Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Alana 3
Sin embargo, había un problema que no desaparecía.
Sus compañeros militares.
Cada vez que Emma regresaba al cuartel, encontraba alguna nueva broma relacionada con su misión.
—¿Cómo se encuentra su alumna, capitana? ¿Ya puede correr sin ayuda?
—¿Ha conseguido enseñarle a sostener una espada? Quizá dentro de unos años pueda defenderse de una mosca particularmente agresiva.
El coronel Ashcombe era todavía más desagradable.
—Debe de ser un trabajo agotador. Después de todo, no cualquiera está capacitado para dirigir a una dama noble.
Emma lo escuchaba en silencio.
No porque aquellos comentarios no la hirieran.
Sino porque había comprendido que discutir con ellos solo les proporcionaba más oportunidades para burlarse.
Un día, mientras revisaba unos documentos, Richard se apoyó contra el marco de su puerta.
—Dígame, Viceroy, ¿el rey ha quedado satisfecho con su trabajo?
Emma continuó escribiendo.
—No he recibido ninguna queja formal.
—Qué alivio. Sería terrible perder su puesto por hacer que una noble se cansara demasiado.
Emma dejó la pluma sobre el escritorio.
Lo miró.
—Capitán Richard, ¿ha terminado su informe sobre las patrullas del sector oriental?
El hombre parpadeó.
—¿Qué?
—Su informe. El que debía entregar ayer.
—Todavía estoy revisando algunos datos.
—Qué curioso. El mayor Hargreaves me informó esta mañana de que usted ya había terminado.
Richard se enderezó.
—Eso no es asunto suyo.
Emma sonrió con una dulzura peligrosa.
—Por supuesto que sí. Usted es responsable de una unidad que comparte rutas de patrulla con la mía. Si sus informes están incompletos, mis soldados podrían recibir información incorrecta. Y, como seguramente recuerda, la información incorrecta puede costar vidas.
Richard enrojeció.
Emma volvió a tomar la pluma.
—Le sugiero que termine su informe, capitán. Sería una lástima que alguien comenzara a cuestionar su capacidad para cumplir con sus responsabilidades.
El hombre se marchó sin responder.
Emma esperó hasta escuchar sus pasos alejándose.
Después apoyó la frente sobre una mano.
[Estoy entrenando a una joven noble, soportando las burlas de mis compañeros y revisando informes ajenos. Mi carrera militar está alcanzando unas alturas extraordinarias.]
Pero, a pesar de sus quejas, seguía acudiendo al palacio cada mañana.
Y seguía preparando las rutinas de Alana con la misma meticulosidad con la que habría organizado una misión de reconocimiento.
Porque, aunque aquella no era la misión que había esperado, no pensaba hacer un trabajo mediocre solo para demostrar que tenía razón al sentirse decepcionada.
A medida que pasaban las semanas, Emma comenzó a notar ciertas cosas.
La primera era que el consejero real preguntaba regularmente por el progreso de Alana.
La segunda era que los instructores de magia parecían tratar a la joven con una consideración especial.
La tercera era que, cada vez que el rey aparecía por el patio, su primera mirada se dirigía a Alana.
Siempre.
Podía haber generales, consejeros y guardias presentes.
Podía estar discutiendo asuntos importantes con sus ministros.
Podía haber llegado al jardín para revisar las defensas mágicas del palacio.
Pero si Alana estaba allí, Draco Sunderland encontraba tiempo para preguntarle cómo se encontraba.
—¿Has descansado?
—Sí, majestad.
—¿Has comido?
—Sí, majestad.
—¿Has terminado tus prácticas mágicas?
—Casi.
—No te quedes hasta tarde.
—Lo intentaré.
Emma había presenciado aquella conversación tantas veces que empezó a reconocer el patrón.
El rey podía parecer frío con el resto del mundo.
Con Alana, sin embargo, tenía una paciencia que resultaba casi desconcertante.
Una mañana, después de que el rey se marchara tras una breve conversación con la joven, Emma se quedó mirándola.
Alana estaba guardando sus cosas, completamente ajena a la expresión pensativa de la capitana.
Emma se acercó.
—Lady Alana.
—¿Sí?
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Por supuesto.
Emma vaciló.
No era una mujer que acostumbrara a sentir curiosidad por los asuntos personales de los demás.
Pero había llegado a una conclusión que necesitaba confirmar.
—¿Su Majestad siempre se preocupa tanto por usted?
Alana parpadeó.
—¿Tanto?
Emma la miró fijamente.
—Lady Alana, ayer el rey interrumpió una reunión para preguntar si había terminado su entrenamiento. Anteayer envió a un guardia para comprobar si había descansado. Y hoy ha venido personalmente a preguntarle si ha desayunado.
Alana abrió ligeramente los ojos.
Después soltó una risita.
—Ah. Es que Su Majestad es muy amable conmigo.
Emma sintió que su alma abandonaba su cuerpo durante un instante.
[¿Amable? ¿Eso es lo que usted llama ser amable? Si el rey me preguntara dos veces si he desayunado, asumiría que estoy a punto de ser interrogada por traición.]
—Ya veo..
Alana sonrió y volvió a guardar sus cosas.
Emma la observó en silencio.
Era hermosa, poseía magia de madera y contaba con la atención personal del rey.
Además, tenía una perseverancia que comenzaba a ganarse el respeto de la capitana.
La conclusión parecía cada vez más evidente.
[Oh, no.]
Emma miró hacia el corredor por el que había desaparecido Draco.
[Oh, no, no, no.]
Volvió a mirar a Alana.
[¿Y si esta mujer termina convirtiéndose en reina?]
La idea le produjo una sensación extraña.
Si Alana llegaba a convertirse en reina de Sunderland, la capitana Viceroy tendría que vivir el resto de su vida recordando que había llamado niña pequeña a la futura soberana.
Peor todavía.
Había comparado su capacidad mágica con un jardín lleno de flores.
Emma se llevó una mano a la frente.
[Excelente. Si lady Alana se convierte en reina, mi carrera militar habrá terminado. No me ejecutarán por traición, por supuesto. Probablemente me asignarán a entrenar a todos los cachorros de la guardia real.]
—¿Capitana?
Emma retiró la mano inmediatamente.
—¿Sí?
—¿Se encuentra bien?
Emma contempló su rostro sonriente.
—Perfectamente, lady Alana.
—Parece preocupada.
—No lo estoy.
—¿Segura?
—Completamente.
Alana inclinó la cabeza.
—Entonces, ¿podemos entrenar mañana?
Emma respiró profundamente.
Miró el cielo.
Después el patio.
Finalmente, a la joven noble que podía convertirse en la mujer más poderosa de Sunderland.
—Por supuesto.. Mañana continuaremos con los ejercicios de resistencia.
—¡Qué bien!
Alana se marchó alegremente.
Emma se quedó sola en el patio.
Durante unos segundos, no hizo absolutamente nada.
Después levantó la mirada hacia el cielo y murmuró..
—Madre, si puedes escucharme desde donde estés, necesito que me concedas paciencia. Muchísima paciencia. Y, si es posible, una oportunidad de volver a dirigir una unidad militar antes de que termine entrenando a toda la familia real.
El viento agitó las hojas de los árboles.
Emma suspiró.
No sabía qué le depararía el futuro.
Tampoco sabía si sus compañeros dejarían alguna vez de burlarse de ella.
Pero sí había comprendido una cosa.
Lady Alana Norton no era una simple asistente.
Y el rey Draco Sunderland estaba mucho más interesado en su bienestar de lo que cualquier soberano debería estar en el de una empleada del palacio.
Emma todavía no sabía si aquello significaba que Alana sería reina algún día.
Pero estaba empezando a sospechar que, si alguna vez alguien se atrevía a hacerle daño a aquella joven, no tendría que enfrentarse únicamente a una capitana del ejército.
Tendría que enfrentarse al mismísimo rey de Sunderland.
Y, francamente, Emma prefería no imaginar cómo terminaría semejante batalla.
Eso quiere decir que ya no serán de Época Antigua???😨😨😨
Yo espero con ansias historias del Reino Mágico donde hay Cambia Formas (disculpr olvide el nombre).