntas.

—¿Por qué? ¿Qué más pasó?

—Surgió un problema con el proyecto de construcción del Parque Industrial Altamira.

—¿Qué? ¿Cómo es posible? —Gustavo se puso de pie de un salto—. ¿No es ese el proyecto que se firma esta semana? —preguntó mientras caminaba a paso rápido.

—Así es, señor —respondió el secretario, que corría tras él.

Selena, que justo iba a entrar al despacho de su padre y lo vio salir seguido del secretario, los alcanzó de inmediato por detrás.

—¿Y qué fue lo que pasó?

—El inversor extranjero se niega a firmar el contrato. Encontraron varios puntos que hay que revisar. El problema es... —El secretario se detuvo un instante para recuperar el aliento, entrecortado por la caminata veloz—. Todas las cláusulas negociadas de ese proyecto solo las domina la señorita Alena.

Gustavo frenó en seco y miró al secretario con el ceño fruncido.

—¿Qué quieres decir?

—Todo este tiempo, el cálculo de los costos operativos, la estrategia de eficiencia, el cronograma de distribución de materiales, hasta la cláusula de penalización del contrato, lo elaboró directamente la señorita Alena. Si se cambia uno solo de esos puntos sin sus cálculos, la empresa podría sufrir pérdidas de decenas de millones de dólares.

El rostro de Gustavo empezó a tensarse. De inmediato se volvió hacia Selena.

—Selena.

—¿Sí, papá?

—¿No eras tú la que llevaba ese proyecto todo este tiempo?

Selena asintió con una sonrisa rígida.

—Sí... pero...

—Entonces ven conmigo.

* * *

La sala de juntas principal ya estaba repleta de directores y jefes de división. En cuanto entró Gustavo, todos se pusieron de pie.

—¿Cómo está la situación? —preguntó Gustavo.

El jefe de la División de Operaciones le entregó de inmediato varios documentos.

—Señor, la parte inversora pide cambios en el esquema de distribución y en el calendario de pagos.

—¿Y cuál es el problema? Pues acepten y ya. ¿Qué tiene de difícil?

—No nos atrevemos a tomar la decisión, porque todas las simulaciones de cálculo del proyecto las hizo siempre la señorita Alena. Los archivos están en la empresa, pero las fórmulas de cálculo solo las entiende ella.

La sala quedó de pronto en silencio.

Gustavo volvió a girarse hacia Selena.

—Tú lo manejabas todo este tiempo, así que seguro lo sabes, ¿no?

—Papá... —Selena miró a su padre y tragó saliva. Un sudor frío empezó a empaparle las sienes.

—Explica —ordenó Gustavo con firmeza.

Todas las miradas se posaron ahora en ella.

Con las manos temblorosas, Selena abrió el expediente que tenía delante. Pasó una hoja tras otra. Pero, con cada segundo, su rostro se ponía más pálido. Sus manos temblaban cada vez más.

—¿Selena? —la llamó Gustavo—. ¿Qué esperas? ¡Explica de una vez!

—Yo...

—Explica.

Selena se mordió el labio inferior.

—Todavía no puedo tomar la decisión.

—¿Qué?

—Yo... no he estudiado todos los cálculos de este proyecto.

Gustavo apretó la mandíbula.

—¿No me reportabas siempre los avances de este proyecto? —preguntó con un gruñido contenido. No quería gritarle a su hija delante de todos. Pero, sin darse cuenta, apretó ambos puños con fuerza.

—Sí, papá. —El cuerpo de Selena temblaba al ver la furia de su padre.

—¿Y entonces por qué ahora no sabes nada?

—Es que estuve enferma estos últimos días, papá. —Selena se apresuró a buscar una excusa—. No alcancé a estudiar todos los documentos. Todo este tiempo, Alena se encargaba de la mayor parte de la parte técnica.

Las palabras de Selena hicieron que Gustavo se desplomara en su silla. Igual que varios jefes de división, que se miraron entre sí.

—Disculpe, señor. —Uno de los gerentes senior por fin se atrevió a hablar. Gustavo volteó rápido hacia él.

—Con toda sinceridad... desde el principio fue la señorita Alena quien manejó toda la operación de este proyecto. También fue ella quien negoció con el inversor por videoconferencia casi todas las noches. En cambio, la señorita Selena por lo general solo aparecía en la reunión final o en la presentación.

El rostro de Gustavo se congeló al oír al gerente senior.

Todo este tiempo, lo que él creía era que, de sus dos hijas, la que más aportaba a la empresa era Selena. Jamás imaginó que Alena, a quien siempre había considerado una simple oficinista de escritorio, era en realidad quien mantenía girando toda la maquinaria operativa de la compañía. Mientras que la hija de la que siempre se enorgullecía era incapaz siquiera de tomar una decisión cuando la situación se volvía verdaderamente crítica.

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Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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